Por qué no hay que lavar las toallas con suavizante

Un hábito común arruina la absorción de las toallas. Con trucos simples, es posible conservarlas suaves y duraderas.

A la hora de lavar las toallas hay un detalle que puede parecer inofensivo pero que puede arruinar por completo su capacidad de secado. Especialistas en limpieza advierten que un hábito muy común en este procedimiento está impidiendo que estas piezas absorban el agua como deberían.

Las toallas, al estar confeccionadas con fibras de algodón muy absorbentes, requieren cuidados diferentes a los de otras prendas. Mantener su textura suave y su capacidad de retención de humedad depende, en gran medida, de cómo se lavan y de los productos que se usan en cada ciclo de lavado.

Aplicar el producto equivocado puede dejarlas agradables al tacto, pero inservibles a la hora de secar. Por eso, conviene conocer los errores más frecuentes y las alternativas recomendadas que permiten prolongar su vida útil y mantenerlas como nuevas.

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Por qué nunca deberías lavar las toallas con suavizante

La especialista Encarnita Herraiz, reconocida por sus consejos de limpieza y organización, explica que el suavizante crea una película encerada sobre los tejidos. Esa capa bloquea los poros de las fibras y les impide absorber el agua. En consecuencia, aunque la toalla quede blanda, pierde su función principal de secar la piel.

Además, Herraiz aconseja lavarlas por separado, ya que al estar tejidas con fibras sueltas, necesitan más agua y detergente que otras prendas. Si se mezclan con ropa más compacta, estas últimas absorben la mayor parte de los productos, provocando un lavado deficiente.

Otro error frecuente es llenar demasiado la lavadora. Las toallas, al mojarse, duplican su peso y dificultan el centrifugado, lo que puede dejar el tejido empapado y hasta dañar el tambor del electrodoméstico. Para evitarlo, conviene dejar espacio libre en el tambor, lo suficiente como para introducir la mano sin esfuerzo.

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También se debe prestar atención a la cantidad de detergente o jabón líquido. Como las toallas retienen gran volumen de agua, un exceso de jabón genera demasiada espuma. La clave es usar poca cantidad y confiar en el programa de lavado para hacer el trabajo.

Respecto a las alternativas al suavizante, la especialista recomienda el uso de medio vaso de amoníaco en el compartimento destinado al suavizante. Este producto facilita el enjuague y deja las fibras más esponjosas. Para quienes prefieran una opción natural, el vinagre de limpieza cumple la misma función, sin dejar olores persistentes luego del secado.

En cuanto al programa de lavado ideal, Herraiz sugiere un ciclo de una hora, a 40 °C y con 800 rpm de centrifugado. Con este método, que incluye regularidad, poco jabón y productos alternativos al suavizante, las toallas mantienen frescura, suavidad y absorción durante más tiempo.