Al momento de pensar alternativas para bajar de peso mediante la actividad física se suele recurrir a las prácticas de caminar o correr. Ambas opciones ofrecen beneficios concretos, pero conocer sus efectos en el organismo permite elegir la más adecuada según cada caso.
Expertos en entrenamiento físico y nutrición explican que, si bien correr demanda más esfuerzo y permite quemar más calorías en menor tiempo, caminar sigue siendo una estrategia valiosa. La diferencia no está solo en el gasto energético, sino también en la capacidad de sostener el hábito.
Las recomendaciones se adaptan a cada condición física y en ese sentido, hay que tener en cuenta, además de abordar el aceleramiento del metabolismo, factores como la frecuencia semanal, el riesgo de lesiones y la alimentación. Estos aspectos también juegan un papel esencial en los resultados.
Las claves a tener en cuenta entre correr y caminar
Según especialistas, correr permite un consumo energético más alto en lapsos cortos. Esta intensidad eleva más rápidamente las pulsaciones, lo que termina dando buenos resultados entre quienes buscan optimizar el tiempo de entrenamiento.
Alesha Courtney, entrenadora especializada, señala que el running es eficiente en términos de quema calórica. Sin embargo, caminar puede ser igual de útil para quienes recién inician una rutina o prefieren un ejercicio de bajo impacto. Además, representa una alternativa más segura, con menor riesgo de lesiones articulares y musculares.
Por otro lado, el CEO de Promix Nutrition, Albert Matheny, destaca que la caminata es sostenible en el tiempo y más amigable para las articulaciones. Permite mantenerse activo a diario sin necesidad de pausas prolongadas, lo que la convierte en una excelente opción para incorporar como hábito.
Cantidad de veces por semana
Ash Wilking, instructora en entrenamiento funcional, recomienda incluir caminatas entre cinco y seis veces por semana. En el caso del running, lo ideal es no superar las tres o cuatro sesiones semanales, intercaladas con días de descanso o entrenamientos complementarios como bicicleta, natación o fuerza.
También sugiere vigilar el ritmo cardíaco para trabajar en la “zona 2”, una intensidad moderada que favorece el uso de grasas como fuente de energía, ayudando a mantener una pérdida de peso constante. Además, hay estrategias para aumentar el esfuerzo sin necesidad de correr a gran velocidad: caminar con inclinación, por ejemplo, puede incrementar la quema de calorías hasta en un 60 %. Incluso subir escaleras o aumentar la velocidad en la cinta puede marcar una diferencia importante en los resultados.
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La importancia del alimento y la recuperación
Más allá del tipo de ejercicio, el plan debe complementarse con una alimentación adecuada y descansar correctamente. Comer algo liviano antes de entrenar (como una banana) y recuperar energías con proteínas y carbohidratos luego de la actividad ayuda a mejorar el rendimiento y acelerar el metabolismo.