La reforma de la Ley de Glaciares fue aprobada en el Congreso. En la madrugada del jueves el oficialismo obtuvo mayoría en Diputados y tras obtener 137 votos a favor, 111 en contra y 3 abstenciones, avanzó con la modificación que ya contaba con la media sanción del Senado. De esta manera, fue girada al Poder Ejecutivo para su promulgación.
La nueva redacción introduce criterios más restrictivos para definir qué debe protegerse y deja mayor margen de decisión en manos de las provincias. La ley vigente desde 2010 garantizaba una protección amplia sobre glaciares y ambientes periglaciares. Con la reforma, ese esquema se reduce: solo quedarán alcanzadas por la tutela estricta aquellas áreas que acrediten una “función hídrica comprobada o relevante”.
El cambio implica, en la práctica, una flexibilización. Zonas que antes estaban resguardadas de manera general podrían quedar habilitadas para actividades productivas, incluidas las extractivas, si no cumplen con ese criterio.
El Ejecutivo defiende la modificación bajo el argumento de ordenar la normativa y reforzar el federalismo ambiental. Sin embargo, especialistas advierten que el nuevo enfoque fragmenta la protección y debilita el principio precautorio.