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¿Por qué Buenos Aires no forma parte de Buenos Aires? La cruenta historia de la Capital

El 20 de septiembre de 1880, luego de un año de tensión militar y más de 3.000 muertos en combates, el Congreso Nacional sancionó la ley que separó a la Ciudad de su provincia y puso fin a seis décadas de una disputa que atravesó toda la historia argentina: la cuestión capital.

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  • Buenos Aires no siempre fue una ciudad aparte de su provincia. Durante buena parte del siglo XIX, antes de la avenida General Paz, fue, al mismo tiempo, la capital bonaerense y la sede de hecho del gobierno nacional, una convivencia incómoda y una disputa que se dirimió a los tiros. Este domingo se cumplen 146 años de la ley que resolvió ese conflicto: la federalización, sancionada el 20 de septiembre de 1880 y recordada en la cara oeste del Obelisco.

    Casi un siglo y medio después, los habitantes del Conurbano, aunque autopercibidos bonaerenses, desde afuera son vistos como porteños, una ambigüedad que nace en una diferencia arbitraria que genera descalabros urbanísticos como diferentes tarifas de transporte público.

    La cara oeste del Obelisco recuerda la federalización de Buenos Aires.

    La lucha por la federalización de Buenos Aires

    La llamada "cuestión capital" empezó mucho antes de 1880. El primer intento serio fue en 1826, durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, cuando se sancionó una ley que declaraba a Buenos Aires capital del Estado, bajo control directo del Presidente y el Congreso. La reacción fue inmediata: los porteños no querían nacionalizar la ciudad ni sus rentas aduaneras, y las provincias tampoco veían con buenos ojos ese centralismo. Un tráiler de lo que se vendría en las siguientes décadas. Rivadavia, en tanto, terminó renunciando al año siguiente.

    El tema volvió a la superficie con la Constitución de 1853, que designó a Buenos Aires como capital de la Confederación. Otra vez el rechazo porteño: la provincia no reconoció esa carta magna y se separó, y el gobierno de la Confederación debió instalarse en Paraná. Recién en 1860, tras varios años de ruptura, Buenos Aires se reincorporó al resto del país, aunque a cambio de que se eliminara esa condición de capital del texto constitucional.

    Entre 1862 y 1880 se llegó a una solución intermedia conocida como la "ley de compromiso": Buenos Aires sería, de manera provisoria y a modo de huésped, la sede del gobierno nacional, sin resolver el fondo del asunto. Bartolomé Mitre llegó a vetar un proyecto que trasladaba la capital a Rosario, y Domingo Faustino Sarmiento vetó otras cuatro veces cualquier intento de mudarla a otra ciudad. La convivencia entre autoridades nacionales y provinciales, ambas funcionando en el mismo territorio sin que ninguna tuviera jurisdicción completa, se volvía cada vez más insostenible.

    1880: una disputa resuelta con las armas

    El conflicto llegó a su punto más alto en 1880, en medio de una campaña presidencial explosiva. El gobernador bonaerense Carlos Tejedor, con aspiraciones presidenciales propias, se enfrentó al candidato oficialista Julio Argentino Roca, respaldado por el presidente saliente Nicolás Avellaneda. Cuando el triunfo de Roca se confirmó en las elecciones de abril, Tejedor no lo aceptó y ordenó movilizar milicias armadas en la provincia.

    La Ciudad de Buenos Aires, con recursos nacionales, tuvo un crecimiento dispar respecto a las provincias.

    Avellaneda respondió retirando al gobierno nacional de la ciudad y trasladándolo, de manera transitoria, al entonces pueblo de Belgrano, todavía fuera del ejido porteño. Allí se instalaron el Senado, la Corte Suprema y buena parte de la Cámara de Diputados en el edificio que hoy funciona como Museo Histórico Sarmiento, sobre la calle Cuba.

    El enfrentamiento armado entre las tropas nacionales y las fuerzas provinciales dejó más de 3.000 muertos, en combates librados en Olivera, Puente Alsina, Barracas y los Corrales Viejos. Las tropas de Tejedor fueron derrotadas y, con la mediación de Mitre, se acordó el desarme de la milicia bonaerense y la renuncia del gobernador.

    Ley 1029: Buenos Aires deja Buenos Aires

    Con las armas ya silenciadas, el 24 de agosto de 1880 Avellaneda envió al Congreso el proyecto que declaraba a Buenos Aires Capital de la República, todavía reunido en la sede provisoria de Belgrano. Tras trece sesiones de intensos debates, la Ley 1.029 fue sancionada el 20 de septiembre de 1880 y promulgada meses después, ya con Roca en la presidencia.

    La norma puso al municipio porteño bajo jurisdicción exclusiva del gobierno federal: sus edificios públicos y hasta la deuda externa de la provincia pasaron a manos de la Nación. La Legislatura bonaerense, renovada tras los combates, terminó ratificando la cesión del territorio. A la provincia, ahora sin capital, le quedaba la tarea de construir una nueva ciudad desde cero: nacería así La Plata, cuya sede de gobierno se inauguró recién en 1884.

    La Ciudad de Buenos Aires le dio nombre a la provincia homónima, pero ya no pertenece a ella.

    Siete años más tarde, en 1887, la Ciudad amplió sus límites con la incorporación de los partidos de Flores y Belgrano y una parte de San Martín, con lo que alcanzó el trazado que conserva hasta hoy.

    Con la Constitución de 1994, Buenos Aires siguió siendo capital pero dejó de ser federal: ya no es un territorio federalizado bajo administración del gobierno nacional que se quedaba con sus rentas sino que fue dotada de autogobierno, por lo que comenzó a hablarse de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

    Un edificio que sigue de pie

    El lugar donde se selló la federalización todavía puede visitarse. Se trata del edificio de la ex-Municipalidad de Belgrano, en Cuba 2079, frente a la plaza. Allí funciona hoy como Museo Histórico Sarmiento, que conserva la memoria de aquellas sesiones de 1880, cuando, paradójicamente, el destino de la ciudad se discutió desde afuera de ella.

    El edificio que alberga al Museo Histórico Sarmiento supo ser sede de las autoridades nacionales cuando Belgrano no formaba parte de la Ciudad de Buenos Aires.

    Casi siglo y medio después, esa decisión sigue marcando la vida porteña: es la razón por la que Buenos Aires tiene un estatus propio, distinto al de la provincia que la rodea, y por la que hoy hablamos de "porteños" y "bonaerenses" como dos gentilicios separados por una ley que costó una guerra civil.

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