La vida de las personas trans durante la última dictadura (y después): "Fue una persecución de odio"

En una charla íntima en el Archivo de la Memoria Trans, Marce, Caro, Mychel, Teté, Sonia y María Belén revivieron desde los momentos más oscuros en los centros de detención hasta la algarabía de los carnavales, con testimonios crudos pero contados a corazón abierto.

A 50 años del golpe, en el Archivo de la Memoria Trans (AMT), el activismo combate el silencio de un genocidio que no solo persiguió por motivos ideológicos, sino que torturó y mató a personas por su identidad de género. Los testimonios de las integrantes de este espacio dan cuenta de una historia de supervivencia de quienes supieron transitar el hostigamiento y el odio, a partir de la comunidad y el amor de sus pares.

En el AMT, semana a semana, trabajan en la recolección, restauración y preservación de documentación de identidades trans a lo largo y ancho del país, con el fin de mantener encendida la memoria colectiva. "Sabernos vivas, saber dónde estaba cada una fue el primer cometido de la creación del AMT", describió María Belén Correa a C5N sobre la idea que motivó la constitución de este espacio, que también se configura como un lugar de resistencia.

Muchos de los registros que se atesoran en el Archivo pertenecen a una de las épocas más escura para la Argentina, en particular, para una comunidad que fue acorralada por los represores, no por su militancia, sino por, simplemente, ser quienes eran. Claudia Pía Baudracco tuvo la idea y, tras su fallecimiento, tres meses antes de la promulgación de la Ley de Identidad de Género en el año 2012, María Belén Correa dio el puntapié inicial para el nacimiento del AMT.

La intención de reconstruir el pasado enfrenta el vacío de los registros oficiales. Mychel Aguilera, que creció en Rosario y actualmente se encarga de la digitalización de fotos en AMT, vivió en carne propia el encarcelamiento recurrente y recordó la innumerable cantidad de veces que la policía eliminó documentación incriminatoria contra ella: "Para trasladar mi expediente necesitaban una carretilla", relató y, sin embargo, hoy cuenta con solo una parte de esas fichas que evidencian el calvario que la última dictadura propinó contra su existencia.

Testigos de una historia de crueldad y exclusión: "Yo era carne de cañón"

La violencia contra las travestis, término más común en aquella época, no era potestad única de las fuerzas, sino que empezaba mucho antes, con el rechazo de la familia. Al caer presas por motivos como "vagancia" o "escándalo", de acuerdo a los edictos policiales, se enfrentaban a una desprotección total que borraba sus rastros, con muy pocas personas que preguntaban por ellas y con instituciones apáticas. "Cuando ya nadie de su familia la iba a buscar, esa persona ya había desaparecido", explicó María Belén.

Carolina Figueredo, quien hoy trabaja en el AMT, advirtió que el disciplinamiento empezaba mucho antes de la calle. Al contarle a su papá sobre su identidad, recordó su reacción: "Me hizo un cartel con un pizarrón que yo tenía para jugar y me puso: 'Tengo que ser hombre'". Compungida por el recuerdo, rememoró: "Me arrodilló con ese cartel en la mano y me puso un revólver en la cabeza. Me dijo: 'Antes de tener un hijo puto, prefiero verte muerto'". Para la activista, se trata de un momento que aún no puede superar.

Sonia Hernández relató la crudeza del ensañamiento en ámbitos institucionales. "No quería hacer el servicio militar, no quería estar vestida de hombre. No quería ser soldado, tampoco", describió sus vivencias durante su paso por el servicio militar. Llegó a Tandil, al Distrito Militar Logístico, vestida de mujer y fue rápidamente apartada del resto por su apariencia. "Les traje carne de cañón para ustedes", fueron las palabras de un oficial de alto rango para los 250 soldados que dispondrían de Sonia para lo que quisieran. "Fueron caníbales", sentenció.

"Pensé que mi vida ya no tenía sentido", aseveró Sonia, quien estuvo 37 días encerrada y, al día 38, fue sometida a una junta médica en la que la revictimizaron para finalmente conseguir su libertad. "Estaba agotada. Era un maltrato psicológico y físico constante", recordó sobre los encierros y las vejaciones en Tandil. "Salí con un brazo quebrado y con sífilis", fue el final de esa dura experiencia en su adolescencia. Al regresar a su ciudad, tomó la decisión de irse de la casa de sus padres y empezar a transitar plenamente su vida como mujer trans.

