Los almanaques que quedaron del año anterior suelen terminar en el tacho sin mucha vuelta. Sin embargo, darles otra vida no solo es posible: también es práctico y hasta divertido. Entre las láminas con fotos, las tapas duras y los espirales metálicos, hay piezas que podés reaprovechar sin gastar.
En casas, escuelas y oficinas abundan los formatos: de pared, de escritorio tipo carpa, encuadernados con ganchos o anillados. Esa variedad abre el juego a distintas soluciones: desde un planificador 2025 pegado sobre las hojas viejas hasta cuadernos chicos para listas, sobres decorativos, marcadores de libros o láminas enmarcadas con las imágenes más lindas.
No todo calendario sirve para todo. Hay papeles muy finos que no resisten témperas o pegamentos, y tapas plastificadas que requieren cinta doble faz o adhesivos específicos. Conviene probar primero en un borde para evitar sorpresas y adaptar los pasos a lo que tengas a mano.