Los hallazgos de "Ecos de 2 Cañones", la misión argentina para estudiar las profundidades del Atlántico Sur
Tuvo como objetivo estudiar los cañones submarinos Bahía Blanca y Almirante Brown, dos valles que atraviesan la plataforma continental y concentran nutrientes que sostienen la productividad biológica del Mar Argentino.
Más allá del aporte científico, la misión tiene un valor estratégico.
Después del streaming de Conicet que mostró en directo el fondo del mar frente a Mar del Plata, un nuevo equipo argentino estudió los cañones submarinos Bahía Blanca y Almirante Brown, dos valles que atraviesan la plataforma continental y concentran nutrientes que sostienen la productividad biológica del Mar Argentino.
La misión, Ecos de 2 Cañones estuvo liderada por la Dra. Silvia Inés Romero, oceanógrafa física del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) y docente de la Universidad de la Defensa Nacional en la Escuela de Ciencias del Mar (FadARA–UNDEF), quien explicó que “nuestro objetivo fue observar la interacción entre los cañones y las corrientes”.
En particular, agregó, "cómo la Corriente de Malvinas, que fluye a lo largo del talud, transporta nutrientes y energía hacia la plataforma continental”.
El proyecto fue seleccionado por el Schmidt Ocean Institute (SOI), que ya había transmitido en vivo las inmersiones del ROV SuBastian frente a Mar del Plata. De los ocho proyectos elegidos para explorar el Atlántico Sudoccidental durante 2025, tres están liderados por argentinos, un hecho que refuerza la proyección científica nacional en aguas profundas.
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El proyecto fue seleccionado por el Schmidt Ocean Institute (SOI).
Tecnología de punta con experiencia nacional
Durante más de veinte días, el equipo combinó tecnología de punta con experiencia nacional: ROV SuBastian, planeador autónomo SEAEXPLORER X2, ecosondas, boyas derivantes, perfiladores CTD y sensores doppler para medir corrientes, temperatura, salinidad y presión. “El Falkor (too) tiene un ADCP de casco que mide corrientes. Nosotros llevamos un correntómetro similar desde el SHN, montado en un marco CTD. Así pudimos comparar mediciones y ver cómo las corrientes se comportan dentro de los cañones”, detalla Romero.
El relevamiento se centró en Bahía Blanca, cerca de los 40° sur, y Rawson, en los 44°, parte del frente del talud patagónico, una de las zonas más productivas del Atlántico Sur. “Elegimos estos dos cañones porque sus cabeceras ‘muerden’ el borde exterior de la plataforma. Queríamos ver si por allí ingresan aguas frías y ricas en nutrientes de la Corriente de Malvinas”, señala Romero.
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El estudio incluyó también análisis de plancton, fitoplancton y zooplancton.
El estudio incluyó también análisis de plancton —fitoplancton y zooplancton— a cargo de biólogos del CONICET y de la UBA. “Estos organismos son derivantes; se mueven con las corrientes. Su distribución está directamente ligada a la circulación oceánica. Comprender esta relación nos permite entender cómo se sostiene la vida en el mar”, explica la científica.
Una misión con valor estratégico
Más allá del aporte científico, la misión tiene un valor estratégico. Cada dato relevado se integra al acervo de información del Servicio de Hidrografía Naval, dependiente del Ministerio de Defensa, fortaleciendo la capacidad del país para monitorear su plataforma continental, gestionar recursos y ejercer soberanía efectiva en sus aguas. La expedición demuestra cómo la investigación oceanográfica y la defensa nacional se cruzan: formar profesionales y consolidar infraestructura científica es también garantizar presencia estratégica en el Atlántico Sur.
Romero resaltó además la dimensión social de la misión: “Hacemos oceanografía hace décadas, pero pocas veces podemos mostrarlo. Publicar en revistas especializadas es importante, pero también lo es devolverle a la sociedad lo que el Estado nos permite investigar”. Su aspiración va más allá: despertar vocaciones. “Nos emociona pensar que hay chicos que, al seguir estas transmisiones, sueñen con algún día poder estudiar para convertirse en oceanógrafos”.
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Los científicos resaltaron la dimensión social de la misión.
El equipo incluyó a veinticinco científicos del SHN, CIMA (UBA–CONICET), INIDEP, IADO (UNS–CONICET), IGeBA, IBBEA, IIMyC y la Escuela de Ciencias del Mar (FadARA–UNDEF), junto a colaboradores internacionales del CNES, el Institut Méditerranéen d’Océanologie y el IFAECI (CNRS–CONICET–IRD–UBA). “A bordo hay investigadores, técnicos, geólogos, ingenieros electrónicos y oficiales de marina. Sin todos ellos, nada de esto sería posible. La exploración es un trabajo colectivo”, enfatiza Romero.
El cierre de la campaña fue emotivo. “En la última inmersión del SuBastian vimos un cardumen de merluzas de cola enorme y un arrecife que nos dejó sin palabras. Hace veinte años soñaba con estudiar los cañones del talud. Hoy, verlos en vivo y comprobar cómo concentran vida y nutrientes fue increíble”, recuerda la científica.
El proyecto contó con el apoyo de la Fundación Williams y se enmarca en la misión satelital SWOT (Surface Water and Ocean Topography), impulsada por NASA y CNES, que busca mapear con precisión la topografía oceánica.
“El país tiene capacidades científicas y técnicas para seguir explorando su mar. Lo importante es sostener el trabajo conjunto entre las instituciones, porque el conocimiento también es soberanía. Y además, cada paso que damos en investigación inspira a la próxima generación de científicos y oceanógrafos argentinos”, concluyó la investigadora.