Recuerda que apenas salió de la casa no fue lo que imaginó. "Yo la padecí, y lo hice notar”, relata el joven. En más de una ocasión, no tuvo un lugar donde pasar la noche, llegó incluso a pedirle ayuda a la producción del programa: “Me decían que no me podían dar una mano porque no estaba en el contrato, y yo lo entendía porque tenían razón”.
Admite que tuvo que hacer “varios sacrificios" para poder seguir viviendo en Buenos Aires: “Hice cosas que no son de mi agrado para quedarme acá, porque es muy caro vivir en la ciudad”. Recuerda que, junto a otro compañero de su edición no tenían dónde dormir y al mismo tiempo, empezaron a recibir mensajes por Instagram de mujeres con propuestas".
“Terminamos aceptando pasar algunas noches con ellas en sus casas a cambio de sexo, porque no teníamos dónde dormir. Era una noche con una, después con otra”, confesó. “Terminamos aceptando pasar algunas noches con ellas en sus casas a cambio de sexo, porque no teníamos dónde dormir. Era una noche con una, después con otra”, confesó.
En sus redes promocionaba casino virtual, vendió contenido y pasó días muy duros: “Comía una sola vez al día. A veces almorzaba al mediodía, un pancho con café y hasta el otro día no volvía a comer”. Ante la pregunta si volvería entrar a la casa de Gran Hermano primero dice que sí, aunque después responde: “En mi Córdoba era feliz, lo que pasa es que no lo sabía”.
Si bien, en la actualidad no vende contenido ni se acuesta con mujeres para tener un lugar donde dormir, asegura que se siente desplazado por la producción. Aun así, intenta seguir adelante: “Agacho la cabeza y sigo, me pongo a dar pelea. Hay participantes de las últimas ediciones trabajando en los programas de Gran Hermano y está bien, yo no soy ortiva, pero sí me siento en desventaja”, finalizó.
Katia, La Barbie Motoquera: "No tengo trabajo, entonces tuve que volver a hacer delivery"
Katia Fenocchio, más conocida como “La Tana”, tiene 34 años y saltó a la popularidad tras ingresar a la edición 2025 del reality como reemplazo de una participante. Antes de entrar a la casa, alquilaba, trabajaba cortando el pelo y hacía delivery con su moto.
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Katia, más conocida como "La Barbie motoquera".
Cuenta que actualmente sigue viviendo en La Matanza, el mismo barrio que la vio crecer y estudia mecánica, una pasión que siempre estuvo ligada a su fanatismo por las motos: “Me gustan las motos”, dice mientras relata que recién llega de la calle, después de una semana en la que hizo algunas publicidades y recibió canjes de ropa.
Hoy vive una realidad muy distinta a la que imaginaba tras salir de la casa. Según explica, nunca entró al reality con grandes expectativas, aunque sí creyó que la visibilidad podía ayudarla a progresar económicamente, “pensé que con la exposición me iba a poder comprar una casa, o un auto y no, después salís y te encontrás con la realidad”, confiesa.
Sin trabajo y con un alquiler que pagar, hoy hace colaboraciones en redes y canje. Si bien reconoce que puede darse ciertos gustos, admite que su principal preocupación pasa por no tener estabilidad económica. En este contexto y pesé a la popularidad que alcanzó durante el reality, asegura que nunca sintió vergüenza de volver a trabajar para mantenerse.
"No tengo trabajo fijo entonces salgo y hago delivery con mi moto”, describe la mediática, sin embargo dice que ya no quiere continuar porque cree que la exposición pública puede perjudicarla. "Quiero dejar el delivery, pero por seguridad, no es porque me golpea el ego, sino más bien porque me pueden escrachar y yo trabajo con las redes”, relata La Barbie Motoquera.
"Ahora quiero buscar un trabajo normal, porque no llego a fin de mes" "Ahora quiero buscar un trabajo normal, porque no llego a fin de mes"
Lejos de frustrarse por la fugacidad de la fama que le dio el reality, asegura que ya logró superarlo y que hoy tiene otro objetivo: abrir su propia barbería. En cuanto a la televisión, a veces asiste al piso donde transmiten el programa en vivo, no le pagan pero ella dice que algunos productores le aconsejan que vaya para seguir apareciendo en la tele, “hace mucho no voy, porque tengo que volver en la moto muy tarde y donde vivo es muy peligroso, y el remis sale caro”.
