De la Villa 31 a la UBA: la historia de César Sanabria, el arquitecto que reivindica el valor de la educación

En el programa La Educación Transforma, César Sanabria repasó un recorrido de esfuerzo, pérdidas y oficios que lo llevaron a recibirse de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires.

Con el tono sereno de quien habla desde la experiencia, César Sanabria repasó en C5N un camino que empezó lejos de cualquier idea de privilegio. “Vengo de una familia muy humilde que emigró a la Capital en los 80 y se asentó en la Villa 31 porque no teníamos recursos para vivir en otro lugar”, contó en La Educación Transforma, el ciclo conducido por Teresa Cabado y Rubén Hallú.

Su casa no tenía piso, ni baño, ni cocina. Su papá era albañil, de él aprendió el oficio desde muy chiquito y su mamá, empleada doméstica, sigue trabajando aún estando jubilada. “De ellos aprendí la cultura del trabajo”, sintetizó.

La adolescencia lo golpeó con la muerte de su padre. Entonces tuvo que ponerse al frente de la economía familiar. Trabajó como peón de obra, pasó por empresas de construcción, fue cartonero. “Pasé por muchos oficios”, dijo. Pero en su paso por las obras apareció el punto de inflexión: “Ahí empiezo a conocer arquitectos e ingenieros y se me hizo un click. Quería aprender a leer planos y a entender sus símbolos. Ahí decidí anotarme en el CBC”.

Con el tiempo llegó a recibirse en la UBA: un logro personal, pero también colectivo. “No solo era un sueño familiar, era un sueño del barrio”, afirmó. Y esa pertenencia no quedó en el pasado: “También dije ‘por qué no poner todo el aprendizaje para aportar mi granito de arena en la urbanización de la Villa 31’”.

Sanabria insiste en que su recorrido no es una excepción: “Hay muchas personas en el mundo universitario que tienen historias parecidas a la mía y también muchas condiciones”. Para él, la clave está en el acompañamiento: “Esas personas gigantes que tenemos a nuestro lado pueden ser la familia o un docente”.

Hoy es docente del CBC en la cátedra de dibujo. Enseña en la misma universidad que lo formó. “No cobramos un buen sueldo, lo hacemos por vocación de servicio”, aclaró. Y reivindicó a la institución: “La UBA es una de las mejores universidades del mundo entero. Veía el esfuerzo de los docentes y a mí me enorgullece llevar la bandera de la UBA y ahora ser docente”.

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