Los escalofriantes secretos de Yiya Murano: sus amantes de la política y el cómplice que le dio el veneno

Después de casi 45 años de los crímenes, la historia de la primera mujer asesina serial de la Argentina reúne sorprendentes acontecimientos y detalles. El crudo relato de su hijo, Martín, a quien quiso matar.

"¡No lo puedo creer! Cada vez que me llaman por teléfono es para avisarme que alguna amiga mía murió o le pasó algo", exclamó Yiya Murano casi con histrionismo cuando le avisaron por teléfono el fallecimiento de su prima, Carmen Zulema del Giorgio Venturini, de 64 años. Aquella muerte, ocurrida el 24 de marzo de 1979, parecía una casualidad, aunque aterradora, debido a que había sido la tercera defunción que tocó de cerca a María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano en poco más de un mes.

Intentó mostrar sorpresa, conmoción y tristeza en los tres fallecimientos, es que también habían perdido la vida previamente dos de sus amigas. La primera, Nilda Adelina Gamba de 64 años, falleció el 11 de febrero de 1979. Luego, Lelia Elida Formisano de 59, murió el 19 de febrero de ese año. A la primera, Murano llegó a cuidarla, ya que también eran vecinas, pero finalmente su amiga murió.

Las muertes parecía naturales. No existían sospechas contra Murano, ni nadie. Dentro del shock, todo parecía indicar que no hubo responsabilidad de otra persona en las muertes. Sin embargo, a Diana Venturini, hija de Mema, como apodaban a Carmen Zulema del Giorgio Venturini, le extrañó que en el departamento de su madre, al cual ingresó horas posteriores a su fallecimiento, no se encontrara un pagaré firmado por Yiya de $20.000.000.

Diana Venturini le consultó al portero del edificio si estaba al tanto de por qué no se encontraba ese papel. El hombre respondió que Murano había entrado al departamento de su prima con la excusa de avisar a otros familiares de la muerte, pero esas comunicaciones nunca se realizaron. Yiya, luego de haber ingresado al hogar, se retiró con papeles y un misterioso frasco. Las sospechas comenzaron a tomar fuerza, tanta que la hija de su prima acusó a Murano de estafadora.

La Justicia ordenó exhumar los cadáveres para practicarles una autopsia y se constató la presencia de cianuro, una sustancia que generalmente provoca malestar primero y después: la muerte.

La investigación judicial arrojó lo menos sospechado: Yiya, aquella mujer que aparentaba simpatía e incapacidad para hacer daño, envenenó a sus tres amigas con cianuro en tés y masas. Había sido la última persona que las víctimas vieron con vida. Así, Murano se transformó en la primera mujer asesina serial de la historia argentina.

Murano, nacida un 20 de mayo de 1930 en Corrientes, se había recibido de maestra, pero jamás ejerció debido a que su marido, Antonio Murano, le pidió que se dedique a las tareas del hogar. Yiya les había prometido a sus dos amigas y a su familiar que si les daba dinero, iban a ser beneficiadas, por un supuesto plazo fijo.

Tras la autopsia a los tres cuerpos, la Policía llevó a cabo un allanamiento el 27 de abril de 1979 en el sexto piso del departamento 21 de un edificio de la calle México 1177 en la Ciudad de Buenos Aires, donde vivían Yiya junto a su hijo, Martín, y su marido, que era abogado civil. Se llevaron detenida a la mujer, que en aquel entonces tenía 49 años. Todo era desconcierto, ya que el personal policial no aclaró en ningún momento el motivo de la aprehensión.

Embed

Tras varios días, unos periodistas fueron al departamento para realizar una entrevista y allí Antonio y Martín Murano de 13 años, se enteraron de por qué el se efectuó la pesquisa y se trasladó a la mujer. Esa jornada fue sólo el principio de varios días de incertidumbre por la situación judicial de Yiya, hasta que el juez Diego Perés dictaminó la prisión preventiva el 12 de junio de 1979.

