La causa por el ataque armado ocurrido en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, que terminó con un alumno de 13 años asesinado y otros dos heridos, continúa avanzando en un marco de estricta confidencialidad debido a que todos los involucrados son menores de edad.
Pese al hermetismo que rige sobre el expediente, autoridades provinciales confirmaron que la investigación ya se encuentra en plena etapa de recolección de pruebas. En ese sentido, el fiscal regional Carlos Vottero detalló que se desplegó un conjunto de diligencias a cargo de peritos y de la Policía de Investigaciones (PDI), con el objetivo de reconstruir con precisión lo ocurrido dentro del establecimiento.
Entre las medidas clave que se esperan en las próximas horas figura la autopsia del estudiante fallecido, un informe central para la causa. Además, los investigadores prevén avanzar con la toma de testimonios a víctimas, compañeros, docentes y personal de la escuela, piezas fundamentales para establecer la secuencia del ataque.
Otro de los puntos relevantes es la situación del agresor, un adolescente de 15 años que ya fue trasladado a la ciudad de Santa Fe. Allí permanece alojado en una institución especializada, a la espera de la audiencia de atribución de cargos. En esa instancia, la Fiscalía formalizará la imputación y se evaluarán eventuales medidas excepcionales, bajo el régimen penal juvenil.
En paralelo, la investigación también pone el foco en el entorno familiar. Está previsto que la madre del menor sea entrevistada en el marco de las actuaciones, mientras mantiene contacto con el Ministerio Público de la Acusación.
Por otra parte, distintas áreas del gobierno provincial trabajan en la elaboración de medidas de resguardo y contención que serán elevadas a la Fiscalía. En caso de ser avaladas, deberán ser analizadas por un juez penal.
Qué reveló la primera pericia del caso
El mismo lunes, a horas del ataques, la investigación ya contaba con datos clave a partir de las pericias realizadas sobre el agresor y la escena del hecho. Según los primeros resultados, el dermotest dio positivo en las manos, el cuello y la cara del atacante, lo que confirmó la presencia de residuos compatibles con el uso de un arma de fuego.
En paralelo, los peritos secuestraron una escopeta calibre 12 junto a dos vainas ya percutadas. Además, en el baño donde se produjo el asesinato del estudiante hallaron más vainas servidas, lo que refuerza la reconstrucción de que parte de los disparos se efectuaron en ese sector.
En ese mismo lugar, los investigadores encontraron un cinturón con cartuchos listos para ser utilizados, una mochila con varios perdigones, un contenedor de municiones, ropa y un buzo que ahora forma parte del análisis.
Uno de los puntos que también se intenta esclarecer es cómo ingresó el arma al establecimiento. Mientras que algunos testimonios iniciales hablaban de un estuche de guitarra, nuevas declaraciones de alumnos indican que el arma habría sido ocultada dentro de un buzo.
Con estos elementos, la Justicia avanza en la reconstrucción precisa de la secuencia del ataque, en un caso que conmocionó a toda la comunidad y que sigue bajo investigación.