El insólito sistema bancario que usa queso como garantía, amenazado por el cambio climático en Italia

Un banco acepta hormas de Parmigiano Reggiano en maduración como garantía para otorgar préstamos a productores. Sin embargo, debido al calor extremo que azota a Europa, unas 500 mil hormas valuadas en más de 300 millones de euros están en peligro.

El calor que golpea a Europa tiene un efecto inesperado: un banco de Italia que atesora hormas de queso Parmigiano Reggiano como garantía para créditos a productores enfrenta una suba de los costos de refrigeración para mantenerlos en buenas condiciones, y peligra el equilibro de un sistema financiero que funciona hace más de siete décadas y mueve casi u$s5 millones.

En la región de Emilia-Romaña, en el centro norte del país, el banco Credito Emiliano (Credem) tiene una filial, Magazzini Generali delle Tagliate, que se dedica exclusivamente a algo muy particular: recibir ruedas de queso recién elaboradas y dejarlas madurar en sus depósitos durante 12, 24 o hasta 36 meses.

Cómo funciona el sistema de préstamos con quesos como garantía en Italia

El banco les adelanta a los productores entre el 60% y el 80% del valor del queso apenas lo entregan, usando las propias ruedas como garantía. Ocurre que fabricar Parmigiano requiere mucho tiempo y mucho capital inmovilizado, algo que la mayoría de las queserías familiares no puede sostener sin ayuda, por lo que la solución resulta muy conveniente para ambas partes: si el crédito no se paga, el banco pone el queso a la venta y recupera el dinero.

Hoy, el sistema guarda más de medio millón de hormas, valuadas en unos 300 millones de euros, y hasta incorporó blockchain para que los productores puedan usar el queso como garantía sin moverlo de sus propias plantas.

Los efectos del cambio climático en la industria del queso en Italia

Sin embargo, este año, con las olas de calor récord que azotaron a Europa, el sistema empezó a tambalear. Mantener miles de toneladas de queso a la temperatura y humedad exactas que necesita para madurar bien tiene un costo energético altísimo, y que subió cerca de un 30% en los últimos meses. El banco tuvo que invertir en nuevos sistemas de refrigeración, aislamiento térmico y energías renovables solo para sostener el negocio.

Pero antes, en el tambo, también hay consecuencias. Con el calor extremo, las vacas comen menos y producen hasta un 10% menos de leche. Menos leche y de peor calidad, redunda en menos queso y mayores costos en toda la cadena, mucho antes de que esa horma llegue a la bóveda del banco.

La misma historia se repite en otras joyas del agro italiano. En Franciacorta, la región de los espumantes, la cosecha 2026 arrancó el 30 de julio, la más temprana registrada en la historia. En Sicilia, en cambio, los productores estiraron la vendimia a lo largo de cien días para esquivar el calor en distintas zonas de la isla.

La industria del aceite de oliva, también afectada por el cambio climático.

La industria del aceite de oliva, también afectada por el cambio climático.

El aceite de oliva la tiene todavía peor. En Puglia y Calabria, las dos principales regiones olivícolas de Italia, la producción de la temporada 2025/2026 se ubica entre 270 mil y 300 mil toneladas, muy por debajo del promedio histórico de más de 350 mil. En los años más secos, Puglia llegó a perder más de la mitad de su cosecha.

El economista R. Jisung Park explicó a Fortune que este tipo de casos ilustra algo que suele pasar desapercibido: el cambio climático no siempre pega de un golpe. Muchas veces afecta lentamente a toda una cadena productiva, y el costo final aparece meses después y en un eslabón completamente distinto de donde se originó el problema.

Así, una ola de calor que afecta a las vacas lecheras en abril termina, meses más tarde, encareciendo el balance de un banco. Según Park, ese desfasaje entre la causa y el efecto es justamente lo que hace que empresas y gobiernos sigan subestimando el impacto económico real del cambio climático.