Osqui Guzmán vuelve a la avenida Corrientes con El Bululú. Antología endiablada, una obra que reivindica la identidad, la memoria y las raíces culturales en un contexto que el actor define como de “horror absoluto”. En diálogo con C5N, el artista advirtió sobre el retroceso económico y social, la pérdida de espacios de encuentro y las dificultades que atraviesan el teatro y la cultura, pero también defendió el valor de las artes escénicas como una forma de resistencia frente al odio y la violencia.
“Nos pone muy contentos que El Bululú esté en el lugar que se pensó, donde las cosas se discuten y se viven de una manera diferente”, sostuvo Guzmán. Para el actor, la obra adquiere una relevancia particular en el presente: “Es un espacio de resistencia y lucha en el sentido de ofrecer lo opuesto: a mayor odio, más amor. A mayor violencia, más paz y claridad. A más grotesco, mayor belleza”.
Una herencia teatral que se convirtió en homenaje
La historia de El Bululú comenzó mucho antes de que Guzmán llevara su propia versión al escenario. En los años 70, el actor español José María Vilches recorrió los escenarios con un espectáculo unipersonal en el que interpretaba personajes, poemas y canciones. Realizó más de 4.500 funciones y construyó una trayectoria que quedó grabada en la memoria de varias generaciones de espectadores. Su muerte trágica en la ruta, en 1984, hizo que su figura permaneciera durante años principalmente en el recuerdo de quienes lo habían conocido y admirado.
Guzmán llegó a ese universo cuando tenía 18 años. Su primer director teatral, Juan José Citria, le entregó un casete con una grabación del espectáculo y le recomendó escucharlo porque era “mejor que cualquier clase de teatro”. Aquella experiencia lo marcó profundamente: a través de la voz de Vilches, podía percibir las reacciones del público, las carcajadas y los silencios, y descubrir las posibilidades expresivas del oficio actoral.
“Sentía que estaba aprendiendo de la mano de los grandes maestros del teatro”, recordó. La grabación abrió su imaginación y le permitió comprender la capacidad de un intérprete para conducir las emociones de quienes lo escuchan.
Con el tiempo, Guzmán empezó a representar fragmentos de aquel material en el conservatorio y, en 2010, decidió rendirle homenaje con una propuesta propia. Junto con Leticia González de Lellis escribió El Bululú. Antología endiablada, que combina la tradición del Siglo de Oro español, autores como Cervantes, Lope de Vega y Quevedo, y la obra de Federico García Lorca con elementos de la cultura boliviana, heredada de la familia del actor. El proyecto fue presentado en el Teatro Cervantes y, desde entonces, recorrió distintos escenarios.
Para Guzmán, no se trata solamente de recuperar un espectáculo, sino de mantener viva una cadena de transmisión cultural. “Es una especie de herencia cultural, un traspaso de posta”, explicó.
Un actor hecho de retazos de historia
La identidad ocupa un lugar central en la propuesta. Hijo de padres bolivianos y costureros, Guzmán construyó su versión a partir de la figura de Vilches, un inmigrante español que hizo su vida y su carrera en la Argentina. En ese cruce encontró también una manera de homenajear sus propios orígenes y reivindicar la huella de la inmigración latinoamericana en la cultura nacional.
El actor recordó el mensaje que le envió una escritora después de ver la obra: le emocionó entrar al Metropolitan y presenciar cómo el público aplaudía de pie al hijo de una familia de clase baja trabajadora. Para Guzmán, esa imagen sintetiza parte del sentido del espectáculo.
“Cuando se habla de inmigración en Argentina se piensa en la europea, pero tenemos que reconocer que también la inmigración latinoamericana ha dejado su huella y yo soy uno de los cuerpos de esa huella”, afirmó. Y definió a El Bululú como el recorrido de “un actor migrante” que recuerda que todos estamos hechos de fragmentos de historia, atravesados por los dolores, las alegrías y los fracasos de nuestros pueblos.
Esa dimensión convive con una experiencia personal que se renueva cada vez que vuelve a escena. El espectáculo exige una intensa preparación física y vocal, pero también lo conecta con el joven que daba sus primeros pasos en el teatro, caminaba durante horas entre ensayos y no tenía dinero para sostener su vocación.
“Me ayuda a volver a encontrar quién fui y quién es ese chico que empezó estudiando”, contó. En ese reencuentro aparece una gratitud profunda hacia el oficio, que le dio la posibilidad de construir una identidad y encontrar su lugar en el mundo. Por eso, cada función representa también una celebración: “Vuelvo a hacer El Bululú y siento que puedo volver a saborear el delicioso fruto de la existencia”.
El teatro frente al horror y la pérdida del encuentro
Al analizar el presente argentino, Guzmán trazó una distinción entre el terror y el horror. Mientras el primero permite reconocer aquello que provoca miedo, el segundo aparece cuando el monstruo está enfrente y no se logra ver. “La situación está horrible en el sentido del horror”, advirtió, al cuestionar el retroceso económico, político y social que atribuye al avance del neoliberalismo.
El actor sostuvo que el conflicto también atraviesa a la cultura y que los artistas intentan recuperar espacios de encuentro que se fueron perdiendo. “Nos da miedo salir, nos da miedo encontrarnos, nos da miedo hablar. Sentimos un pánico y no sabemos a qué”, describió. Frente a ese escenario, señaló que la comunicación permanente a través de los teléfonos no reemplaza el contacto directo entre las personas.
Para Guzmán, el teatro ofrece precisamente esa posibilidad: verse reflejado en el otro y construir una red compartida de emociones, sueños y experiencias. Esa relación entre artistas y espectadores constituye, según su mirada, una parte esencial de la cultura y una herramienta para atravesar los momentos de crisis.
El factor económico, reconoció, es grave y condiciona la actividad, pero consideró que la respuesta no puede quedar limitada a esa dimensión. Recordó que el teatro también resistió en los años 90, durante otro período de políticas neoliberales, y llamó a recuperar aquella capacidad de organización y encuentro.
“Si los artistas entramos en el clima de angustia, ahí es cuando el destino de nuestro pueblo está perdido”, afirmó. En ese sentido, El Bululú no busca escapar del presente, sino ofrecer una respuesta desde el arte: recuperar la memoria, reconocer las propias raíces y sostener la posibilidad de encontrarse con los demás. “Es darle una posibilidad a las buenas cosas que creamos como humanidad, de exponerse y sembrar semilla”, resumió.
El Bululú. Antología endiablada se presentará todos los martes de noviembre a las 20.30 en el Teatro Metropolitan, sobre la avenida Corrientes. Las entradas están disponibles a través de Plateanet.