Una multitud se congregó este sábado en Nanterre, al noroeste de París, para acompañar el funeral de Nahel, el joven de 17 años que murió luego de recibir el disparo de un policía durante un control de tránsito.
"Que descanse en paz, que se haga justicia. He venido para apoyar a la madre, ella no tenía a nadie más que a él", declaró una asistente que asistió al entierro del joven en el cementerio de Mont-Valérien, donde no hubo cámaras por petición de la familia.
La madre de Nahel, Mounia, oriunda de Argelia, expresó en una entrevista que no culpaba a la Policía en su conjunto, solo al integrante que mató a su hijo. Mientras tanto, la Justicia decretó prisión preventiva por homicidio voluntario para el policía de 38 años autor del disparo.
En tanto, la Policía francesa había arrestado más temprano a unas 1.300 personas en la cuarta jornada de protestas y disturbios tras el caso de gatillo fácil.
El Ministerio del Interior informó que la violencia fue de "una intensidad mucho menor" que en las noches anteriores, pese a que hubo récord de detenidos desde el inicio de la revuelta, que comenzó este martes.
El uso de camiones blindados y el despliegue de 45.000 miembros de las fuerzas de seguridad, que el Gobierno decidió mantener movilizados ante el riesgo de nuevos incidentes, no lograron evitar que las protestas se repliquen a lo largo del país.
Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se hizo eco de las demandas y llamó a las autoridades francesas a ocuparse seriamente de los "profundos" problemas de "racismo y discriminación racial" entre sus fuerzas de seguridad: en 2022 murieron 13 personas en circunstancias similares.