Amigos del alma, hoy vamos a hablar acerca de los cuencos tibetanos que usamos siempre en nuestros encuentros de 3 días en Villa General Belgrano.
Nos invitan a detenernos, aquietar la mente y volver a escucharnos. Más allá de sus antiguas tradiciones, el sonido y la vibración pueden convertirse en un hermoso puente hacia la calma.
Amigos del alma, hoy vamos a hablar acerca de los cuencos tibetanos que usamos siempre en nuestros encuentros de 3 días en Villa General Belgrano.
Las culturas más antiguas de Oriente consideraban que un desequilibrio energético se puede equilibrar con el sonido de los cuencos.
Ellos explican que el universo vibra en una constante, cada átomo, cada célula, cada órgano produce un sonido debido a su movimiento y ritmo. Ellos vibran a una determinada frecuencia y en su conjunto en armonía con todo el cuerpo.
Cuando la frecuencia es distorsionada, la armonía se rompe y es donde aparece la falta de armonía. La resonancia nos dice que es posible modificar estas frecuencias discordantes, por medio de la emisión de otras frecuencias, a través del sonido y la vibración.
Los cuencos de cristal de cuarzo, como los tibetanos (metálicos 7 metales) emiten un modelo de onda alfa similar a la que emite el cerebro en sus estados de quietud y meditación, favoreciendo la sensación de paz, y permitiendo que nuestro cuerpo vibre en la misma octava que el cuenco.
La vibración y el sonido de los cuencos trabajan sobre nuestro cuerpo energético, equilibrándolo a través de cada uno de los chakras, limpia nuestro campo áurico.
En la parte física, nuestra estructura ósea y, por sobre manera, nuestra columna vertebral son el vehículo de resonancia que hace extensible a cada órgano cada célula de nuestro cuerpo por medio del sistema nervioso la vibración que restablece la perfecta armonía.
Destrabando bloqueos, en el cuerpo.
Los cuencos nos conectan a través del sonido y la vibración con nosotros mismos y con el universo alineándonos en una perfecta armonía.
Pitágoras decía que cada cuerpo celestial emite un sonido debido a su movimiento, ritmo y vibración, por ende el universo vibra emitiendo un sonido armónico perfecto, y nosotros somos parte de él.
Los cuencos tibetanos nos invitan a detenernos, aquietar la mente y volver a escucharnos. Más allá de sus antiguas tradiciones, el sonido y la vibración pueden convertirse en un hermoso puente hacia la calma, la introspección y el encuentro con nuestro mundo interior. A veces, unos minutos de silencio y armonía son suficientes para recordar que el bienestar también comienza dentro de nosotros.
Amigos queridos.
Gracias por existir.