Confesó 40 asesinatos pero fue sospechado de más de 400 crímenes: quién es Charles Cullen y cuál es su historia
Las investigaciones posteriores revelaron un entramado de silencios, advertencias ignoradas y errores que permitieron que siguiera cometiendo crímenes.
La historia de Charles Cullen, el asesino en serie que desató muchos crímenes en los 90´
Charles Cullen, enfermero de Nueva Jersey, confesó al menos 40 asesinatos, aunque las autoridades creen que pudo haber más de 400 víctimas.
Desde la infancia presentó conductas autodestructivas y una historia personal marcada por intentos de suicidio y violencia.
Durante 16 años se movió entre hospitales, usando insulina y digoxina para matar pacientes sin levantar sospechas, gracias a fallas institucionales.
Fue condenado por 17 homicidios y recibió múltiples cadenas perpetuas, pese a que el alcance real de sus crímenes nunca pudo determinarse por completo.
Durante años trabajó en hospitales sin levantar sospechas, atendiendo pacientes y cumpliendo turnos como cualquier otro enfermero. Sin embargo, detrás de esa rutina aparentemente normal se escondía una de las historias criminales más perturbadoras del sistema de salud estadounidense. Charles Cullen, un profesional de la enfermería, confesó haber asesinado a decenas de personas mientras ejercía su trabajo, aunque las cifras reales podrían ser mucho más altas.
Su caso conmocionó a Estados Unidos no solo por la cantidad de víctimas, sino por el modo en que logró operar durante tanto tiempo sin ser detectado. Cullen pasó por numerosos hospitales, aprovechando fallas institucionales, controles laxos y un entorno donde las muertes podían confundirse con causas naturales.
Cuál es la historia de Charles Cullen, el asesino en serie que actuaba de forma tenebrosa
Cullen Charles
Charles Edmund Cullen, enfermero nacido en 1960 en el estado de Nueva Jersey, admitió haber asesinado al menos a 40 pacientes mientras trabajaba en distintos hospitales. Sin embargo, para los investigadores, esa cifra podría ser apenas una parte de la verdadera dimensión del caso: las sospechas apuntan a que el número real de víctimas podría superar las 400.
Cullen creció como el menor de ocho hermanos en una familia católica marcada por la tragedia: su padre murió cuando él tenía apenas siete meses de vida. Desde la infancia mostró señales alarmantes: a los nueve años intentó suicidarse por primera vez y, según los registros, repitió esos intentos en más de veinte oportunidades durante su juventud.
En su vida adulta, Cullen se casó con Adrienne Taub y tuvo dos hijas, pero el vínculo se deterioró rápidamente. El matrimonio terminó atravesado por episodios de violencia doméstica y consumo problemático de alcohol. Para 1987 ya estaba divorciado y comenzó un recorrido errático por distintos centros de salud, donde cambiaba de trabajo con frecuencia.
Su primer empleo como enfermero fue en el Hospital Saint Barnabas, en Livingston, donde cometió su primer asesinato confirmado: el del juez John Yengo. A partir de allí, se repitió un patrón inquietante: ante la mínima sospecha, Cullen renunciaba o era despedido, sin que se activaran denuncias formales.
Durante más de 16 años logró seguir ejerciendo gracias a un sistema que falló de manera sistemática. Según reconstruyó NBC News, fue despedido de cinco hospitales y renunció a otros dos bajo sospechas, pero siempre consiguió nuevos puestos porque las instituciones temían enfrentar demandas judiciales.
Cullen utilizaba principalmente insulina y digoxina, que inyectaba en bolsas de suero para administrar dosis letales de forma progresiva a pacientes vulnerables. Aunque aseguró que su intención era evitar muertes “dolorosas”, reconoció que muchas de sus víctimas no estaban en estado terminal. Finalmente, si bien confesó unos 40 asesinatos, solo fue condenado por 17 casos y recibió múltiples cadenas perpetuas.