El plan que había ejecutado la mujer comenzaba a salir a la luz y todo apuntaba a que la mujer iba a permanecer encerrada varios años más. Pero el 15 de junio de 1982, el magistrado que reemplazó a Perés en la causa, Ángel Mercado, absolvió a Murano de los delitos de homicidio y estafa por falta de pruebas. Un giro de 360° en la causa ponía a Yiya a un paso de volver a caminar por las calles en libertad.

Sin embargo, el 16 de mayo de 1985 la Sala Tercera de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal emitió un fallo en el que revocó la sentencia y condenó a Murano a la pena de prisión perpetua por haber asesinado a sus amigas y su prima. También, se incluyó la estafa en tres ocasiones como concurso material.

En la resolución de la Cámara se menciona, entre otros artículos del Código Penal, el 80 inciso 2°, en el que se establece que el envenenamiento es un motivo para agravar el delito y resolver la reclusión o prisión perpetua.

Yiya Murano jamás admitió los asesinatos

La mujer volvió a la cárcel para cumplir con su condena a los 54 años. Desde el inicio de la investigación hasta su fallecimiento, Yiya clamó su inocencia. "¡Yo no maté a nadie!", enfatizó una y otra vez. Aún acorralada por lo que terminó siendo la decisión judicial, nunca reconoció los hechos públicamente.

Todo indicaba que quedaban varios años más de prisión para Murano, pero una conmutación de pena junto a un indulto del presidente de aquel entonces, Carlos Menem, fueron clave para que La Envenenadora de Monserrat, como se la apoda en la opinión pública, quede libre en 1995. Ya no había chance de que ingresara otra vez a la cárcel.

image.png

Tras recuperar su libertad, Yiya desfiló por los programas de televisión de la época. En cada una de sus apariciones, lucía anteojos de sol y eventualmente alguna joya. Optó por este vestuario para exponerse frente a las cámaras. Así como esta elección de accesorios se mantuvo prácticamente intacta hasta sus últimos años, también lo fue su mensaje a la sociedad: "Soy inocente".

La mujer, además en sus últimos años, no tenía pelos en la lengua para hablar de sus amantes mientras era la esposa de Antonio Murano. Lejos de ocultarlo, mientras brindaba entrevistas, se refería a ellos con un alto nivel de orgullo. No brindó nombres, pero entre sus relaciones se encontraban personas con exposición pública y sobre todo, elevado poder.

Yiya Murano en Almorzando con Mirtha Legrand 2008

Yiya Murano falleció el 26 de abril de 2014 en un geriátrico porteño a los 83 años. En su última etapa de vida no reconocía a nadie. Fue el fin de la vida de la mujer correntina, cuyo padre era el teniente Camilo Bolla Aponte y su madre, Candela, ama de casa. Sus restos se encuentran en el Cementerio de la Chacharita con la particularidad de que su identificación está incompleta para dificultar que se la pueda reconocer.

Martín Murano

Martín Murano: "Yiya hacía creer a diferentes amantes que eran mis padres biológicos a cambio de dinero"

"No tenía problema en llevarme a mí cuando yo tenía 7 u 8 años a desayunar con diferentes amantes. Les hacía creer que eran mis padres biológicos a cambio de dinero", recordó Martín Murano, el hijo de Yiya, en diálogo con C5N.com, sobre las relaciones que mantuvo la mujer. El hombre, que es actor y escritor, tiene 56 años y atravesó siete ACV y tres infartos, contó intimidades de la vida de su progenitora, a la que no considera su madre.

A sus 18 años, Yiya le confesó que Antonio Murano no era su padre. Se realizó una prueba de ADN en Fundación Favaloro y el resultado fue negativo. Por años intentó determinar quién es su padre biológico. El sindicalista de la UOM Lorenzo Miguel era una de las opciones, pero quedó descartada debido a que el sindicalista no podía tener hijos.

image.png

También, surgió la posibilidad de que sea un banquero, y en este caso, se llevó a cabo un juicio de filiación, en el que la abogada de Martín Murano accedió a que se lleve a cabo una prueba anticipada sin perito de parte como una prueba definitiva y debido a este motivo, el hombre denunció a su letrada ante el Colegio de Abogados, mientras que el juicio fue cajoneado y cerrado.

