Murió Ana Lupez, leyenda trans del espectáculo y luchadora por la identidad

La cultura argentina y el colectivo LGBTIQ+ despiden a la mujer trans más longeva del país, quien murió a los 82 años en Mendoza.

La cultura argentina y el colectivo de diversidad despide a Ana López Astargo Chaparro, conocida artísticamente como Ana Lupez, quien falleció en la clínica Santa María de Mendoza a los 82 años.

Era la mujer trans más longeva del país. Sufrió una recaída en su estado de salud que requirió una internación de urgencia y terminó con su fallecimiento en la madrugada del miércoles, según confirmaron desde el colectivo LGBTIQ+.

Cuando le preguntaron si "ser mujer había sido su éxito", Lupez respondió en forma contundente: "Mi gran éxito ha sido ser una luchadora... Estar bien conmigo misma. Sigo siendo feliz y no me arrepiento de nada. Soy artista y no me hice trans para serlo. Es un cambio solamente", aclaró la activista LGBTIQ+.

Lupez nació en Guaymallén y se formó como bailarina, vedette y actriz, con reconocimiento fuera de los escenarios nacionales. Brilló en Buenos Aires, Montevideo y Europa, compartiendo la cartelera con Moria Casán, Nélida Lobato, Zulma Faiad, Carmen Barbieri y Pepito Marrone. Durante su etapa en España se convirtió en la estrella y luego empresaria del legendario cabaret Barcelona de Noche.

Lupez fue una de las primeras mujeres trans argentinas que se hizo una operación de afirmación de género, intervención que se realizó en España en 1986 y que ella describió como el "mayor triunfo" en su vida. Acorralada por la persecución policial y la represión de la dictadura militar, decidió emigrar a Europa, donde refundó su carrera para consagrarse como una destacada vedette y empresaria del espectáculo.

Ana Lupez y la lucha por la identidad

Ana Lupez fue una mujer trans que trascendió el espectáculo; su vida estuvo marcada por la resistencia ante la discriminación y la persecución que sufría el colectivo en las décadas pasadas. "Mi mayor triunfo fue alcanzar aquello que siempre había soñado: ser mujer", aseguraba.

Su historia quedó inmortalizada en el libro Quién me quita lo bailado, escrito por la activista Barbi di Rocco. Según su pedido antes de morir, no se realizó velatorio y sus restos serán cremados para que sus cenizas sean esparcidas en las tablas del Teatro Quintanilla, el primer escenario que la vio actuar.

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