Las diferentes vidas de Roberto Moldavsky, el vendedor de Once que hoy hace reír a millones de argentinos

El humorista dialogó sobre sus comienzos, reflexionó acerca de la relación con sus padres y la transformación que le permitió cambiar el rumbo de su trabajo y de su vida.

El actor y humorista Roberto Moldavsky se subió a El viaje con Diego Iglesias para recorrer su carrera y reflexionar sobre la relación con sus padres, las diferentes vidas que tuvo a lo largo de los años y la transformación que le permitió cambiar el rumbo de su trabajo.

"Mi viejo era el típico padre que todos tus amigos te decían 'Por qué no tengo un padre así' y yo les decía 'Vení de lunes a viernes'", aseguró Moldavsky sobre su relación con Jacobo Moldavsky.

El humorista aclaró que con los años hizo una elección de los mejores recuerdos de su papá. Y añadió que "mi viejo era un tipo muy alegre, muy gracioso y muy irresponsable laboralmente". En este sentido aclaró que en cierto punto ambos se parecen porque pudo hacer lo que le gusta pero no siempre le fue bien.

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Falleció hace diez años y Roberto lo recuerda con cariño, aunque aclara que "mi viejo cuando vendía era un tipo que desbordaba alegría y generosidad. Cuando no se vendía, aléjate de esa persona".

Contó además que antes de morir tuvo un ataque de locura muy fuerte en la clínica y trataba a todo el mundo mal, los insultaba y no era consciente de la situación. En ese momento, el actor se dedicaba a vender buzos y camperas en el barrio de Once y había empezado a realizar pequeños shows de stand up.

"En un momento para y me dice: escúchame, mirá la vida de mierda que tengo, mirá como estoy, ¿vos por qué no sos más feliz? Vos tenés que ser un tipo feliz", recordó. A partir de ese momento, afirma, fue como si su padre le diera permiso a dedicarse a lo que realmente le gustaba.

A partir de ahí se separó, cerró el negocio. "¿A los 50 años te puede dar permiso tu papá para hacer algo?", reflexionó.

Por otra parte, la relación con su mamá Sara también fue muy especial, pero desde un punto de vista diferente. Ella falleció hace aproximadamente cinco años, a sus 87. "A mi vieja la extraño mucho", admite.

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El humorista contó una desopilante anécdota con ella, cuando cierta vez en la provincia de Córdoba la madre, tras observar un cartel gigante que habían colgado en una sala de la ciudad con la imagen humorista, le confió: "Es muy parecido a vos ese muchacho".

También explicó que al principio ella no entendía cómo funcionaba su nuevo trabajo y lo llamaba para preguntarle cuántas personas se habían reído en sus shows. "Me llamaba todos los días y me dejaba un mensaje en el contestador: Hola soy Sara, hace 8 grados y cortaba, era como mi servicio meteorológico", rememoró el comediante.

Las diferentes vidas de Roberto Moldavsky

A los 20 años, el humorista viajó a Israel para vivir en un Kibutz, una comunidad agrícola donde viven personas como voluntarias y realizan diferentes tareas. "Es el momento en que decís 'es mi chance de cambiar el mundo', me fui a ordeñar vacas y trabajar en cosechas de algodón", recordó el actor.

Contó además que en la cooperativa se vivía de lo que se producía allí y añadió que "si a una persona le corrés el lado económico tiene que sacar toda su creatividad. Los que crecieron en el Kibutz son los que hicieron los cambios dentro, si uno se queda sin laburo lo salen a bancar, si se tiene que operar en otro país se lo van a pagar".

Cuando regresó al país se estableció con su negocio en el barrio de Once, lugar del que conserva muy buenos recuerdos y anécdotas. "Se armaba una relación muy especial, donde muchos clientes me contaban cosas privadas de su vida. Yo era como una persona que caía bien por vender, pero después se armaba una relación y es como si vos estás con alguien que le podes contar todo porque no forma parte de tu vida", explicó Moldavsky.

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Entre las historias graciosas que recuerda, contó una muy especial: “Había un vendedor que tenía unas camperas que no podía vender de ninguna manera, entonces compró unos relojes fallados y los ponía en el bolsillo de la campera. La gente se probaba la campera metía la mano en el bolsillo y sentía un reloj. La gente decía me la llevo, me la llevo puesta, se choreaban el reloj. El hombre me preguntaba quién era peor, si él por poner un reloj o la gente que se lleva el reloj y la campera puesta".

Después de abandonar el negocio se dedicó a realizar shows en teatros, a uno de ellos asistió el reconocido productor Gustavo Yankelevich por insistencia de Gerardo Rozín. El humorista cerró un trato por una noche en la calle Corrientes con cinco funciones seguidas, las cuales funcionaron de maravilla y fueron los cimientos más fuertes de su carrera.

"No es la relación de un representante o un socio, hay cosas que se hablan de la familia, de la vida, de temas que él maneja que son muy distintos a mis pensamientos. Hoy lo llamo por cosas que no tienen que ver con el laburo, porque confió en él", explicó sobre la relación entre ambos.

¿Cómo fue tu viaje?

-Es un viaje dividido. Una primera vida de adolescente, la dictadura militar, la vida en Israel. Pasé de compartirlo todo al Once... este último viaje es el más divertido.