El papa Francisco continúa con su visita de seis días por Canadá, que tiene como eje el pedido de perdón en nombre de la Iglesia por los abusos cometidos por miembros de comunidades religiosas en los internados por los que desde 1883 hasta 1996 pasaron unos 150 mil niños pertenecientes a los pueblos originarios, a los que el Estado buscaba occidentalizar.
El sistema de internados se extendió por Canadá una vez que el país logró la independencia de Gran Bretaña en 1867 y los primeros Gobiernos locales trazaron un plan para buscar una asimilación forzosa de los indígenas en la flamante sociedad canadiense, de fuerte influencia europea a través de las diferentes oleadas inmigratorias.
Con el antecedente de una primera Ley sobre los Indios de 1876, el Estado dispuso a partir de 1883 la internación, sin consentimiento de los padres, de los jóvenes nativos menores de edad en las denominadas escuelas residenciales, que buscaban borrar las costumbres y culturas de los indígenas para adaptarlos al nuevo país en formación.
Con pocos recursos, las escuelas se convirtieron rápidamente en focos de falta de higiene y condiciones de salud, agravadas por el frío y la alimentación insuficiente. Algunas enfermedades, como la tuberculosis, atacaron especialmente a los niños de los internados.
Allí, los niños se vieron obligados a abandonar sus idiomas nativos, hablar inglés o francés y convertirse al cristianismo.
Además de las denuncias de abusos físicos, psicológicos y hasta sexuales que se registraron, los pueblos indígenas sostienen que entre 4.000 y 6.100 niños murieron en los internados.
En 2015, la BBC dio a conocer varios testimonios de personas que pasaron su niñez allí. Una de ellas, Joseph Maud, recordó que "si los estudiantes hablaban su lengua propia, se les tiraba de las orejas y se les lavaba la boca con jabón".
Además, cuando mojaba la cama, la monja a cargo de su dormitorio le frotaba la cara con su propia orina. "Era muy degradante, humillante. Porque estaba durmiendo en un dormitorio con otros 40 niños", relató.
De los 139 centros que funcionaron en el país contabilizados por la Comisión para la Verdad y la Reconciliación creada por el Gobierno, que indagó la historia de los internados de 2008 a 2015, unos 50 estuvieron manejados por instituciones vinculadas a la Iglesia católica.
Así, uno de los 94 puntos que la comisión propuso en 2015 como "llamado a la acción" incluía una disculpa del Papa por el accionar de miembros de comunidades religiosas en esos centros. Pero no como la que había expresado desde Roma el entonces pontífice Benedicto XVI en 2009: la disculpa debería hacerse en Canadá y con un nivel similar a otros reconocimientos que hizo la Iglesia en casos de abusos sexuales, en particular en Irlanda.
El tema volvió a sonar con fuerza a mediados de 2021, cuando se realizó el hallazgo de los restos de casi 1000 niños enterrados sin identificar en las proximidades de varias de estas escuelas.
"El mayor error que ha cometido este país es la asimilación forzosa de los menores indígenas a través de los internados", planteó ese año el primer ministro Justin Trudeau, como parte de una línea estatal de animar la reconciliación, que incluye además desembolsos por 11 mil millones de dólares canadienses (unos u$s8.500 millones) en los próximos seis años para programas de reparación y acercamiento a las comunidades indígenas, según datos del último presupuesto.
"Nuestro Gobierno cree que una disculpa oficial del Papa, en nombre de la Iglesia Católica Romana y en suelo canadiense, es un paso importante para reconocer el pasado y hacia la sanación y reconciliación con los sobrevivientes de las escuelas residenciales, sus familias y comunidades en Canadá", afirmó Renelle Arsenault, portavoz del Ministerio de Relaciones Indígenas de la Corona.
Este lunes, Francisco dedicó la primera actividad de la gira a una visita a uno de los más emblemáticos internados, Ermineskin, que funcionó entre 1895 y 1975 y que fue el punto de partida para la serie de reuniones que tendrá con los representantes indígenas para renovarles su pedido de perdón.
"Es un viaje penitencial", lo describió mientras volaba desde Roma, en línea con la "vergüenza" por lo sucedido que expresó hace cuatro meses a las delegaciones indígenas de los pueblos Métis, First Nations e Inuit que lo visitaron en el Vaticano.