Martín recuerda que a sus 10 años, Yiya intentó asesinarlo. La mujer había comprado una torta, la dejó sobre una mesa y cuando Martín cortó una porción para comerla, su progenitora se la sacó y la desechó.

— Al haber compartido el mismo hogar con Yiya, vos la conocías muy bien, ¿cómo la describirías?

— Yiya era una persona totalmente ególatra, egocéntrica, que a través del dinero compraba seguidores. A través del sexo obtenía poder. ¿Placer? No. Era ridículamente histriónica para todo y mitómana, que es lo que dice el informe psiquiátrico forense. Era una contradicción en sí misma. Dijo en televisión que fui muchas veces a visitarla a la cárcel y es mentira, fui una sola porque mi pareja de ese entonces quería conocerla. Generalmente no pienso en Yiya. Como yo nunca la sentí mi madre, que de hecho no lo fue, cuando me hablan de ella pienso en una historia policial y en que le pasó a alguien muy cercano a mí porque vivíamos en la misma casa pero no lo sufro como que le pasó a mi madre porque no lo fue. Ella no cumplió el rol de madre, ni remotamente. Tampoco fue esposa.

— ¿Existe la posibilidad de que Yiya haya tenido cómplices o ayudantes para cometer los asesinatos?

Tuvo un cómplice que fue quien le proveyó el veneno. Aparentemente, la planificación fue hecha por más personas. Independientemente de quiénes lo planificaron, el cómplice no tenía nada que ver con lo que lo planificaron. El cianuro no es un veneno que vos lo ponés y listo. Enrique Sdrech me contó que según las características físicas de la persona, el cianuro a veces no es efectivo. Puede producir una gran descompostura o malestar, pero no mortal. Hay que dar una dosis relativamente exacta según las costumbres gastronómicas de la persona a la que va destinado. Entonces, tendría que haber sido alguien que fuera médico o bioquímico. Habría que investigar cuál de los amantes de ella ejercía alguna profesión de esas.

— Estabas en tu casa el día de la primera detención de Yiya. ¿Qué recordás?

— Cuando llegó la Policía a casa, primero hicieron una requisa del lugar. Era época del proceso militar, año 1979, no abundaban las explicaciones. Ella estaba nerviosa y decía '¿pero qué voy a tener acá? ¿Qué voy a estar escondiendo acá adentro?' Nadie le dijo 'estamos buscando algo', le decían 'usted, señora, quédese acá'. Ella los seguía muy nerviosa. A mi papá, que era abogado civil, le dijeron 'la señora nos va a acompañar'. Mi papá preguntó el motivo y le dijeron 'ya le vamos a informar'.

La llevaron detenida y unos días después aparecen unos periodistas, tocan el timbre, pasaron y por ellos yo me entero el motivo de la detención. Ahí me empiezan a cerrar muchas cosas. Yo escuchaba palabras que no entendía lo que significaban en ese momento, que eran 'Bonex', 'dólares', 'plazo fijo', 'mesas de dinero'. Dije '¿tendrá que ver con eso?'

Martín Murano
Martín, el hijo de Yiya Murano.

Martín, el hijo de Yiya Murano.

— ¿Guardas algún objeto de ella o algo que le pertenecía?

— Cuando yo me casé, hace bastantes años, me mudé a la zona de Villa del Parque. Hubo varias cosas que no me llevé del departamento en el que vivía. A la mamá de una amiga mía le gustaban las antigüedades, le regalé el juego de té de Yiya Murano. No me lo quería llevar porque me traía cualquier cosa menos buenos recuerdos.

Esta señora murió y hace poco me llamó la hija de ella. Me dijo 'Martín, hay algo que no quiero tener que vos le regalaste a mi mamá'. Yo ni me acordaba lo que era. Me dijo que me lo iba a mandar con una caja. Lo abrí y era el juego de té de Yiya Murano. Lo cerré y ahí quedó, no lo quiero ni ver. Lo iba a regalar y un amigo me dijo que si iban a hacer la ficción de Yiya, que lo guarde y que se use el original, a lo que le respondí que me parecía muy macabro. Ahí quedó tirado en casa, o sea que después de 35 años el juego de té de Yiya Murano volvió a mi casa.

