Parece que salir a bailar ya pasó de moda. O, al menos, la propuesta clásica de disfrutar desde las 12 de la noche hasta las 6 de la mañana en un boliche con música, bebidas, humo y luces. La industria de las discotecas está en crisis ante el avance de un cambio irrefrenable de hábitos en la nocturnidad.
Boliches en jaque: la caída del consumo nocturno frente a los nuevos hábitos
La crisis en la nocturnidad es una realidad. Con el cierre de históricos locales bailables como El Bosque y Pinar de Rocha, se acentúa una tendencia que marca un quiebre a la hora de disfrutar de la noche.
Así como los cines también se encuentran en una guerra contra las plataformas de streaming, los boliches también libran una batalla contra las nuevas costumbres.
Los cierres de Pinar de Rocha, un ícono de Zona Oeste, y El Bosque, el bastión de Zona Sur; marcaron una época. Si bien el caso del boliche de Haedo tuvo que ver con cuestiones judiciales, la noticia causó fuerte impacto porque no deja de ser uno de los locales bailables que marcó a más de una generación.
Distinto fue el caso de El Bosque, lugar de culto para los jóvenes y adultos de Quilmes, Florencio Varela, Berazategui, Sarandí y zonas aledañas. Sin conocerse motivos puntuales, el remate sacudió a los nostálgicos: a pesar de que no hubo precisiones sobre el destino que tendrá el predio, no descartan que un nuevo proyecto inmobiliario se adueñe de la zona.
Pero no se trata solamente de estos dos monstruos del conurbano. También ocurrió con boliches conocidísimos en la Ciudad de Buenos Aires como City Hall en Villa Pueyrredón, Seven en Caballito (anteriormente conocido como Saint Thomas) y Brook en Palermo. Que no es que cambiaron de nombre, directamente desaparecieron y hoy tomaron la forma de torres de departamentos de 1, 2 y 3 ambientes con distintos amenities.
Destino o causalidad, la noche sí se encuentra en declive y parece ser un síntoma de época. C5N dialogó con Jorge Becco, expresidente de Cedeba (Cámara de Empresarios de Discotecas y Bares de la provincia de Buenos Aires) y propietario de Club Aráoz, quien afirmó que la industria de las discotecas afronta una seria crisis.
"Hoy en día vemos muy floja a la industria de la nocturnidad, pero entendemos que está relacionada con la realidad económica del país, porque todos los comercios están flojos y la falta de plata es algo real", diagnosticó. Y sumó un dato coyuntural: "Aunque suene horrible, los mejores momentos económicos de las discotecas son cuando hay inflación, porque los jóvenes de 18-30 años, no ahorran… no pueden ahorrar. Gastan hasta el último peso en sailr y divertirse. Ahí es cuando todo tipo de negocio funciona".
Y así como las distintas épocas aparejan cambios culturales como la lectura electrónica, las plataformas de streaming y buscar pareja por dating apps, la forma de divertirse en la nocturnidad también cambió.
"Hoy en la noche hay distintas variantes, a principios de los años 70 los boliches hacían bailes domingos a la tarde, donde solo podían asistir parejas. Años después esto empezó a abrirse, así que cualquiera podía entrar solo o en pareja en cualquier discoteca", recordó Jorge, sobre cómo los boliches fueron creciendo en popularidad hasta llegar a su auge durante la década de los 90' y de los 2000.
Y enseguida profundizó: "Con el paso del tiempo fue cambiando la modalidad de todo. Hoy en día tenés recitales, bares, clubes.. hay un montón de oferta, eventos privados, afters… se abrió el mercado tanto que la discoteca puntalmente, lo que antes era la única variante, pasó a ser algo más".
La causa de la crisis, entonces, puede encontrarse en distintas variables. Con recitales que finalizan después de las 12 de la noche, cervecerías o bares que ofrecen opciones de finalizar la jornada nocturna alrededor de las 3 de la mañana y fiestas temáticas que se adaptan a los intereses de su público, la opción boliche genérico queda cada vez más atrás.
Quizás es una cuestión cultural, de querer disfrutar el día o de procurar un mejor descanso. O porque en épocas de crisis y pluriempleo, ya el cuerpo (y el bolsillo) no dan para estar de fiesta hasta las 6 de la mañana. Los motivos pueden ser infinitos, pero que existen, existen, y la modificación de los hábitos en torno a la nocturnidad es evidente.
