Despertar la fuerza interior: el camino para transformar las crisis en oportunidades de poder

¿Cómo enfrentar los problemas sin que nos dominen? Un recorrido para trascender el engaño de la dualidad, conectar con nuestra esencia y descubrir que la paz verdadera no depende de lo externo, sino del silencio del ser.

El cambio de vida es ya mismo. Despertá tu fuerza interior.

Genios queridos, ¿qué actitud tomar frente a los problemas?

Nuestro existir en el cuerpo sucede rápidamente, porque somos almas eternas viviendo la experiencia de ser humanos solo por un rato en el planeta. Nos movemos en tiempo y espacio, creando la realidad con el poder limitado que poseemos. Somos chispas de luz, cuya esencia es una con todo lo que existe. Así como la ola del océano parece separada de la totalidad oceánica, es solo una ilusión temporal, porque la ola y el océano son UNO. La ola está hecha de océano y finalmente se funde en él.

La energía divina no nos condiciona en nada, al punto de permitirnos creernos limitados, aislados y separados unos de otros; entonces, desde esta ignorancia, surge el conflicto.

Si supiéramos lo amados que somos solo por existir. Si sintiéramos el abrazo del amor incondicional y confiáramos en que somos mucho más que el cuerpo, somos almas y existimos siempre, con cuerpo y sin cuerpo, si realmente creyéramos esto, los conflictos no serían tan aparentemente insuperables, insoportables y hasta causantes de las peores brutalidades que se cometen para evadir el dolor.

El engaño de la dualidad

La vida en este planeta está sometida a la dualidad, que es la ley que rige la materia. Dual significa DOS. En este mundo, existen hombres y mujeres, frío y calor, placer y dolor, compañía y soledad, premio y castigo, amor y odio, justicia e injusticia, ricos y pobres, sanos y enfermos, bien y mal, entre otros.

Los grandes maestros nos explican que la dualidad es el gran engaño de la realidad física en la que vivimos, y que para trascenderla, tenemos que conectarnos con nuestro aspecto superior al ego, que es el SER. Para el ego, con la muerte todo se termina. Para el ser, es un paso hacia más evolución. Para el ego, las personas están separadas de sí mismo. Para el ser, los demás son “sí mismo”. Para el ego, el apego a las cosas y personas son básicas para subsistir. El ser, en cambio, sabe que nada le pertenece, porque todo está en continuo cambio y movimiento.

Él ser ES. Su cualidad es existir. Es la presencia que observa la marea de la vida con ecuanimidad. Su existencia nace del vacío, por eso cuando estamos en silencio y aquietamos la charla mental, aflora la paz del ser, y con esa paz, podemos atravesar cualquier dificultad con la certeza de saber que el alma no es afectable, sino el ego; y el ego es transitorio.

En este momento, mientras estás leyendo, tomá conciencia de tu cara, de tus ojos y de la presencia que está “detrás” de tus ojos, observando atentamente. Ese es el ser. Así de simple. El ser está en vos, sos vos, es tu verdadera esencia. Aquella que no fue construida socialmente. El ser no juzga, solo atestigua silenciosamente la vida.

Tal vez el verdadero despertar no consista en evitar el dolor, sino en recordar quiénes somos aun en medio de él.

Cada crisis puede transformarse en una puerta hacia una conciencia más profunda, donde el miedo pierde fuerza y el amor vuelve a ocupar su lugar.

Cuando dejamos de identificarnos únicamente con el ego y conectamos con el ser, descubrimos que dentro nuestro existe una paz que nada externo puede destruir.

Allí nace el verdadero poder: el de vivir con conciencia, compasión y confianza en la vida.

Amigos queridos del alma, gracias por existir.