Roma tiene 22 años y es una de las referentes femeninas del rap en la Argentina, no solo por su increíble talento a la hora de improvisar, sino por su valentía al posicionarse ideológicamente cada vez que tuvo la oportunidad.
La rapera María del Rosario Flores Galarregui le abrió las puertas de su casa a C5N para una entrevista exclusiva sobre su impronta en la cultura urbana.
Roma tiene 22 años y es una de las referentes femeninas del rap en la Argentina, no solo por su increíble talento a la hora de improvisar, sino por su valentía al posicionarse ideológicamente cada vez que tuvo la oportunidad.
"Yo conocí el rap por Eminem y empecé cuando mi primo me presentó el freestyle en Argentina, cuando me mostró videos del Quinto Escalón. Ahí me descargué Rap Battle en el celu, una aplicación viejísima que ya no existe... La app te tiraba temáticas, te daba bases y arranqué a rapear sola en mi cuarto. En ese momento compartía la habitación con mi hermanito, así que cuando el dormía yo practicaba susurrando", contó sobre sus comienzos.
En 2017, la MC, que ya venía practicando en su habitación y había mejorado considerablemente su destreza en el freestyle, se animó y enfrentó su primera batalla con público. "Me enteré que había una competencia cerca de mi casa. Mi primo dijo de ir, pero al final no podía, así que me mandé sola. Cuando empecé pensaba 'Soy la peor de todos y todas´. Me sentía así. Pero la primera vez que competí viví lo que es la adrenalina que hasta el día de hoy la tengo. Te palpita el corazón, te tiemblan las manos, las piernas, estás como alerta. Sos eso cuando competís y considero que esa sensación es muy adictiva. No gané, pero fueron 40 segundos ida y vuelta, desde octavos y grabado el video. Re expuesta", contó.
Si bien la calidad de las barras que Roma tiraba sorprendían al público, hubo algo que llamó la atención aún más en el público: su compromiso social y su participación activa en la lucha feminista. "Todavía es un proceso. Hay personas como La Rose o La Joaqui que abrieron el panorama. Hubo ciertas raperas que tuvieron que comerse faltas de respeto por parte de varones partícipes de la cultura para que yo hoy en día pueda soñar con estar en una Red Bull. Ya desbloqueamos un ítem, el segundo a desbloquear era el público. A ese garrón me lo comí yo. Abrimos puertas de generación en generación porque no es tan fácil".
"Hay varones -añadió- que realmente se sienten atacados con las mujeres y es re loco. Les duele mucho en el ego perder con una mujer, por eso hay muchos que conmigo tienen sus mejores batallas porque yo ni en pedo me dejo quebrar y ellos ni en pedo quieren perder conmigo".
Hace seis semanas, la artista lanzó un nuevo single que impactó en su audiencia. Hyrule es una canción punk muy diferente al ritmo que la solían encasillar. "Desde antes de rapear hago música. Para la gente es súper raro encontrarse con esa faceta mía, pero fue parte de mí desde el comienzo. Toco la guitarra bien, pero después siento que si me tirás un instrumento puedo sacar algo. Me encantaría tocar el piano y la batería, qué loco es descordinar las manos".
A pesar de ser una de las raperas más distinguidas del país, la realidad económica fue más fuerte y Roma, que podía dedicarse de lleno a su música, debió sumar a su profesión un trabajo convencional como recepcionista: "La verdad es que tuve que salir a buscar este tipo de trabajo como última instancia, porque la que ven acá es mi casa y estaba a punto de perderla. No llegaba a fin de mes, no cerraban las cuentas, estaba comiendo poco porque no me alcanzaba. Yo vivo sola desde los 19 años y todo lo que tengo lo compré con mi arte trabajando para empresas privadas. De la nada hoy se nos fue todo porque te convencieron de que la cultura es un curro y no lo es".
"Cuando estaba en el secundario fui a un comedor en una villa y la idea era dar talleres. Yo di uno de rap y me acuerdo que tuve varios alumnitos, de 13 a 17, que eran más atrevidos porque estaban en la edad del pavo, pero también tuve nenes más chicos, de 5 a 9 años. Eran los únicos que me prestaron atención, que se re coparon, se sentaron a rapear conmigo y se animaron. Me acuerdo de David, un nene de 8 años. que le ponían un beat y empezaba a hablar, a liberar esa emoción. Ver a un nene de 8 años hablando del hambre, de su familia, de su casa, me partió. Quieren convencerte de que es un curro porque es un movimiento popular, cuando yo vi con mis propios ojos eso", concluyó.