A principios de este año, Brasil fue protagonista de una de las listas de viajes más esperadas del calendario global. El prestigioso ranking elaborado por la revista Time Out evaluó a cientos de ciudades en aspectos como gastronomía, vida nocturna, oferta cultural y ambiente general, con la participación de más de 18.500 residentes y un centenar de expertos.
En su edición 2025, el listado incluyó a tres ciudades latinoamericanas, valoradas por combinar experiencias inolvidables con una alta calidad de vida. El resultado no solo brinda una guía para viajeros, sino también un termómetro del estilo de vida urbano que cada metrópolis ofrece a quienes la habitan.
Entre los destinos reconocidos se encuentra una ciudad brasileña que destaca por su energía inconfundible, su naturaleza desbordante y su innegable atractivo turístico. Se trata de Río de Janeiro, que alcanzó el puesto 26 y se consolidó como la mejor ubicada del país.
Dónde queda Río de Janeiro
Río de Janeiro se encuentra en el sureste de Brasil, sobre la costa atlántica. Es una ciudad portuaria rodeada por una geografía privilegiada: montañas, selvas y playas se combinan para dar forma a uno de los paisajes urbanos más reconocibles del planeta. Su extensión alcanza los seis millones de habitantes, convirtiéndola en la segunda ciudad más poblada del país, detrás de São Paulo.
Aunque no es la capital del estado ni del país, Río posee un peso simbólico y cultural que trasciende fronteras. Su historia, su música y sus festividades, como el famoso Carnaval, han contribuido a moldear la identidad brasileña tal como se percibe en el exterior.
Además de sus íconos naturales, la ciudad es hogar de importantes instituciones educativas, culturales y deportivas, lo que refuerza su rol como epicentro turístico y social de Brasil.
Río de Janeiro
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Qué puedo hacer en Río de Janeiro
El abanico de actividades que ofrece Río de Janeiro es tan extenso como diverso. Uno de sus mayores emblemas es el Cristo Redentor, ubicado en la cima del Corcovado. Esta estatua de 38 metros es considerada una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo Moderno y regala una de las vistas panorámicas más impresionantes de Sudamérica.
Para quienes buscan arte y color, las Escaleras de Selarón representan un punto obligado. Esta obra del artista chileno Jorge Selarón combina miles de azulejos de distintos países y se ha convertido en un símbolo de la ciudad. A pocos metros, el barrio de Santa Teresa invita a descubrir una versión más bohemia y tranquila de Río, con calles empedradas, cafés artísticos y tiendas de diseño local.
En el plano natural, el Jardín Botánico, fundado en 1808, ofrece una experiencia relajante entre especies exóticas y senderos arbolados. A corta distancia, el Parque Lage, ubicado a los pies del Corcovado, fusiona vegetación con arquitectura histórica y una cafetería con encanto. Y si se trata de cerrar el día con calma, la laguna Rodrigo de Freitas brinda un espacio ideal para pasear en bicicleta, hacer deporte o simplemente contemplar el atardecer reflejado en el agua.
La ciudad también se destaca por su cocina. Desde platos típicos como la feijoada hasta frutos de mar frescos y jugos tropicales, la gastronomía carioca sorprende con sabores intensos y frescura local.
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La región de Guaratiba, al oeste de Río de Janeiro, registró una sensación térmica de de 60,1°C.
Cómo llegar a Río de Janeiro
Río de Janeiro cuenta con dos aeropuertos principales: el Aeropuerto Internacional Galeão (GIG) y el Aeropuerto Santos Dumont (SDU). El primero recibe vuelos de larga distancia provenientes de América, Europa y otras regiones, mientras que el segundo opera principalmente vuelos domésticos.
Desde ciudades como Buenos Aires, Montevideo o Santiago de Chile, existen conexiones directas frecuentes que permiten llegar en menos de cinco horas. Las principales aerolíneas de la región, así como compañías de bajo costo, ofrecen alternativas accesibles durante todo el año.
Una vez en la ciudad, el transporte público —que incluye metro, buses y taxis— facilita el desplazamiento por las distintas zonas. También es habitual el uso de aplicaciones de movilidad, especialmente para quienes buscan mayor comodidad al explorar puntos turísticos menos céntricos.