Franco Molina, un policía de la Ciudad de Buenos Aires, apareció muerto con un balazo en la cabeza en su domicilio. Su familia pide que se esclarezca la situación porque creen que fue asesinado por su pareja, también efectiva y compañera de unidad, quien aseguró que se trató de un suicidó.
La noche anterior a su muerte, el efectivo de la Unidad 11 había salido a bailar con su pareja Ángeles. Luego regresaron a la casa de los padres de Molina para buscar la llave de su departamento. Los familiares relataron que estaban discutiendo, por eso quieren que analicen los hechos.
Las pericias de la Policía Federal Argentina determinaron que el hombre se había suicidado. Sin embargo, la madre indicó al personal policial que la novia lo agredía físicamente, que aparecía asiduamente con marcas en el cuerpo y que tenía una relación tóxica.
Al momento de la muerte, la novia le avisó a sus compañeros de trabajo, pero no a su familia. Desde entonces no quiso tener contacto con ellos. La pareja estaba esperando un hijo pero tras los hechos, Ángeles perdió a su hijo. Además, fue separada de la fuerza y tiene licencia psiquiátrica.