Una uruguaya de 97 años reveló que espió para Gran Bretaña durante la Guerra de Malvinas

Ruth Morton rompió el silencio y confesó su complicidad con Reino Unido para comprometer la defensa de Argentina. Pertenece a una familia de espías y se considera "anglouruguaya".

Ruth Morton tenía 53 años cuando la Embajada de Gran Bretaña en Uruguay la mandó a vigilar y reportar los movimientos de los submarinos ARA Santa Fe, ARA San Luis y ARA Santiago del Estero en las costas de Mar del Plata durante la Guerra de Malvinas.

“Yo solía decir que era inglesa. Recuerdo que a mi madre no le gustaba que fuera amiga de los niños de al lado porque eran uruguayos”, le confió al podcast BBC Outlook, en conversación con Graham Bound, isleño fundador del Penguin News, el diario de las Islas Malvinas.

La carrera de espía de Ruth terminó cuando un barco en el mar disparó hacia el edificio en ruinas desde el que vigilaba. No le atinó a la mujer, pero sí a un carpincho que la acompañaba. "Simplemente cayó. Cayó al agua. Sí, me salvó la vida porque podría haber sido yo", recordó.

Después de ese incidente le ordenaron volver a Uruguay y fue reconocida por las Fuerzas Británicas con un documento firmado y un bol de plata.

"Me molestó. Porque no quería ningún reconocimiento. Lo hice porque pensé que era lo correcto, y no esperaba ninguna retribución", concluyó Ruth.

Los Morton, la familia espía

La familia Morton había realizado espionaje británico en Uruguay durante la Segunda Guerra Mundial desde las Oficinas Centrales del Ferrocarril de la capital uruguaya. Para ese trabajo reclutó a las hermanas mayores de Ruth, Rose Lily y Miriam. Ambas interceptaban mensajes, los traducían y los transcribían.

A los 11 años Ruth ya entendía que era parte de una familia de espías y que debía cuidar la información que recibía. Al atender el teléfono en su casa, escribía "palabra por palabra" aunque no supiera qué estaba recibiendo o transmitiendo.

Las hermanas Morton
Las hermanas Morton.

Las hermanas Morton.

Su hermana Miriam, contadora en la embajada británica en Montevideo, la reclutó en 1982 para espiar los submarinos en la base naval de Mar del Plata porque "era menos sospechosa" y quien la puso en contacto con Claire, el nombre clave de la persona a la que debía responder. Tanto Miriam como Ruth viajaron a Buenos Aires.

Qué llegó a informar Ruth Morton a Gran Bretaña

Ruth se arrastraba debajo de las tablas de un edificio parciamente destruido en Mar del Plata para garantizarse "una vista perfecta de los submarinos a solo unos cientos de metros" y cumplir con los pedidos de la embajada.

"Ni siquiera podías sentarte. Me salieron ampollas en las rodillas y codos de tanto arrastrarme, pero fue al principio, luego me acostumbré", describió la ex espía. También contaba con un protocolo de comunicación que debía respetar si notaba algo relevante para informar.

"Si tenía información sobre movimientos de submarinos, debía tomar por lo menos dos autobuses hacia el interior, luego usar un teléfono público para llamar a un contacto angloargentino. Este le daba otro número para llamar, uno diferente cada vez, y le contestaba alguien con acento británico", reconstruyó la uruguaya y reconoció: "No me gustaba esa persona, yo no le gustaba a esa persona, y finalmente desapareció".

Sin embargo, la ausencia de esta persona complicó la transmisión de la información cuando los tres submarinos se movieron a la vez. "Salieron los tres. Entonces sí, pensé que debía informarlo", relató Ruth y agregó: "No debía, pero tenía un número que no tenía que usar, pero como el intermediario había desaparecido, me arriesgué y lo usé".

No solo desapareció su contacto "angloargentino", sino también los fondos para financiar su estadía en Mar del Plata. Para solventarlos tejió gorros con la leyenda "Mar del Plata" que "se vendían como pan caliente". Aún así, tras el incidente del carpincho la devolvieron a Uruguay.

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