Contar con una mascota puede representar mucho más que compañía. Diversos estudios aseguran que su presencia genera múltiples beneficios para el bienestar general. Lejos de ser solo una cuestión afectiva, compartir el día a día con animales tiene un impacto que se puede notar de manera concreta en la salud emocional, física y social de las personas.
Qué es mejor para la salud: ¿tener o no mascota?
La convivencia con animales trae efectos positivos. Desde lo emocional hasta lo físico, hay beneficios concretos.
Durante la pandemia, millones redescubrieron la importancia de ese vínculo. En medio del encierro, los momentos compartidos con perros o gatos se convirtieron en una vía de escape emocional, demostrando que estos compañeros pueden tener un rol clave en situaciones de estrés y aislamiento.
Más allá del afecto que generan, los animales activan procesos fisiológicos y sociales que mejoran la calidad de vida, disminuyen el estrés e incluso influyen en la educación y las relaciones interpersonales.
Qué es mejor: tener mascota o no tenerla para la salud
La ciencia lleva años explorando cómo incide la relación entre humanos y animales en la salud integral. Según el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NIH), convivir con mascotas reduce el estrés, mejora la salud cardiovascular y estimula el desarrollo emocional, especialmente en niños. Estos efectos positivos no son meramente anecdóticos: al estar en presencia de un perro o un gato, el cuerpo libera oxitocina, una hormona ligada al placer, y baja el nivel de cortisol, indicador directo del estrés.
También existen beneficios concretos para la salud del corazón. La convivencia con perros está asociada con un aumento de endorfinas y una disminución en la presión arterial, el ritmo cardíaco y los triglicéridos. En el caso de los gatos, investigaciones del Instituto Stroke de la Universidad de Minnesota revelaron que las personas que viven con ellos tienen un 30% menos de riesgo de morir por problemas cardíacos, al presentar niveles de estrés más bajos.
El impacto emocional también es muy marcado. Las mascotas ayudan a combatir la soledad y la depresión, fomentan el contacto afectivo y la interacción. Durante el confinamiento por COVID-19, muchas personas afirmaron que sus animales fueron una fuente de estabilidad emocional.
En los más chicos, tener un animal implica una valiosa herramienta educativa, ya que fomenta la responsabilidad, la empatía y el respeto. Asumir tareas relacionadas con su cuidado introduce rutinas, disciplina y conciencia sobre el bienestar de otros seres vivos.
A nivel social, los perros pueden ser aliados para establecer nuevas conexiones. Salir a pasearlos favorece el ejercicio al aire libre y el vínculo con otros dueños. En el caso de personas mayores, esto puede ser esencial para evitar el aislamiento. Y por último, ya es común ver animales en terapias asistidas, acompañando a pacientes en tratamientos de salud física, mental y emocional. Estas intervenciones demuestran que, lejos de ser una moda, la presencia animal puede tener un valor terapéutico concreto.
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