- La geriatra estadounidense Kerry Burnight desarrolló el concepto “joyspan”, centrado en la calidad y bienestar durante los años de vida prolongada.
- Su propuesta identifica cuatro pilares que potencian la longevidad: crecer, conectar, adaptar y dar.
- Estos hábitos buscan equilibrar salud física, emocional y social, promoviendo propósito y felicidad en la vejez.
- La especialista sostiene que la longevidad plena depende más de las pequeñas elecciones cotidianas que de la genética.
La búsqueda de una vida larga y saludable dejó de centrarse solo en sumar años: hoy, los expertos apuntan a mejorar la calidad del tiempo vivido. Kerry Burnight, geriatra estadounidense y referente en envejecimiento saludable, propuso un nuevo enfoque bajo el concepto “joyspan”, que une bienestar emocional, salud física y propósito personal.
Este término, que se traduce como “rango de alegría”, está cambiando el modo de entender la longevidad. Según Burnight, vivir más no alcanza, ya que el verdadero desafío es disfrutar de esos años con plenitud, autonomía y alegría. Tras décadas de trabajo con adultos mayores, la especialista observó que los hábitos y la actitud ante la vida tienen un impacto mucho mayor que la genética.
Su investigación derivó en un modelo sustentado en cuatro verbos que funcionan como guía práctica para envejecer mejor: crecer, conectar, adaptar y dar. Cada uno de ellos apunta a fortalecer distintos aspectos del bienestar integral y se puede incorporar a cualquier edad, con simples cambios en la rutina.
Longevidad
Estos hábitos, aunque parezcan inofensivos, contribuyen a un desgaste progresivo que muchas veces pasa desapercibido.
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Cómo son los 4 consejos que reveló la especialista estadounidense para la longevidad
En su libro Joyspan: The Art and Science of Thriving in Life’s Second Half, Burnight sistematizó los hábitos más relevantes para alcanzar una vejez activa y feliz. Los resumió en cuatro pilares.
El primero lo englobó en el concepto de Crecer. El crecimiento personal es, para la médica, una fuente esencial de vitalidad. Propone desafiar la comodidad, aprender cosas nuevas y animarse a lo desconocido, desde probar un pasatiempo hasta estudiar un tema diferente. La clave está en cultivar la curiosidad y sostener la mente activa, lo que retrasa el deterioro cognitivo y fortalece la autoestima.
El segundo está relacionado con la conexión. La calidad de las relaciones humanas influye directamente en la salud y la felicidad. Burnight destaca la importancia de cuidar los lazos, mantener el contacto con amigos y familiares e involucrarse en nuevas comunidades. Las interacciones frecuentes ayudan a prevenir la depresión y el aislamiento, dos factores que suelen reducir la expectativa de vida.
Longevidad
Pequeñas acciones como caminar durante los descansos, usar las escaleras o estirarse entre tareas contribuyen al bienestar físico y mental.
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Otro aspecto importante que destaca es la capacidad de adaptación. El envejecimiento implica enfrentar transformaciones físicas y emocionales. Adaptarse, según la autora, no es resignarse, sino aprender a responder con flexibilidad. Recomienda ejercicios de gratitud, escritura o meditación para entrenar una mirada positiva. Reconocer lo que sí se tiene permite encontrar equilibrio incluso en las dificultades.
Por último, considera importante ejercer la generosidad como motor de bienestar, por lo que dar es el último verbo de su enfoque. La especialista remarca el valor de ayudar, acompañar o escuchar a los demás como fuente de propósito. Dar tiempo o apoyo a otras personas mejora la salud emocional y refuerza el sentido de pertenencia. Para Burnight, los gestos cotidianos de amabilidad generan un efecto multiplicador de bienestar tanto en quien los ofrece como en quien los recibe.
Este modelo busca demostrar que la plenitud no depende solo de la salud física o del dinero, sino de la actitud ante la vida y la capacidad de sostener vínculos, propósito y crecimiento personal a lo largo del tiempo.