Creyó que veía doble por un vuelo de larga distancia pero el diagnóstico lo cambió todo: qué descubrieron
Su testimonio se ha difundido masivamente en redes sociales, recordándonos que el cuerpo tiene formas muy particulares de avisar cuando algo no anda bien.
El caso sorprendente de la mujer que creyó tener secuelas de un vuelo largo
Abi detectó los primeros problemas de visión doble inmediatamente después de bajar del avión, descartando inicialmente síntomas como náuseas.
La paciente sufrió una pérdida de coordinación motriz en su lado derecho mientras se encontraba alojada en un hotel de Estados Unidos.
Al regresar al Reino Unido, los síntomas se agravaron con la parálisis parcial de un ojo y serias dificultades para deglutir alimentos.
Los especialistas de Birmingham confirmaron que se trataba de un glioma de grado 3, un tipo de cáncer de rápido crecimiento y difícil acceso quirúrgico.
El caso de una joven viajera ha encendido las alarmas sobre la importancia de no subestimar los síntomas físicos tras los traslados internacionales. Lo que comenzó como una leve molestia visual durante un vuelo de larga distancia, inicialmente atribuida al agotamiento y al "jet lag", terminó convirtiéndose en el inicio de una compleja odisea médica.
Para Abi Bradley, la sensación de ver doble parecía la consecuencia lógica de cruzar varios husos horarios sin dormir. Sin embargo, lo que ella creía que era un simple efecto secundario de la altitud y la fatiga, resultó ser una señal de alerta que le salvó la vida.
Qué le sucedía a la mujer que veía doble y recibió un diagnóstico inesperado
Cerebro ELA
Shutterstock
Lo que Abi supuso que era una consecuencia temporal de la presión de un vuelo internacional (una persistente visión doble) terminó siendo la primera señal de una grave enfermedad neurológica.
Al aterrizar, la joven notó que el síntoma no desaparecía con el parpadeo y, poco después, mientras se encontraba en un hotel, comenzó a experimentar una alarmante pérdida de coordinación en el lado derecho de su cuerpo. Aunque una primera tomografía en un centro de urgencias de Massachusetts no reveló irregularidades, su estado empeoró progresivamente al regresar al Reino Unido, sumando dificultades para tragar y una desviación evidente en su ojo izquierdo.
Tras ser derivada al Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, una resonancia magnética reveló la presencia de un glioma de grado 3, un tumor agresivo ubicado en la parte posterior del cráneo con extensión hacia la médula. Debido a su localización, los médicos determinaron que el tumor era inoperable, por lo que Abi debió someterse a intensos ciclos de quimioterapia y radioterapia.
Afortunadamente, para el año 2020, el tratamiento logró reducir la masa tumoral del tamaño de una pelota de golf al de una uva. En la actualidad, tras una recuperación gradual de su movilidad, Abi ha retomado su vida laboral como secretaria y mantiene una vigilancia estricta mediante controles trimestrales para monitorear su evolución.