— Hablaste de tu relación con ella, ¿pero cómo era el vínculo entre Yiya y Antonio Murano?

— Cuando Yiya estuvo presa, mi papá, que desgraciadamente no es mi viejo, estaba en un estado calamitoso de salud, psíquicamente también. Era un hombre que vivía a mate y cigarrillos. No comía, no quería salir de la casa porque le daba vergüenza, no se afeitaba, estaba desmoronado. Eso yo se lo reprocho a Yiya. Paradójicamente, Yiya Murano es mi madre biológica y para mí no lo es. Antonio Murano no es mi padre biológico y lo es: mi viejo es, fue y será Antonio Murano.

— ¿De qué manera ella tenía las relaciones con sus amantes mientras estabas vos?

— No tenía problema en llevarme a mí cuando yo tenía 7 u 8 años a desayunar con diferentes amantes. Les hacía creer que eran mis padres biológicos a cambio de dinero. Y mi viejo, Antonio Murano, que para mí siempre será mi viejo, era un hombre sumamente adinerado. Lo que pasa es que cuando vos tenés un hijo extramarital y tenés que mantenerlo en silencio para guardar las formas por el qué dirán, tenés que mantener callada a la gente, sobre todo si la que habla mucho es tu hermana. Creo que con eso te estoy diciendo casi todo...

Otro de los amantes de Yiya me llevaba a pasear junto con ella y yo le contaba cosas de chico, tenía 7 años, no sabía lo que era un amante. Me dijo 'papá soy yo, Antonio no'. De grande le dije "te puedo perdonar que hayas tenido una amante que haya sido Yiya, pero lo que no te voy a perdonar es que le hayas dicho 'no le digas papá a tu papá, decime papá a mí' a un chico de 7 años", a lo que agregué 'si me mirás bien, ya no tengo 7 años, no tengo ese tamaño y no te estoy mirando con buena cara'.

— ¿Qué se puede decir de la miniserie sobre Yiya?

— Ya he tenido acercamiento con escritores, incluso uno de ellos lo hizo público él mismo, que es Enrique Torres, cuñado de Andrea del Boca. Es más, hasta se dijo que Andrea del Boca iba a interpretar a Yiya Murano. Ahí, en la miniserie, se va a poder contar exactamente cómo fue la historia, como quiénes lo planificaron y cómo lo hicieron. Mujeres Asesinas no tiene nada que ver con la realidad.

— ¿Cómo tomas los comentarios que te hacen a vos pero relacionados con ella por lo que hizo?

— Todavía me sigo enojando, aunque no si haces un chiste con respecto a Yiya. Yo me cuido mucho del humor negro porque no nos olvidemos de que hubo víctimas a las cuales inclusive yo quería, que no fueron solamente estas tres. Fueron más. Puedo aceptar que vos hagas un chiste sobre Yiya. Lo que no acepto es que por ejemplo estemos tomando un café y me digas '¿no le pusiste nada?'

— Cuando quedó libre, pasó por muchos programas de televisión, e incluso llevó masas al programa de Mirtha Legrand...

— No critico a la producción sino a la gente que estaba mirando el programa de Mirtha, porque presentaron a Yiya y dijeron 'asesina serial' y la aplaudieron. Llevó masas. Si las comieron o no, no sé. Yo no las comería.

Después de tantos años, ¿por qué pensás que Yiya sigue trascendiendo en la opinión pública?

— Hay casos criminales que han sido mucho peores que los de Yiya, Robledo Puch y demás. Trascendieron por las historias que se ramifican de la historia en general: Yiya, en el caso de los amantes. La mayoría de ellos eran personas públicas, como ministros de Trabajo y otras personas ligadas a la política, además de personas relacionadas al sindicalismo. También hubo relaciones intrafamiliares. Hay un club de fans de Yiya Murano. Se comunicaron conmigo. Querían tener una charla conmigo y no la tuve. No me parece ridículo, sino perverso.

TEMAS RELACIONADOS