Javier Milei y un discurso que busca reponer el consenso de Washington

El Presidente confrontó a la Asamblea Legislativa con pocas propuestas concretas y un diagnóstico sesgado de los males argentinos. El llamado al Pacto de Mayo que obliga a los gobernadores a recalcular.

El presidente Javier Milei dio inicio a las sesiones ordinarias del Congreso a través de un discurso encendido, plagado de acusaciones al sistema político pero con una invitación a un pacto que remeda casi a la perfección al consenso de Washington.

En medio de puesta en escena que fue una mezcla de copia al discurso del Estado de la Unión norteamericano y nueva liturgia libertaria, el presidente desplegó en el pleno del Congreso una serie de acusaciones a buena parte de quienes lo escucharon y forman parte de la oposición.

El gran público no pudo ver sus reacciones porque la transmisión oficial se encargó de sólo ponchar las reacciones de los propios, enfervorizados por la lista de grandes éxitos “anticasta” que, desde el atril, desplegó Milei. Su performance replicó, en lo formal, a casi toda su carrera mediática y política: comenzó con nervios y con una lectura torpe y fue ganando firmeza conforme avanzaron los minutos. Lo anteriormente consignado no implica necesariamente una crítica negativa al discurso.

MIlei Asamblea Legislativa

Con pocas propuestas concretas, el discurso tuvo el mérito de compendiar el diagnóstico de los males argentinos y su posible solución de un modo que, evidentemente, tiene fuerte eco en un porcentaje importante de la población. Que una porción grande de ese porcentaje sea la que está sufriendo con mucha fuerza el ajuste de Milei y lo justifique por los argumentos que el presidente desplegó el viernes por la noche es un éxito comunicacional que no debe ser soslayado.

No importa que quienes aplauden el embate contra la casta sean integrantes de la familia Menem o dirigentes que hace cuarenta años ocupan despachos del Estado, no importa que muchos de los anuncios genéricos que se hicieron luego no se puedan cumplir por ilegales o improcedentes; ni siquiera es trascendente la evidencia más profunda y es que el programa de gestión de Milei está diseñado para consagrar las desigualdades en el acceso a la riqueza en la Argentina en lugar de mitigarla.

Lo importante es echar más fuego a una hoguera de antinomias ideológicas que justifica hasta el tiro en el pie del que apoya. Algunos de los presentes que cuestionan día a día lo planteado por Milei, no tienen autoridad moral para quejarse de esto. Toleraron o acompañaron la defraudación del pacto electoral del anterior gobierno con la excusa de que “peor es que gane la maldita derecha”.

Las quejas que ayer Milei planteó al sistema político son compartidas por la mayoría de los que lo votaron pero también de quienes no lo hicieron. Pero más allá de los gestos, probablemente efectivos en materia comunicacional, también estuvieron las propuestas. De modo errático, por un lado se anunció que se enviarán proyectos que suplirán en parte los contenidos en la Ley Ómnibus pero no se detallaron sus temas y su alcance.

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Las referencias concretas a medidas estuvieron directamente ligadas o a forzar el estereotipo de lo que fracasó o a volver a la década neoliberal. Los ataques con nombres propios, la crítica a sindicatos y el anuncio del cierre del Inadi o Télam parecen seguir la primera línea. El anuncio de la posible vuelta de las AFJP y la flexibilización laboral, a lo segundo.

Los elogios de Milei a Carlos Menem y un acuerdo plagado de imposiciones

De hecho, las referencias elogiosas al ex presidente Carlos Menem y su proceso de ajuste del Estado no fueron lo más importante de la alusión a los noventa. La convocatoria al llamado Pacto de Mayo, a firmar el día 25 de ese mes en la provincia de Córdoba es una invitación directa a reponer con creces el consenso de Washington, término acuñado en 1989 por el economista John Williamson con el objetivo de describir un paquete de reformas estándar para países en desarrollo golpeados por la crisis, que proponía la gobernanza financiera por sobre las obligaciones del Estado. Ya ha sido señalado el carácter casi idéntico entre los 10 puntos básicos de una y otra propuesta.

Los gobernadores y legisladores de la oposición oscilaron en su reacción entre la valoración del saludable llamado al diálogo y la convicción de que ese diálogo no puede ser un llamado extorsivo a la sumisión. En el discurso, el presidente dejó claro que el acuerdo que propone no admite negociaciones previas, que la llegada de recursos fiscales estará supeditada a la firma del pacto y a la aprobación previa de la ley ómnibus y que cualquier cosa que se aparte de ese camino será combatida.

Si la estrategia de redoblar siempre la apuesta será exitosa o no, sólo el tiempo lo dirá y está atada a otras variables como la marcha de la Economía y la reacción social frente al ajuste. Por lo pronto, el Gobierno podría ganar tiempo con la convocatoria al Pacto de Mayo, poniendo en entredicho la alianza de gobernadores que se forjó al calor del caso Chubut. Tanto para posponer el tratamiento del DNU en el Senado como para el intento de reimponer facultades delegadas puede ser una buena estrategia.

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