El pliego de Michelli y la muerte del Indio Solari: el Gobierno se empantana en episodios insólitos

En una sociedad cansada y angustiada por el ajuste y el endeudamiento familiar, las narrativas confrontativas que antes servían para instalar agenda hoy resultan menos efectivas; la aprobación del pliego en el Senado se transformó en una derrota política tan evidente como difícil de disimular.

"La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo", reza una muy recordada canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La sentencia parece aplicable a este momento del Gobierno. Mientras Karina Milei, la secretaria General de la Presidencia, intenta exhibir disciplina interna y control político, toda la administración terminó atrapada en una sucesión de episodios que exponen exactamente lo contrario: fracturas, improvisación y una creciente obsesión por los enemigos reales o imaginarios.

La muerte del Indio Solari volvió a mostrar una faceta conocida del universo libertario. En lugar de limitarse a despedir a una de las figuras más influyentes de la cultura popular argentina, algunos referentes oficialistas aprovecharon la ocasión para reabrir la guerra cultural. Hubo mensajes protocolares y respetuosos, como el del secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, pero también intentos de utilizar la figura del músico para ajustar cuentas con el kirchnerismo y con una parte importante de la identidad cultural argentina.

El más repudiado por estas horas es el mensaje del insólito cineasta presidencial, Santiago Oría, que escribió en X: "Tengo todos los discos de los Redondos. De adolescente era fanático. A partir del 2008, con la crisis de la 125, el kirchnerismo creó la grieta en la sociedad: un nivel de virulencia visceral y polarización que no existía antes entre los argentinos. Sí, los músicos tenían sus ideas e ideologías, pero la cosa no estaba partidizada, ni nadie estaba obligado a definirse por CFK o no. El kirchnerismo le hizo un inmenso daño al arte, la cultura y la posibilidad de disfrutarla todos en paz. Indio, QEPD".

Las críticas no llegaron solo de usuarios dolidos por la pérdida de un ícono inmenso de la cultura popular argentina, sino también del propio sector de Santiago Caputo, que entiende que se trata de una torpeza que ni siquiera contribuye a los objetivos que el oficialismo suele atribuirle a esa disputa cultural.

El trabajo audiovisual de Oría ya había sido repudiado esta semana por los médicos del Garrahan. El cineasta libertario estrenó un pseudo documental llamado Los héroes del Garrahan, una pieza de 15 minutos que busca instalar una narrativa oficial y persecutoria contra el personal del hospital en relación con el conflicto que atraviesa el principal centro pediátrico del país.

Pese a la difusión que recibió desde las cuentas oficiales y al respaldo explícito del vocero presidencial, Manuel Adorni, el documental tuvo una repercusión limitada. En cambio, cobró mayor visibilidad la respuesta del personal del Garrahan, que realizó un acto y una conferencia de prensa acompañados por familiares de pacientes internados. Allí respaldaron los reclamos salariales y denunciaron que la versión difundida por el oficialismo no refleja la realidad cotidiana del hospital.

Uno de los aspectos más cuestionados de la producción es la ausencia de testimonios de sectores de base. Los entrevistados pertenecen exclusivamente al personal jerárquico y el único que aparece identificado con nombre y cargo es Mariano Pirozzo, director médico e interventor del hospital desde 2025. Su figura genera fuertes resistencias dentro de la institución debido a sus antecedentes de gestión en otros centros de salud públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

"Cuando llegó al Garrahan venía de haber hecho pelota al hospital Baldomero Sommer y de impulsar más de 200 despidos en el hospital Laura Bonaparte", afirmó el secretario general de la Junta Interna de ATE, Alejandro Lipcovich. Para el dirigente, el desembarco de Pirozzo respondió al objetivo de aplicar en el hospital la misma lógica de ajuste impulsada por el Gobierno nacional. "Llegó con el mandato de ordenar el hospital en los términos que entiende este Gobierno: ajuste, vaciamiento y disciplinamiento de quienes se organizan para defender la salud pública", sostuvo.

Tanto en la difusión de este video como en las idas y vueltas en relación con la muerte del Indio Solari se advierte una dinámica que corre en paralelo al deterioro de la imagen del Gobierno. En una sociedad cansada y angustiada por el ajuste y el endeudamiento familiar, las narrativas confrontativas que antes servían para instalar agenda hoy resultan menos efectivas.

La paralización en algunas áreas de gestión o legislativas, de cualquier modo, no implica un freno al rumbo. El loteo, la privatización y la renegociación de áreas del Estado para beneficiar a grupos cercanos siguen viento en popa. El jueves, la administración Milei preadjudicó a la empresa belga Jan de Nul y a su socia local Servimagnus la concesión por 25 años de la Hidrovía Paraná-Paraguay, la principal vía de salida de las exportaciones argentinas. La firma quedó al frente de una licitación que contempla inversiones estimadas en unos u$s10.000 millones para profundizar y ampliar el corredor fluvial.

La Hidrovía concentra cerca del 80% de las exportaciones de granos, harinas y aceites vegetales del país, por lo que su operación resulta estratégica para el ingreso de divisas. Jan de Nul, que ya participa de las tareas de dragado desde la década de 1990, se impuso en la compulsa a la también belga DEME Group y quedó a un paso de asumir formalmente la concesión. Pero detrás de la estructura societaria aparece el grupo más beneficiado por Santiago Caputo durante los dos años de gestión de Milei: los Neuss.

