De dónde surgió la tradición del padrinazgo presidencial para el séptimo hijo y cómo llegó a ser ley

La disposición que determina que el Presidente apadrine al séptimo hijo varón de una familia tiene sus orígenes en la "protección mágica" contra una leyenda del campo argentino.

Todos los países poseen múltiples leyendas que forman parte de su tradiciones y Argentina que no es la excepción. Aunque nuestro país posee la particularidad de tener una ley que se origina en el temor a una criatura mítica, el lobizón, y la misma incorpora al mismísimo Presidente de la Nación como el gran protector: la ley de "Padrinazgo Presidencial". ¿Cómo la leyenda del lobizón resultó en una ley que se aplica hasta la actualidad?

Cuál es el origen de la tradición del séptimo hijo como ahijado del presidente en Argentina

Oriunda de la mezcla de las tradiciones europeas y guaraní la leyenda del lobizón es el equivalente argentino del hombre lobo, representado como una mezcla de cerdo y un perro muy peludo con grandes orejas, que luego recupera su forma humana. La tradición folclórica asigna su raíz al nacimiento de un séptimo hijo varón, quien al llegar a su adolescencia se transforma en lobizón los martes y los viernes por la noche. En caso de ser siete hijas mujeres, la maldición recaería sobre la séptima hija mujer transformándola en bruja.

Para cumplir el proceso de transformación en lobizón, el relato explica que la persona se revuelca sobre arena, ceniza o las tumbas del cementerio, otras veces se brinda detalles sobre el proceso de transformación del ser humano, cuando gira tres veces sobre sí mismo contra las agujas del reloj recitando un credo al revés. Así mismo se creía que esta maldición podía ser traspasada a otros no con una mordida, sino pasando entre las piernas de alguien, lo que transformaba al damnificado en lobizón y el anterior escapaba de la maldición.

A esta mítica criatura se la adjudicaba rondar por los corrales y comerse los animales y sus heces, o en cementerios alimentándose de los cadáveres, a veces incluso se nutría de niños no bautizados, siendo que la criatura solo podía ser lastimada con armas blancas. Si bien el lobizón es solo un mito, para los inmigrantes provenientes de Europa en las provincias argentinas a fines del siglo XIX la presencia de esta criatura se tornaba muy vívida.

Cómo fue que la tradición se volvió ley nacional

Para nuestros antepasados, lo que hoy consideramos como mitos o leyendas eran una realidad fáctica. Así fue que la superstición tenía una enorme importancia e implicancia en la vida de las personas. Una de ellas, el mito del lobizón (la versión local de la originada en Europa del "hombre lobo") la padecía el séptimo hijo varón de una familia, que sufría la estigmatización, ya que, según la leyenda, las noches de luna llena se transformaban en lobizones y mataban a todos aquellos que se les crucen. A tal punto llegaba la creencia que, según cuenta la historia, los más supersticiosos llegaron a sacrificar a sus séptimos hijos varones.

Muchos de de los inmigrantes oriundos de la Rusia zarista conocían la fábula y la tradición proveniente de la época de la zarina Catalina la grande, donde el padrinazgo imperial a los séptimos hijos daba “protección mágica” contra estos males y evitaba el abandono de los niños.

En 1907, Enrique Brost y Apolonia Holmann, una pareja rusa instalada en la localidad bonaerense de Coronel Pringles, tras nacer su séptimo hijo varón, le mandaron una carta al entonces presidente, la máxima autoridad del país, José Figueroa Alcorta, pidiéndole que apadrinara a su hijo y “salvarlo” de que se transforme en lobizón. El mandatario aceptó y dio origen a la tradición del "padrinazgo presidencial", que, años más tarde, adquirió un marco legal, además de asignarle a cada ahijado una beca asistencial para auxiliar con su educación y alimentación.

padrinazgo presidencial

Durante el tercer gobierno de Perón en 1973, mediante el decreto 848/73, el padrinazgo presidencial se amplió a las mujeres. Y a fines de 1974,se convirtió el ley, la Nº20.843. Con los años, la normativa atravesó diversas ampliaciones La última fue por medio del la resolución 1416/2009, donde autoriza a aplicar el padrinazgo ejecutivo aunque el bautismo religioso no sea católico, lo que habilitó que Cristina Kirchner pudiera amadrinar al joven Lair Tawil, de religión judía, convirtiéndolo en la primera persona no católica en responder a esta ley.

¿Cómo se produce el padrinazgo? Un edecán se hace presente en el bautismo en nombre de la presidencia y asigna una medalla, el diploma y la constancia de una pensión asistencial hasta los 18 años para el niño o niña. La pensión se efectúa a través del Banco de la Nación y, de forma regular, el menor es visitado por un asistente social del Ministerio de Desarrollo Social para asegurar el seguimiento de la crianza. Desde el comienzo de esta singular tradición ya se han registrado más de 1.200 ahijados presidenciales.

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