Se supo de qué trabajaba Mario Pergolini antes de ser famoso: descolocó a todos

Una divertida confesión al aire sacó a la luz una faceta completamente desconocida en los comienzos del conductor.

Mario Pergolini protagonizó un gran momento al revelar detalles inéditos de su juventud durante una reciente emisión de Otro día perdido. Lejos de los estudios de grabación y de su actual rol empresarial, el conductor rememoró una etapa muy lejana de su vida que dejó atónitos a todos los presentes en el estudio. La insólita anécdota dejó en evidencia una faceta desconocida de sus comienzos laborales que provocó risas inmediatas entre sus compañeros de mesa.

El conductor participó en un emotivo segmento especial por el Día de la Madre.

El conductor participó en un emotivo segmento especial por el Día de la Madre.

El trabajo de Mario Pergolini antes de ser famoso

Mario Pergolini sorprendió al compartir una anécdota desconocida de su juventud durante una charla en televisión. En medio de un debate sobre las costumbres de los restaurantes actuales, el conductor recordó una experiencia laboral que vivió mucho antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de los medios argentinos. En su historia habló sin filtros sobre las situaciones que vivió durante aquella etapa de su vida.

Durante el programa, el conductor contó que a los 17 años trabajó como mozo en un restaurante llamado La Jirafa Azul, ubicado en Villa Gesell. En este sentido, recordó aquella experiencia mientras cuestionaba algunas prácticas de los establecimientos gastronómicos actuales. “Tengo 62, imagínense hace cuánto tiempo”, comentó.

Sin embargo, lo más llamativo de la anécdota de Mario Pergolini no fue el trabajo que desempeñaba, sino una tentación que, según reconoció, le resultaba difícil controlar mientras atendía a los clientes. “Qué manera de comer ravioles, Dios mío. Era chico, no podía evitar no sacar uno del plato del que llevaba”, confesó entre risas el conductor del programa nocturno.

La anécdota surgió durante una conversación sobre algunas costumbres de los restaurantes que le resultan molestas. Uno de sus principales cuestionamientos estuvo dirigido a los locales que tienen poca iluminación y obligan a los comensales a utilizar la linterna del celular para leer la carta. “Para mí fue grande el día que se iluminó en una pantalla el menú y pude abrir las cosas y decir: ‘¡Ah, milanesa!’”, comentó.

El conductor también apuntó contra los establecimientos que utilizan la penumbra como parte de su estética, pero no ofrecen suficiente luz para que los clientes puedan leer cómodamente. “Las parejas grandes estamos con el celular a punzón. No es romántico, no se ve un carajo”, lanzó.

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