Caminar es una de las formas más simples y efectivas de mantener el cuerpo activo, incluso durante los meses fríos, durante el invierno. Sin embargo, elegir el momento del día adecuado puede marcar la diferencia en cuanto a los beneficios que se obtienen para la salud y en la prevención de molestias propias de esta estación.
En la temporada de bajas temperaturas es común que aparezcan excusas para evitar el ejercicio al aire libre. No obstante, estudios recientes señalan que moverse de manera regular no solo favorece al bienestar físico, sino que también ayuda a mantener la mente equilibrada y a reducir la probabilidad de resfriarse. Elegir el horario correcto se convierte, entonces, en un factor clave para que la caminata sea realmente beneficiosa.
Expertos de la Universidad de Limerick, en Irlanda, determinaron que existen franjas horarias en las que caminar resulta más saludable y seguro. Estas ventanas de tiempo permiten aprovechar mejor la luz solar, activar el organismo y reducir riesgos de lesiones o problemas digestivos, contribuyendo además a mejorar la calidad de vida durante el invierno.
Correr en la Lluvia
Cuando una persona es sorprendida por un aguacero sin paraguas, suele preguntarse si le conviene más caminar o correr hasta su destino para mojarse lo menos posible.
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Cuál es la mejor hora para salir a caminar en invierno
En invierno, el momento más recomendable para caminar durante la mañana se encuentra entre las 10 y las 12 del mediodía. En este período, la temperatura ya se elevó lo suficiente como para evitar el frío intenso de las primeras horas y, al mismo tiempo, el sol permite una mejor absorción de vitamina D, fundamental para fortalecer huesos y defensas.
Si la caminata se realiza por la tarde, lo ideal es hacerlo entre las 15 y las 17 horas. En esa franja todavía se conserva algo del calor solar, lo que evita la rigidez muscular propia del frío y disminuye el riesgo de sufrir contracturas o lesiones. Al terminar antes del anochecer, también se reducen los efectos del descenso brusco de temperatura.
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El estudio además remarca que caminar regularmente en estos horarios aporta a contrarrestar el sedentarismo, mejorar la postura y prevenir molestias como calambres, dolores en la espalda o en las piernas. A largo plazo, esta rutina puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y favorecer un mejor funcionamiento del organismo.
Otro punto importante es la alimentación previa. Ingerir algo liviano antes de la caminata facilita la digestión y evita malestares estomacales durante la actividad. Así, una caminata tranquila no solo ayuda al cuerpo, sino que también libera el estrés acumulado, favorece la relajación y aporta una sensación renovada de energía al final del día.