El cambio climático provocado por la actividad humana multiplicó el riesgo de los incendios forestales que golpearon a Chile y a la Patagonia argentina durante enero, el mes más seco de los últimos 25 años en la región. Así lo concluyó un informe del consorcio científico World Weather Attribution (WWA), que evaluó el impacto del calentamiento global en las condiciones extremas que favorecieron los focos ígneos.
De acuerdo con el estudio, el escenario de calor intenso, sequía y vientos que afectó al centro y sur chileno fue hasta un 200% más probable por efecto de las emisiones de gases de efecto invernadero. En el sur argentino, las condiciones de alto riesgo de incendio aumentaron un 150% su probabilidad respecto de un mundo sin calentamiento global.
Los investigadores advirtieron que la tendencia se profundizará mientras continúe la quema de combustibles fósiles. El trabajo utilizó modelos climáticos y datos históricos para comparar el clima actual con el de la era preindustrial, cuando la temperatura global era al menos 1,3°C inferior.
En Chile, los incendios de mediados de enero en Biobío y Ñuble dejaron 23 muertos, más de 1.000 viviendas destruidas y decenas de miles de evacuados. En Argentina, los focos iniciados por rayos arrasaron más de 45.000 hectáreas, incluidas áreas del Parque Nacional Los Alerces, patrimonio natural de la UNESCO y hogar de alerces milenarios.
El informe identificó una combinación de sequías récord y temperaturas extremas como factores determinantes. En El Bolsón se registraron 38,4°C, la marca más alta para un enero. Esquel atravesó 11 días consecutivos de máximas elevadas, en una de las olas de calor más prolongadas en seis décadas. Las lluvias estacionales entre noviembre y enero fueron hasta un 25% menores en Chile y un 20% más bajas en la Patagonia respecto de lo que hubieran sido sin el calentamiento global.
“La vegetación quedó bajo estrés hídrico y con humedad del suelo muy baja. Cuando comenzaron los incendios, había combustible suficiente para que se expandieran y persistieran”, explicó el investigador argentino Juan Antonio Rivera, uno de los autores del informe.
El estudio también apuntó a factores estructurales, como la expansión de plantaciones de pinos y especies exóticas altamente inflamables, que reemplazaron ecosistemas nativos más resistentes al fuego.
En el plano político, el contraste es marcado. Chile incrementó en un 110% el presupuesto para combatir incendios en los últimos cuatro años. En Argentina, en cambio, brigadistas y guardaparques denunciaron recortes y falta de planificación en el marco del ajuste fiscal impulsado por el presidente Javier Milei.
Milei, alineado con el discurso del mandatario estadounidense Donald Trump, ha negado de manera reiterada que el cambio climático esté vinculado a la acción humana. Para los investigadores, esa postura dificulta la adopción de políticas de prevención en un contexto donde los eventos extremos son cada vez más frecuentes y severos.