Polémica en el festival de música Eurovisión: ganó Bulgaria en medio del boicot contra Israel por la guerra en Gaza

La cantante Dara se quedó con la edición 2026 del histórico certamen europeo en medio de protestas, retiros de países y fuertes cuestionamientos por la participación israelí.

La edición 2026 del festival de Festival de la Canción de Eurovisión terminó en escándalo internacional provocando la crisis política más profunda en los 70 años de historia del concurso. La cantante búlgara Dara se quedó con el triunfo gracias a “Bangaranga”, una canción pop bailable que arrasó tanto en la votación del jurado como en la del público.

La artista superó ampliamente a la representante israelí Noam Bettan y consiguió la primera victoria de Bulgaria en el certamen. Sin embargo, el resultado quedó en segundo plano frente al clima de tensión generado por el rechazo internacional a la presencia de Israel en la competencia.

España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos decidieron boicotear esta edición como protesta por la ofensiva militar israelí en Gaza tras los ataques de Hamas del 7 de octubre. La ausencia conjunta de esas delegaciones marcó un hecho sin precedentes para un evento que históricamente buscó mostrarse como una celebración cultural y de unidad europea.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, respaldó públicamente la decisión de no participar y sostuvo que su país prefería quedar “del lado correcto de la historia”. Mientras tanto, en las afueras del estadio de Viena se realizaron manifestaciones y protestas contra Israel, con consignas que denunciaban un “genocidio” en Gaza.

Aunque la transmisión oficial evitó mostrar incidentes, dentro del recinto hubo silbidos y abucheos durante distintos momentos vinculados a la delegación israelí. La polémica también alcanzó a parte de los fanáticos tradicionales del festival, que promovieron campañas de boicot en redes sociales y cuestionaron a la organización por mantener a Israel en competencia.

El impacto político sobre Eurovisión resulta especialmente relevante por el peso cultural y mediático que tiene el certamen. El concurso, seguido cada año por más de 150 millones de espectadores en todo el mundo, es uno de los eventos televisivos más importantes del planeta y una plataforma de enorme visibilidad internacional para los países participantes. Desde hace décadas funciona además como un espacio de representación política, identidad nacional y diplomacia cultural dentro de Europa.

Más allá de la controversia, la final mantuvo el formato clásico del festival, con espectáculos cargados de coreografías, baladas, pop electrónico y puestas extravagantes. Tras la victoria de Dara, Bulgaria será la sede de la próxima edición del concurso.