"Allí va el Torero… El Torero… ¡Salva Constanzo, el Torero, gol!". Entre los relatos icónicos de Marcelo Araujo, cualquier hincha de Boca que lea o escuche esas palabras entenderá la referencia. Un 8 de abril, pero de 2001, hace exactamente 25 años, el Xeneize derrotaba por 3-0 a River en La Bombonera, pero en el recuerdo popular lejos quedó la abultada diferencia o el golazo de Hugo Ibarra para el 1-0. Por el contrario, lo único que se conserva en el inconsciente colectivo de ese encuentro son los 15 segundos en los que Juan Román Riquelme se paró frente al palco presidencial en el centro de La Bombonera y se llevó sus manos a las orejas tras convertir, de rebote de un penal que él mismo falló, el 2-0 en aquel Superclásico. Un gol olvidable, pero que se volvió icónico instantáneamente.
Juan Román Riquelme vs. Mauricio Macri: a 25 años del nacimiento del símbolo de la rebeldía ante el poder
Se cumple un cuarto de siglo de aquel icónico festejo del ídolo dedicado a la dirigencia, pero principalmente al ingeniero que por entonces comandaba el club. Un Topo Gigio que desató una pelea que perdura en el tiempo puertas adentro y puertas afuera de Brandsen 805.
"El festejo fue para mi hija, que le encanta el Topo Gigio", explicaría después del partido. Nadie le creyó. La cara desafiante, la mirada clavada en la tribuna… No existe padre que, si le quisiera dedicar a su hija un momento de semejante alegría, lo haría de esa manera. Las versiones no tardaron en aparecer y la pregunta que se repetía hasta el cansancio: qué pasó entre el ídolo y Mauricio Macri.
La novela había empezado unos meses antes, después de su consagratoria actuación ante Real Madrid en Japón. El triunfo en la Copa Intercontinental puso al 10 en el radar de los europeos y Barcelona, que necesitaba renovarse, avanzó: hacía tres temporadas que no levantaba ningún título y esperaba que JRR fuera su carta ganadora. Spoiler: llegaría en 2002 y no lo sería.
Aquí, un paréntesis: Román apareció en La Boca en 1996 tras un acuerdo con Argentinos Juniors y, cinco años más tarde, todavía contaba con un contrato de juvenil. Cobraba, según algunas estimaciones, 250 mil pesos, lejos de lo que podía ganar una figura que ya contaba con tres torneos locales, una Libertadores y la ya mencionada Intercontinental. En ese contexto arribó la oferta de los catalanes, quienes ofrecían 22 millones de dólares. Así comienza una interna que perdura un cuarto de siglo después.
Dos versiones corrían por un mismo carril. Por un lado, el vínculo de Riquelme con su representante, Marcos Franchi. "Una cosa es la ansiedad que él tenga y otra que existan unos representantes que viven de esto y tengan unas estrategias de negociación", expresaba Orlando Salvestrini, histórico tesorero de Macri, quien buscaba dividir al futbolista con el empresario. ¿Por qué? Trascendidos aseguran que el futuro líder del PRO quería poner en su lugar a Gustavo Arribas, quien ya era su escribano personal y testaferro, y luego se convertiría en el jefe de la SIDE. Algunos años más tarde, además, fue acusado junto a Fernando Hidalgo de quedarse con montos de los pases de los futbolistas, entre ellos una movida turbia dentro de la transferencia de Carlos Tevez a Corinthians.
Por el otro, la bronca de Riquelme, quien entendía que la dirigencia lo estaba apurando para dejarlo en evidencia: supuestamente los clubes ya tenían todo arreglado a cambio de 22 millones de dólares y solo quedaba que él acordara con el Barça, pero sin contemplar una deuda que sostenía la entidad. "Recién escuché que el pase todavía no estaba hecho porque yo no acepto no sé qué y eso no es así. Ya tengo todo arreglado con el Barcelona porque mi representante consiguió lo que yo quería", contestaba.
El gesto fue emulado desde entonces como un símbolo de rebeldía ante el poder. El más recordado para los más chicos posiblemente sea el de Lionel Messi dedicado a Louis Van Gaal en el Mundial de Qatar 2022, quien había asegurado antes del cruce de cuartos de final contra Países Bajos que Leo no marcaba cuando no tenía la pelota. Un símbolo que en la última década se mudó al plano político y que se recrudeció desde que el ídolo tomó las riendas del club.
Las últimas elecciones en el club, a la par de las nacionales, se polarizaron de igual manera. Si la interpretación era que en el país se ponía en disputa el peronismo vs. Milei, en La Ribera la sensación era que Riquelme se enfrentaba al macrismo. La literalidad del conflicto llevó a que el ingeniero no vaya a votar por un compromiso con la FIFA y que en su lugar fuera el libertario, en su primera aparición pública tras ser ungido como nuevo Presidente de la Nación. Llegó entre guardaespaldas y se fue silbado por los que todavía daban vueltas en el estadio. Román, como en sus mejores épocas, ganó por goleada: le sacó más de 14 mil votos a Andrés Ibarra.
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