Si tenés cáscaras de papas, no las tires: el truco para darle una vida útil

No solo es un alimento económico y muy versátil, sino que puede aprovecharse hasta el último gramo. Para qué sirve y cómo reutilizarla de manera casera.

Las papas son una de las verduras más usadas en cualquier hogar, ya que son económicas y sirven para muchas recetas diferentes, pero lo que muchas personas ignoran es que también pueden aprovecharse sus cáscaras. Si te sobraron, no las tires, porque podés darles una vida útil.

Un dato poco conocido sobre las cáscaras de papas es que funcionan como un excelente fertilizante natural, ya sea en plantas de interior o de exterior, e incluso para las huertas. Entre otros beneficios, fortalecen las raíces, mejoran la floración, aumentan la vitalidad de las hojas y aportan nutrientes.

Esto se debe a que las cáscaras de papas son ricas en potasio, fósforo, calcio y magnesio, todos minerales esenciales en jardinería, con la ventaja de que no contienen sustancias químicas. Además, aportan vitamina C y antioxidantes que ayudan a enriquecer el suelo de forma natural.

Cáscaras de papa, pelar papas

Cómo hacer el fertilizante con cáscaras de papas

  1. Lavar bien las papas antes de pelarlas para eliminar todos los restos de tierra o químicos.
  2. Poner las cáscaras en un frasco o recipiente, preferentemente de vidrio.
  3. Agregar agua fría hasta cubrir por completo todas las cáscaras.
  4. Dejar reposar entre 24 y 48 horas a temperatura ambiente.
  5. Pasado ese tiempo, colar el líquido.
  6. Guardarlo y usarlo para regar las plantas una vez por semana.

Otra manera de aprovechar las cáscaras de papas es compostarlas. Si ya tenés un recipiente de compost en tu casa, te conviene picarlas o rallarlas antes de añadirlas para que se desintegren más fácilmente. En este caso, es importante usar solo las que estén en buen estado y descartar las que se encuentren germinadas.

Además, las cáscaras de papas también pueden aplicarse directamente sobre las raíces de las plantas. La clave es secarlas al sol durante varios días hasta que estén crujientes, triturarlas con la procesadora de alimentos (o de forma manual) y esparcirlas a unos 5 o 10 cm del tallo.