Teherán abre la puerta al diálogo: el canciller iraní bajó la tensión pero marcó límites a Donald Trump

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, aseguró que su país está interesado en desescalar el conflicto y abrir la vía diplomática, condicionada al fin de las ofensivas militares contra su territorio. Mientras que el presidente de Estados Unidos señaló que está dispuesto a conversar: “Ellos quieren hablar y yo he aceptado”.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó que su país está dispuesto a desescalar el conflicto y preparado para dialogar, siempre que cesen los ataques de Estados Unidos e Israel. “Ahora no hay comunicación”, reconoció, aunque dejó abierta la puerta a la vía diplomática: “Si los estadounidenses quieren hablar con nosotros, saben cómo ponerse en contacto conmigo. Sin duda, estamos interesados en una desescalada”. Por su parte, el presidente Donald Trump señaló que está dispuesto a conversar: “Ellos quieren hablar y yo he aceptado”.

Araghchi subrayó que la ofensiva actual es “una guerra elegida por Estados Unidos”, y advirtió que Washington deberá asumir las consecuencias. Al mismo tiempo, insistió en que Teherán no busca la guerra: “Por lo que a nosotros respecta, no queremos la guerra”. En ese sentido, calificó al objetivo de Trump de un cambio de régimen en Irán como una “misión imposible”.

Por su parte, el presidente de Estados Unidos declaró en una entrevista con The Atlantic que está dispuesto a dialogar con los dirigentes iraníes, aunque sin precisar cuándo ni con quiénes se llevaría a cabo ese encuentro. “Ellos quieren hablar, y yo he aceptado hablar, así que hablaré con ellos. Deberían haberlo hecho antes”, afirmó el mandatario.

En ese contexto, añadió: “La mayoría de esa gente ha muerto. Algunos de aquellos con quienes estábamos negociando han muerto”. Trump sostuvo que los dirigentes iraníes “quisieron pasarse de listos”, dejando entrever que las conversaciones previas se vieron frustradas por la actitud de Teherán. Las declaraciones se conocieron poco después de que Washington confirmara las primeras bajas estadounidenses de la campaña: tres militares muertos y cinco heridos graves en el operativo. La noticia marcó un giro en la percepción del conflicto, evidenciando el costo humano inmediato de la ofensiva y aumentando la presión política sobre la administración norteamericana.

Iran

Trump se mostró convencido de que un levantamiento popular contra el régimen iraní es inminente, apoyándose en las imágenes de celebraciones tanto en las calles de Irán como entre la diáspora en ciudades como Nueva York y Los Ángeles. “Eso va a ocurrir. Lo están viendo, y creo que va a pasar. Mucha gente está extremadamente feliz allá”, aseguró el presidente, aludiendo a un clima de entusiasmo que, según él, anticipa un cambio político.

Sin embargo, al ser consultado sobre si Estados Unidos prolongaría los bombardeos para respaldar una eventual rebelión, el mandatario evitó comprometerse: “Tengo que analizar la situación en el momento en que ocurra. No se puede dar una respuesta a esa pregunta”, dejando abierta la posibilidad de ajustar la estrategia militar según la evolución de los acontecimientos, pero sin ofrecer garantías concretas.

El mandatario norteamericano evitó dar detalles sobre posibles amenazas iraníes contra territorio estadounidense y minimizó el impacto económico del conflicto, asegurando que la economía norteamericana sigue siendo sólida pese a las proyecciones pesimistas. En paralelo, la guerra se intensificó: Israel lanzó una nueva oleada de bombardeos sobre Teherán y prometió ataques continuos, mientras Irán respondió con misiles y drones contra Israel y bases en el Golfo. El saldo en Israel ascendió a al menos diez muertos, nueve de ellos en Beit Shemesh, en el ataque más letal desde el inicio de la crisis.

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