Varios cazas de las fuerzas aéreas de Finlandia y Suecia interceptaron e identificaron a una escuadrilla de aviones militares rusos que sobrevolaban el espacio aéreo internacional sobre el golfo de Finlandia. La patrulla del Kremlin estaba integrada por un avión de transporte militar Tu-134 escoltado por cazas de combate MiG-31 y Su-30. Las aeronaves de Moscú realizaban su trayecto sin haber presentado un plan de vuelo previo ni mantener comunicación con los controles de tráfico aéreo civil.
El operativo movilizó a cazas F/A-18 Hornet finlandeses y JAS 39 Gripen suecos bajo el protocolo de Alerta de Reacción Rápida (QRA). La maniobra marcó un hito de relevancia estratégica en la región, al tratarse de la primera misión de identificación operativa conjunta ejecutada por ambos países nórdicos para garantizar la vigilancia y protección de su integridad territorial.
Este despliegue coordinado responde a un reciente acuerdo bilateral para profundizar la defensa aérea, el cual autoriza a los cazas en alerta a despegar y operar libremente desde las bases aéreas del país vecino. Ambas naciones tomaron la decisión de abandonar décadas de neutralidad militar tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, lo que derivó en su incorporación formal a la OTAN en 2023 y 2024 respectivamente.
Alerta por los movimientos rusos
Tras la maniobra, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, destacó que "el mar Báltico nunca ha sido tan vulnerable como ahora, pero tampoco ha estado tan protegido como en este momento". Por su parte, mandos militares como el coronel finlandés Vesa Mäntylä y el general sueco Jonas Wikman remarcaron que la operación demuestra la fluidez y confianza alcanzadas entre las fuerzas aliadas.
El incidente ocurrió en un clima de máxima alerta en Europa por el incremento de incursiones y ataques híbridos de Moscú, que incluyen posibles sabotajes y ciberataques contra infraestructura crítica. Mientras servicios de inteligencia de la región advierten sobre riesgos crecientes para el flanco oriental de la Alianza Atlántica, desde el Kremlin califican las acusaciones occidentales como "infundadas".