Invisibilizadas y desaparecidas por odio

Marcela Navarro, encargada de la confección de entrevistas y biografías en el AMT, detalló la dureza con la que eran atacadas en la dictadura y años posteriores, y marcó la falta de empatía de las entidades que debían dar respuesta. Ante la muerte de una compañera, la salud pública y las fuerzas de seguridad hacía oídos sordos: "La Policía y los médicos forenses no nos daban importancia porque no teníamos una identidad de género con la cual podían saber quién eramos, porque no usábamos documento. Cada una salía como tenía que salir", puntualizó Marcela.

"Era una persecución de odio lo que teníamos nosotras", aseguró Carolina, afirmación que, con el pasar de los años, se conformó como una verdad. El libro El Nunca Más de las locas, del joven autor Matías Máximo, congrega vivencias del colectivo LGBTIQ+ en aquellas tinieblas del terrorismo de Estado y constata que ese odio a la existencia era real. En esas hojas aparece el testimonio de Brigitte Gambini, quien denunció la desaparición de diecisiete compañeras. "Todo ello a causa del travestismo y nada más. Jamás habíamos tenido ideas ni vinculaciones políticas", aclaró la activista sobre la ausencia de vinculaciones políticas en sus detenciones.

En medio del horror, los carnavales aparecían como un espacio de libertad paradójica. Ornella "Teté" Vega, vecina de Tigre, lo expresó con claridad: "Era el único momento que nosotros teníamos libertad... era donde los vecinos iban a ver nuestros cuerpos, nuestro vestuario". Resultaba extraño que la misma sociedad que las denunciaba el resto del año, se agolpara para aplaudirlas en el corso. En esas noches, sus cuerpos dejaban de ser una amenaza para convertirse en un espectáculo aceptado.

Fondo Teté Vega-01
Ornella

Ornella "Teté" Vega, a la derecha, en la celebración de carnaval.

Seguir viviendo en dictadura: la falsa democracia para las trans

El poder que tenía la fuerza policial por sobre los cuerpos de las mujeres trans regía desde muchos años antes, pero sirvió al aparato del Estado durante el gobierno militar para encarcelarlas y asediarlas, y se sostuvo una vez iniciado el gobierno de Raúl Alfonsín. "La postdictadura fue una falsa democracia. Los edictos policiales que nos condenaban no se derogaron", aclaró Carolina y agregó: "Vivíamos presas igual. Teníamos que vivir a escondidas. Nos llevaban de día, nos llevaban de noche".

En la misma línea, María Belén, que vive en Alemania, se refirió a esa persecución que no se disolvió en 1983. "Yo soy la única persona trans argentina que tiene asilo político en democracia. A mí me dan el asilo en 2004", relató y cuestionó que el Estado no soltó la totalidad de las políticas de hostigamiento hasta la llegada de la Ley de Identidad de Género en 2012. Esta normativa les dio la posibilidad de construir identidad con un respaldo constitucional que realmente "marcó la democracia de las personas trans".

Memoria, Verdad y Justicia: la lucha trans, el norte a seguir para todo el colectivo

Pese a las dificultades de la época, gracias a su fortaleza y sus ganas de vivir, supieron construir un refugio, un hogar. "También tuvimos nuestros momentos lindos, porque nosotras creamos nuestra propia familia, la de la comunidad. Yo no podría vivir sin contacto con otras mujeres trans", aseguró Carolina. El colectivo trans lleva como estandarte la celebración como lucha, determinación que las hizo visibles, humanas y partícipes. "Sigo saliendo en los carnavales y la sigo pasando bien. Con una sociedad mucho más abierta", concluyó Teté.

Hoy, el AMT batalla contra un contexto que María Belén describe como un retroceso. Los discursos de odio resurgieron y la ley de reparación histórica nacional parece "deprimentemente lenta". Según la activista, la derecha utiliza a la comunidad como "chivos expiatorios" para distraer de otros problemas políticos. Sin embargo, el trabajo en el AMT no se detiene; cada foto limpia y cada testimonio guardado es un acto de resistencia para que, 50 años después, nadie pueda decir que no estuvieron ahí. La memoria también es trans.

Sonia, Mychel, Marcela, Ornella y Carolina
Sonia, Mychel, Marcela, Ornella y Carolina son integrantes del Archivo de la Memoria Trans.

Sonia, Mychel, Marcela, Ornella y Carolina son integrantes del Archivo de la Memoria Trans.

TEMAS RELACIONADOS