En varias oportunidades nos referimos en esta columna a la profunda crisis de liderazgo que atraviesa el peronismo luego del decepcionante gobierno de Alberto Fernández, la derrota de las últimas presidenciales de la fórmula Sergio Massa-Agustín Rossi y la fractura que afronta el sector más duro del kirchnerismo, con Máximo Kirchner y La Cámpora por un lado, y Axel Kicilloff y Andrés Larroque, por el otro. Una mezcla de desarticulación política con efectos lógicos de la derrota y hasta una crisis de crecimiento explican esto. Por supuesto que, en la semana en la que comenzó el juicio oral contra los autores materiales de su intento de asesinato, la persecución judicial y mediática que ha sufrido la expresidenta Cristina Kirchner también es un trasfondo de esta realidad.
Un escenario generalizado: el peronismo, el PRO y La Libertad Avanza, presas de sus internas
La principal fuerza opositora atraviesa una profunda crisis de liderazgo, mientras que el partido que fundó Mauricio Macri experimenta una situación política más compleja. En el oficialismo, el desembarco de Sturzenegger amenaza con generar conflictos no solo con Luis Caputo, sino también con Karina Milei y Santiago Caputo.
Pero esta interna podría ser la más lógica dentro de un escenario político que ha visto cómo se generalizan los conflictos intestinos, incluso entre los triunfadores.
La situación del PRO es más compleja y podría ser considerada de carácter mixto. Les fue muy mal en las elecciones generales del año pasado -en las que la candidata Patricia Bullrich salió tercera- pero el apoyo del expresidente Mauricio Macri a Javier Milei en el balotaje los colocó en una situación que, vista de modo superficial, puede considerarse de cogobierno.
Esta última apreciación entraña, por supuesto, cierta polémica por varios motivos. Por un lado, porque desde el PRO siempre se ha aclarado que los dirigentes que se han unido al gobierno libertario lo hicieron a título personal y sin el apoyo de una alianza estructural entre las dos fuerzas. Por otro, porque desde que Macri resolvió que asumiría la presidencia del partido que él mismo fundó, el esfuerzo ha estado más dirigido a diferenciarse que a encontrar coincidencias. Esto también tiene matices porque el acompañamiento legislativo del PRO a la Ley Bases fue monolítico e incluso arrastró a la mayoría de sus exsocios en Juntos por el Cambio.
A nadie se le escapa que Milei está encarnando la máxima que el propio Mauricio Macri habría seguido si hubiese vuelto a ser presidente: todo más rápido y más profundo. Entonces, el despegue del expresidente de Boca del proyecto libertario obedece a otras razones. Principalmente a la certeza de que demasiada cercanía desdibujaría al PRO hasta su disolución.
Si a Milei le fuera bien en su gestión -hoy eso parece improbable pero no imposible- una parte del electorado de Juntos por el Cambio que lo acompañó en el balotaje abandonaría al macrismo para apoyar una opción que también encarne el antiperonismo pero sea más eficaz. Si a la gestión de La Libertad Avanza le fuera mal, la certeza del cogobierno arrastraría electoralmente también al PRO.
Todo indica que el escándalo que se vivió esta semana en el encuentro de la Asamblea Nacional del partido, en el que los seguidores de Patricia Bullrich se retiraron entren gritos, denunciando la ruptura de un pacto, es la muestra cabal de la disputa interpersonal por el liderazgo.
En el entorno de Bullrich creen cabalmente que, de darse una interna, la ministra de Seguridad vencería a Macri. De hecho, un duro documento de la Fundación Pensar -think Tank amarillo- de esta semana critica el rumbo del Gobierno por el impacto de sus decisiones en la actividad y el empleo y la conflictividad social que esto generará. En este punto, no queda más que señalar la incoherencia de la posición macrista. No hay forma de encarar el feroz ajuste que el propio expresidente le pedía a Milei sin que las consecuencias sean esas.
El oficialismo también tiene sus internas
En La Libertad Avanza las cosas no están mejor que en las otras fuerzas. Con la Ley Bases aprobada y el Pacto de Mayo a horas de firmarse, las internas entre los distintos sectores del Gobierno marchan al ritmo de las turbulencias económicas y los desastres sociales.
La llegada de Federico Sturzenegger, que es vendida por el relato mileísta como una demostración de fuerza y profundización del modelo, amenaza con generar conflictos con el ministro de Economía, Luis Caputo, y hasta con Karina Milei y Santiago Caputo. Sturzenegger no llegó al Gabinete para ser uno más, sino para liderar el proyecto máximo de la derecha argentina que es el desguace final del Estado y la entrega de nuestro país a los capitales concentrados vernáculos y del mundo.
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