Los abuelos de la SUBE: las tarjetas magnéticas para viajar en colectivo ante la falta de monedas

A partir de la década de 1990, la escasez de monedas necesarias para pagar a bordo se volvió un problema cotidiano, que algunos municipios del país y empresas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) buscaron resolver con distintos sistemas que precedieron a la hoy masiva tarjeta celeste.

De a poco, deja de ser una novedad el pago en los colectivos metropolitanos con tarjetas de débito y crédito y celulares (tanto con QR como con NFC). Durante varios años, fue la tarjeta SUBE la que monopolizó la forma de abonar a bordo. Sin embargo, antes de eso, distintas empresas buscaron la forma de afrontar la falta de monedas con tarjetas magnéticas, que hoy son buscadas por los coleccionistas de memorabilia.

La provincia de Buenos Aires buscó avanzar en la materia en 1991, con la sanción de la Ley 11.070, que obligó a los servicios urbanos y suburbanos a incorporar un sistema de pago mediante tarjetas magnéticas. Sin embargo, se derogó al año siguiente.

En esa misma década, Mar del Plata implementó tarjetas magnéticas prepagas a través de una unión transitoria de empresas, que se cargaban en lugares como quioscos y terminales. El sistema continuó durante casi veinte años, hasta que fue reemplazado por la SUBE. Lo mismo ocurrió en Rosario.

Para la misma época, en 1995, Mendoza incorporó la MendoBus, una tarjeta magnética de cartón, no recargable, similar al SubtePass implementado por el subte porteño tiempo más tarde en reemplazo de los cospeles. Como era descartable luego de algunos usos, lo que generaba suciedad en muchas paradas e inconvenientes de sustentabilidad, en 2007 le dejó su lugar a Red Bus, tarjetas plásticas recargables.

MendoBus
Mendoza, pionera en muchas implementaciones en materia de transporte público.

Mendoza, pionera en muchas implementaciones en materia de transporte público.

Las tarjetas magnéticas en los colectivos de Buenos Aires

Mientras tanto, en Buenos Aires conseguir monedas se volvía un trastorno. Se extendían las colas en los bancos para cambiar billetes, mientras que distintos comercios ofrecían el servicio pero quedándose con una comisión. Si no, había que comprar alguna golosina o chuchería para obtener algo de cambio. Todas las casas tenían una latita donde acopiar monedas no como forma de atesoramiento, sino de tenerlas disponibles a la hora de viajar. ¿Cuántos kilos de monedas serían necesarios para un boleto mínimo hoy?

En ese escenario, varias empresas de colectivos lanzaron sus tarjetas. En La Plata existía la tarjeta InterLíneas que, al igual que en la experiencia mendocina, se utilizaban hasta que se agotaba su saldo y luego se descartaban.

Antes de formar parte de Micro Ómnibus General San Martín (MOGSM), hoy en conflicto por el cierre de las líneas que atraviesan municipios de Zona Norte, la 333 era operada por La Primera de San Isidro S.A., que en 2008 puso en marcha un sistema de tarjetas magnéticas que contenían $10 para viajes.

La Primera de San Isidro 333 tarjeta magnética
La tarjeta magnética para pagar en la línea 333.

La tarjeta magnética para pagar en la línea 333.

En 2009, salió Tarjeta Ya!, una tarjeta recargable para utilizar solo en la línea 68. Sistemas similares tuvieron La Perlita S.A. (a cargo de varias líneas en Moreno y General Rodríguez), Empresa San Vicente S.A. (varias líneas en Zona Sur como la 79 o 263), Transporte América (línea 105), Micro Ómnibus Quilmes S.A. (Moqsa, con varias líneas en Zona Sur) y Compañía de Ómnibus 25 de Mayo (COVEMASA, también con líneas en el sur del conurbano).

Pero tal vez la que alcanzó una mayor masividad, aunque limitada, fue Monedero, una tarjeta recargable lanzada en 2002 por Metrovías para el pago de subte y el ferrocarril Urquiza, que con el tiempo se extendió a algunas líneas de colectivos.

El sistema seguía siendo un caos. Tarjetas diferenciadas por empresas, mientras que algunas solo aceptaban monedas, un bien que se volvía escaso y hasta corrían acusaciones de venta por parte de las compañías de transporte, para que volvieran a los usuarios con un costo. El inconveniente quedó atrás con la tarjeta SUBE, que comenzó a tener una utilización masiva a partir de 2011, con el objetivo de resolver la crisis de falta de monedas y realizar un control más exhaustivo de los subsidios al transporte.

Más tarde, se extendió a otras ciudades del país, y tuvo otras implementaciones clave como la Red Sube, para ofrecer descuentos a quienes realizan una o más combinaciones en un lapso de 2 horas.

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