No obstante, más allá de la diversidad de las alternativas que existen en la actualidad, desde el sector puntualizan que el consumo es el factor que rige esta crisis. Así lo explica Becco: "Hoy los jóvenes salen, pero no gastan. Competís con lugares donde el público entra sin cargo, y si bien el flujo de gente es un poco más reducido, si vienen a boliches, hoy toman una consumición cuando antes eran dos o más".
Las entradas, dependiendo del lugar y la zona, pueden tener costos variados. Algunas pueden comenzar desde los $20.000 o $30.000, y pueden incluir cena show y después entrada sin cargo al boliche. Igualmente, en muchos locales bailables las entradas no incluyen ninguna consumición.
La disminución del consumo es un dato clave. La crisis económica golpea a los jóvenes, por lo que hoy en día ellos hacen otros planes y ya no salen con tanta periodicidad.
Para las generaciones anteriores, salir de noche implicaba una especie de ritual que se replicaba en todos los grupos de amigos. Comprar alcohol para hacer una previa, salir para el boliche y volver tarde. Tan tarde a veces, que además de llegar a casa de día, había que pasar por el "bajón" obligado para comerse alguna hamburguesa, pancho o algo dulce para los golosos.
Hoy en día, todo ese ritual se reconfiguró. Viajar en auto hasta el lugar porque el transporte público tiene cada vez menos frecuencia; pagar una entrada o una mesa y, en el mejor de los casos, también consumir dentro del boliche, se transforma en una checklist que para muchos jóvenes no es opción.
Martina contó que salir a bailar es una alternativa que usa para hacer de forma periódica: "Siendo completamente sincera, por la situación actual del país, lo que más hago con mis amigos es ir a la casa de alguno, porque algunos no trabajan y tampoco está como para salir todos los findes".
"Ahora más de grande vamos más a bares con juegos o que tengan pool. Muy de vez en cuando salimos, porque las mesas del boliche están como $70.000 por persona", opinó.
A Valentino sí le gusta salir a locales bailables, aunque también reconoce que la situación económica obligó a modificar sus hábitos de consumo: "No suelo sacar mesa. Está caro salir, por eso yo trato de no comprar nada en los boliches".
Lautaro lo vive de manera similar. Disfrutando de los primeros años de su segunda década, él prefiere los bares o los locales que ponen música hasta un horario no tan tardío, para generar un ambiente algo más íntimo. "No es que no me guste el boliche", aclara, sino que prefiere "un cumple o con mis más amigos".
La pandemia, punto bisagra para los boliches bailables
La crisis sanitaria que tuvo lugar en 2020 por el COVID-19 cambió la vida de todos definitivamente. Y no solo tiene que ver con los hábitos diarios, sino que estos cambios alcanzaron de manera transversal las formas en las que vemos la vida, de cómo nos vinculamos con la tecnología e incluso con nosotros mismos.
En particular, Jorge Becco apuntó contra la pandemia de coronavirus y las medidas de los distintos gobiernos como principales causantes de la caída de los boliches. Las medidas tomadas en aquel entonces, que implicaron cierres indeterminados de los locales, atentaron seriamente contra los establecimientos: muchos de ellos nunca se recuperaron.
"Después de la pandemia fue el sector más castigado, creo que todavía hay desprotección en la noche, las autoridades piden cosas muy excesivas. Si hubiesen vivido esas situaciones, sobre todo por la experiencia que uno adquiere cuando tiene un negocio y el esfuerzo que se hace para mantener el trabajo, creo que no hubieran tomado las determinaciones que se conocieron", manifestó.
En números, de 100 discotecas habilitadas en la Ciudad de Buenos Aires, entre el 35% y el 40% tuvieron que cerrar sus puertas, dejando morir, sin saberlo, una manera más de vivir la noche.
Ahora, a reinventarse: el plan de los boliches para resistir el cambio
Para Becco, el desafío es tratar de combatir la ola y tratar de resignificar la nocturnidad: "Para reinventarse es estar en contacto con las nuevas modas, la música y sobre todo tener fuertes relaciones públicas que uno contacta para trabajar".
En ese sentido destacó la importancia de trabajar con los streamers considerando que "las redes revolucionaron todo". Para él, "el que tiene un muy buen trabajo de redes, funciona bien dentro del momento que estamos viviendo". Y deja una reflexión: "No es el mejor momento para nadie, así que solamente queda mantenerse y esperar a que pase esto".
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