Por otro lado, asegura que no le gusta pedir trabajo en el medio, y que es un ambiente difícil de atravesar sin contactos, “no estoy enojada con Telefe, pero sí me gustaría tener un lugar en algún panel, o programa de stream, porque estuve encerrada 6 meses”, y continuó, “tengo carácter y personalidad, no fui un participante que pase desapercibida”, finalizó.
Marcelo Carro: "Me sentía un villano para la casa, pero fracasé en el intento"
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Marcelo Carro, exparticipante de la casa, volvió a pedir trabajo en una empresa de logistica.
Tiene 36 años y vive en Lanús. Fue uno de los siete participantes que ingresaron durante una gala especial en la edición 2025. Al entrar, se presentó como un “villano” que iba a revolucionar la casa y aseguró tener una personalidad capaz de manipular fácilmente a los demás participantes. Sin embargo, solo logró sostener ese personaje durante 38 días y terminó siendo eliminado en un versus frente a otra participante. En esta edición Generación Dorada, no asiste al piso con sus compañeros, que cada noche aprovechan los minutos de cámara y si es que Santiago del Moro les cede la palabra.
En una nota que brindó tras salir de la casa, contó que tenía muchas expectativas sobre su futuro: soñaba con modelar, participar en programas de streaming y trabajar como comunicador en la televisión. Sin embargo, la realidad fue distinta a la que imaginaba. Ante la falta de oportunidades en los medios, tuvo que volver a trabajar en logística, el rubro que había dejado para apostar todo a su ingreso a la casa. “Volví a ser jefe de logística en otra empresa”, reveló.
Aclaró que su objetivo nunca fue la fama, “no entré para ser famoso, no me importa eso. Entré porque quería vivir la experiencia, conseguir un trabajo y dedicarme a producir”. También reconoció lo difícil que es mantenerse vigente tras la exposición mediática.
“Apenas salí fue muy loco, todos te piden fotos, pero hay que saber mantenerlo, como me pasó a mí”. “Apenas salí fue muy loco, todos te piden fotos, pero hay que saber mantenerlo, como me pasó a mí”.
Trabajó durante un año en un stream de Uruguay e incluso colaboró con Pilar Smith en Gossip, pero aseguró que la experiencia no fue como esperaba: “No sirve porque no te pagan, entonces perdes tiempo”. En este contexto comprendió que el medio es muy difícil para quienes no tienen contactos y explicó que no estaba dispuesto a “esperar el milagro” de que apareciera una oportunidad o alguien lo descubriera, “yo tenía en mi cabeza la idea de mantenerme en el medio siendo profesional, pero eso no sirve. Y te hablo de todos los programas, solo te quedas si sos bizarro o se te filtra un video, y yo no quiero eso”, expresó.
En este sentido, reconoció que siempre supo que existía la posibilidad de que las cosas no salieran como imaginaba. Sin embargo, destacó que su situación personal le permitió tomar decisiones con tranquilidad: “Por suerte soy soltero, no tengo hijos, tengo una casa propia, por eso pude decidir que hacer”.
“Mi experiencia cuando salí de la casa fue nefasta, siento que fracasé en lo que quería lograr”, comenzó recordando su paso por el reality, y continuó: “Sí me siento algo frustrado, pero ahora estoy cien por ciento abocado a mi trabajo. No miro atrás con resentimiento, fue una experiencia más”. Ante la pregunta de si se arrepiente de haber ingresado a la casa, aseguró que no, aunque reconoció que, con el diario del lunes, tomaría otra decisión: “Si yo hubiera sabido todo lo que iba a pasar, decía que no”.
Hoy Marcelo, tiene una vida normal, asiste todos los días a la oficina y no sigue Gran Hermano, “siempre me gustó el formato, pero siento que lo arruinaron, hay gente acomodada”, y continuó, "siento que merezco un lugar, porque soy profesional", finalizó.