El papa León XIV finalizó su visita a España con una condena al tráfico de personas en las Islas Canarias, advirtiendo a las redes criminales que deberán enfrentar la "justicia divina" por explotar la desesperación de los migrantes. En su último día de gira, el Sumo Pontífice se refirió a quienes organizan las denominadas "rutas de la muerte": "Rompan esas cadenas y liberen a aquellos que mantienen en cautiverio", expresó.
Durante un encuentro con organizaciones humanitarias en Tenerife, el primer Papa estadounidense exigió a los traficantes que "devuelvan lo que han tomado y reparen en la medida de lo posible". León XIV enfatizó que por cada vida perdida, familia engañada o trabajador explotado, los responsables habrán de comparecer ante la justicia de Dios, recordando que la misericordia divina exige verdad y reparación.
Como parte de sus gestos simbólicos, el Papa arrojó un ramo de flores al mar desde el "muelle de la vergüenza", un acto que recordó la denuncia del papa Francisco en 2013 contra la "globalización de la indiferencia". En el centro de acogida Las Raíces, el pontífice escuchó testimonios como el de Bousso Diouf, quien pidió respeto y la oportunidad de vivir con dignidad. Ante los presentes, León XIV insistió en que una conciencia cristiana no puede permanecer indiferente ante los naufragios, afirmando que "cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana".
La visita papal coincidió con la entrada en vigor del Pacto de Migración de la Unión Europea, que endureció las normas de asilo, y con datos que sitúan a la ruta atlántica como una de las más mortales: solo en 2025 murieron más de 3.000 personas intentando llegar a las islas. Aunque las llegadas disminuyeron tras el pico de casi 47.000 migrantes en 2024, en los primeros cinco meses de 2026 ya se registraron más de 3.000 arribos. El Papa alertó sobre el "pujante sentimiento antimigratorio" en Europa y llamó a las comunidades a integrar a quienes huyen de la guerra y la pobreza.
El regreso de León XIV a Roma estuvo marcado por un imprevisto técnico que lo obligó a descender del avión papal en Tenerife cuando estaba a punto de despegar. Ante la imposibilidad de una solución inmediata, el Rey de España ofreció su propio avión, un Falcon de la Fuerza Aérea, para trasladar al pontífice de regreso a Italia. Tras el gesto del monarca, el Papa concluyó una histórica semana en la que también visitó Madrid y Barcelona, dejando un mensaje de paz al extranjero.