Sin embargo, no todo son buenas noticias para los amigos de la infancia del líder de las "Fuerzas del Cielo". La interna entre Karina Milei y Caputo ya comenzó a impactar sobre intereses económicos concretos. En ese marco se interpretó el anuncio de Manuel Adorni sobre la apertura de la VTV a talleres privados. La medida golpea directamente uno de los activos más importantes del Grupo Neuss, que controla las plantas de verificación vehicular en la provincia de Buenos Aires desde los años 90 y también tiene participación en la Ciudad desde 2016.

La iniciativa fue presentada como una desregulación destinada a terminar con los monopolios, pero también toca uno de los puntos más sensibles de la interna: los negocios. Y no se trata de uno menor. Entre la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, la VTV mueve miles de millones de pesos al año y constituye una de las principales fuentes de ingresos del grupo empresario. La avanzada sobre los Neuss se suma a otros movimientos que, en las últimas semanas, expusieron la decisión de Karina Milei de recortar espacios de influencia vinculados al asesor presidencial.

Pero, quizás lejos de la discusión pública, el verdadero golpe para la Casa Rosada llegó esta semana desde el Senado. La aprobación del pliego de la jueza María Verónica Michelli se transformó en una derrota política tan evidente como difícil de disimular. El Gobierno intentó bloquear su avance, a pesar de haber promovido previamente su candidatura, pero la maniobra terminó saliendo mal.

No solo porque el pliego fue aprobado, sino porque dejó al descubierto una rebelión interna encabezada por Patricia Bullrich, con apoyo de Victoria Villarruel. La senadora se negó a acompañar el retiro impulsado por la Casa Rosada y llegó a invocar una "cláusula de conciencia". En cualquier gobierno que presume autoridad vertical, semejante desafío constituye una señal de alarma. Sobre todo si proviene de una de sus principales espadas parlamentarias.

Poco importó que horas antes la propia Bullrich se fotografiara con la hermana presidencial en una supuesta reunión de trabajo. Ahora el Presidente enfrenta dos problemas: resolver qué hacer con el pliego de una jueza a la que ya no quiere y administrar un nuevo desplante de una dirigente que conserva peso propio dentro del oficialismo.

En esto último, los Milei no parecen tener demasiadas alternativas. Bullrich ha aportado votos al espacio y conserva volumen político propio. "Mejor conservarla de aliada que de enemiga", admiten en la Casa Rosada, quizás vislumbrando el futuro. Tanto ella como el expresidente Mauricio Macri negaron esta semana versiones sobre contactos políticos entre ambos.

De cualquier modo, Macri no dejó pasar la ocasión. Con el Gobierno golpeado por esta derrota inesperada en el Senado y por el escándalo Michelli, salió a recorrer Entre Ríos y Santa Fe para mostrarse como una alternativa dentro del oficialismo ampliado. Tuvo foto con Rogelio Frigerio y Maximiliano Pullaro y eligió ese contexto para volver a hablar de instituciones y cuestionar los avances del Gobierno sobre la Justicia. El fundador del PRO percibe que el mileísmo ya no luce invencible y empezó a moverse en consecuencia. Cada traspié de la Casa Rosada le permite recordar quién sigue teniendo la llave de buena parte de la gobernabilidad.

La escena tiene algo de paradoja. El mismo Macri que durante meses respaldó al Gobierno y hablaba de hacer el ajuste "más rápido y más profundo" ahora marca distancia cuando las consecuencias sociales de ese ajuste comienzan a impactar sobre la imagen presidencial.

La otra situación controvertida forma parte del terreno de la hipocresía. Macri fue uno de los mayores responsables de la colonización política de la Justicia, con el fuero federal y la Corte incluidos, y sin embargo hoy habla de respeto institucional. Un viejo doble discurso de la derecha: declamar valores republicanos mientras se los subordina a conveniencias propias.

Una de las víctimas más emblemáticas de ese funcionamiento judicial es la expresidenta Cristina Kirchner, de cuya detención se cumple un año esta semana. El kirchnerismo duro exige que la defensa de la exmandataria sea el eje ordenador de toda la oposición, mientras otros sectores, encabezados por Axel Kicillof y dirigentes del peronismo federal, consideran que la reconstrucción política requiere una agenda más amplia. La nueva línea federal se reúne este lunes y Kicillof estuvo activo en los homenajes al Indio Solari e incluso coordinó con Máximo Kirchner detalles de la despedida.

Más allá de las disputas sobre la valoración de la detención de Cristina Kirchner, los efectos del lawfare sobre la principal fuerza opositora son evidentes. Resulta difícil pensar en una democracia plenamente saludable con una de las dirigentes más importantes del país privada de su libertad en medio de procesos judiciales fuertemente cuestionados.

Por eso, en un escenario tan condicionado, la pregunta sobre si el Gobierno tiene oposición parece secundaria. Más urgente resulta saber cuánto daño puede seguir provocándose a sí mismo —y al conjunto de la sociedad— antes de que alguien logre capitalizar políticamente ese desgaste.