Primero le dijeron que el dolor en su estómago era por tomar demasiada gaseosa pero el diagnóstico final reveló lo peor: qué tenía

Conocé qué enfermedad le detectaron finalmente y cuáles fueron las señales que anticipaban un cuadro más complejo.

  • Tom Hayman tenía 28 años cuando consultó por dolores de estómago persistentes.

  • Inicialmente le diagnosticaron reflujo ácido vinculado a su consumo excesivo de gaseosas.

  • Los síntomas incluían pérdida de apetito y peso, por lo cual le hicieron estudios posteriores donde detectaron una anomalía en el hígado.

  • Fue diagnosticado con un tumor neuroendocrino avanzado junto con un coágulo sanguíneo en el hígado.

Lo que comenzó como una molestia aparentemente común terminó convirtiéndose en una noticia devastadora. A una paciente le aseguraron en un primer momento que el dolor abdominal que padecía estaba relacionado con el consumo excesivo de gaseosa, una explicación que parecía lógica y sin mayores consecuencias.

Sin embargo, ante la persistencia de los síntomas y la falta de mejoría, decidió buscar nuevas opiniones médicas. Fue entonces cuando estudios más profundos revelaron un diagnóstico completamente distinto y mucho más grave, que cambió por completo el panorama y encendió las alarmas.

Cuál fue el diagnóstico del joven que tenía un dolor de panza intenso

higado

Tom Hayman, de 28 años, acudió al médico tras sufrir dolores abdominales persistentes y recibió como primera explicación que padecía reflujo ácido provocado por un consumo excesivo de gaseosas. Los síntomas habían comenzado en el verano de 2024, con molestias cada vez más intensas, pérdida de apetito y descenso de peso, lo que finalmente lo llevó a buscar atención profesional.

En un primer momento, el especialista minimizó el cuadro y aseguró que no había motivos de alarma. Sin embargo, decidió solicitar estudios adicionales al notar que Tom se mostraba ansioso. Poco después, los resultados revelaron una anomalía en el hígado. Tras evaluaciones más complejas realizadas en Londres, los médicos confirmaron un diagnóstico mucho más grave: un tumor neuroendocrino que ya se había diseminado, además de la presencia de un coágulo en el hígado.

La confirmación llegó en mayo de 2025 y desde entonces la familia inició una intensa búsqueda de alternativas terapéuticas. En el Reino Unido les informaron que no existía una cura disponible, pero lejos de resignarse comenzaron a investigar otras opciones y encontraron en Alemania un tratamiento con células dendríticas.

A pesar del escenario adverso, Tom mantiene una actitud optimista y enfrenta el proceso con serenidad, convencido de que pensar en positivo puede ayudarlo en la lucha contra la enfermedad.