Desde Contexto. Psi te queremos contar cómo entender el fenómeno del trauma y cómo diferenciarlo de un trastorno de estrés postraumático.
Desde Contexto. Psi te queremos contar cómo entender el fenómeno del trauma y cómo diferenciarlo de un trastorno de estrés postraumático.
En 1920, Sigmund Freud, fundador de la teoría psicoanalítica, propone una teoría del trauma psíquico que revoluciona la forma de pensar el mismo donde el foco de análisis no estaba en el suceso, sino en la capacidad de afrontamiento de quien lo vivió. Es decir, que lo que define particularmente si algo fue o no traumático es la capacidad de afrontar ese evento y no el evento en sí mismo, los mecanismos defensivos que posee la persona.
Por ejemplo, para un bombero presenciar un incendio podría no ser traumático dado que se dedica a eso, pero para otra persona, un evento fuera de lo habitual como es un incendio claramente será un evento que tendrá que procesar.
Si bien en un comienzo la noción de trauma se asociaba más a catástrofes, eventos naturales, epidemias o crisis sociales, porque nadie va a negar que un accidente o un desastre natural produce un trauma. Hoy en día comienzan a tener más atención los traumas de índole emocional e individual, que antes pasaban más inadvertidos. De hecho, la Asociación de Psiquiatría Americana todavía hoy considera como criterio para que se dé un trastorno por estrés postraumático que haya un suceso que implique exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o en forma de amenaza, propias o de alguien muy allegado. Dejando así por fuera situaciones que pueden ser muy traumáticas para una persona, como una separación, una mudanza, una migración, entre otras.
La definición viene del griego y significa “herida”, una herida que es duradera y se tarda en curar. Sabemos que una persona sufrió un evento traumático por sus síntomas: son cicatrices, las pistas de que algo sucedió y no se supo qué hacer con eso.
Si bien en un comienzo la noción de trauma se asociaba más a catástrofes, eventos naturales, epidemias o crisis sociales, hoy en día también hablamos de traumas de índole emocionales, que antes pasaban más inadvertidos, como por ejemplo una separación, una mudanza o una migración.
Cuando el trauma se convierte en un trastorno de estrés postraumático, vemos que quedan secuelas que generan síntomas persistentes, por ejemplo:
Por su misma naturaleza y su complejidad muchas veces nos cuesta procesar algunas cuestiones que pueden no estar tipificadas como algo traumático y necesitamos un espacio para poder ponerle ese nombre, para escucharnos hablar de eso y generar una nueva perspectiva del suceso para elaborarlo y poder continuar con nuestras vidas.
Por suerte, hoy en día hay un montón de tratamientos psicológicos que son muy útiles para superar esta problemática. Asique si sentís que algo de esto te sucede, consultá con profesionales de la salud mental.
*Liza Murlender, MN 70026, psicóloga de Contexto Psi.