La histórica "ruta del pulóver" sobre la avenida Juan B. Justo en Mar del Plata atraviesa en la actualidad un momento crítico a causa de la multiplicación de locales vacíos. La crisis económica, la fuerte caída del consumo y la inseguridad motivan este escenario de cierres comerciales masivos en el polo textil.
A lo largo de casi dos kilómetros, el corredor exhibe numerosos carteles de alquiler y venta. Según un informe de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción, esta arteria presenta casi un 15% de cierres, una cifra muy superior al promedio general del 7,8% en la ciudad.
Según informó la agencia Noticias Argentinas, los comerciantes de la zona advierten sobre la falta de ocupantes para los espacios disponibles e intentan sostener las estructuras con rebajas permanentes. Una vendedora de una tradicional firma marplatense explicó la magnitud del impacto: "Algunos locales cierran, otros se reagrupan. Cerró el grande de Juan B. Justo y Güemes y eso afecta a todos los rubros, no solo al tejido".
El rubro textil sufre las consecuencias de una estructura de gastos difícil de afrontar con el volumen comercial del presente. En relación con esta realidad, la misma empleada resumió: "Partís de costos fijos muy altos y no hay ventas. Se nota un poco más de movimiento los fines de semana largos o cuando hay congresos y convenciones, pero eso ayuda y nada más".
La crisis económica golpea a los centros comerciales del Puerto de Mar del Plata
Los sectores cercanos a la zona portuaria sufren consecuencias similares. Andrés, dueño de un almacén del área, expuso la problemática de la delincuencia nocturna: "Después de las seis de la tarde esto es un desierto. No solo no viene gente, sino que además tenemos robos todos los días".
La paralización de los barcos pesqueros y los conflictos laborales del sector impactan en el bolsillo de las familias vinculadas a esta industria. Marcela, encargada de un comercio sobre la calle 12 de Octubre, relató: "Muchos clientes son trabajadores de la pesca o sus familias y ya no compran como antes".
Esta limitación económica en los compradores generó mermas significativas en la facturación interanual del barrio. Carla, comerciante con 45 años de trayectoria, diagnosticó la gravedad del panorama actual: "Las ventas cayeron alrededor de un 50 por ciento. Tenemos precios casi al costo y aun así no repunta".