La inteligencia artificial acaba de sumar un nuevo sentido: el olfato. Un equipo internacional de científicos desarrolló una nariz electrónica que, combinada con IA, puede reconocer, digitalizar y transmitir olores a través de internet. La innovación abre la puerta a compartir aromas online y a incorporar el olfato como parte de la interacción entre humanos y máquinas, marcando un capítulo inédito en la comunicación sensorial.
Un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Ohio en Estados Unidos y del Laboratorio Zhejiang en China desarrolló en 2026 un sistema llamado Scentronic, capaz de detectar olores, enviarlos por internet y reproducir fragancias a distancia. El prototipo, presentado en la revista Science Advances, reconoce cinco aromas cotidianos —café, cerveza, vino tinto, naranja y torta— y busca abrir la puerta a una nueva forma de comunicación sensorial que permita compartir experiencias olfativas más allá de la presencia física.
El objetivo del desarrollo es sumar el sentido del olfato al mundo digital. Hasta hoy solo se pueden compartir fotos, sonidos y videos en línea, pero todavía resulta difícil transmitir aromas. Con esta tecnología, los investigadores buscan superar esa limitación y abrir la posibilidad de que las comunicaciones incluyan también experiencias olfativas.
¿Cómo funciona la nariz electrónica con IA y para qué sirve?
Scentronic es un prototipo que busca sumar el olfato al mundo digital y combina sensores electrónicos, inteligencia artificial y un sistema de emisión de fragancias para detectar y reproducir olores a distancia.
Su funcionamiento arranca con una "nariz artificial" que analiza el aire mediante seis sensores. Los datos se procesan con un algoritmo de aprendizaje automático entrenado para reconocer patrones de aromas como café, cerveza, vino tinto, naranja y torta.
Existen varios tipos de humidificadores en el mercado, cada uno con características y ventajas específicas.
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Cuando identifica un olor, envía una señal digital por internet a un dispositivo receptor. Ese aparato libera la fragancia correspondiente desde pequeños depósitos con líquidos aromáticos, transformados en diminutas gotas que se dispersan en el aire.
Los posibles usos van desde experiencias inmersivas en realidad virtual hasta videollamadas con aromas o pruebas médicas a distancia. No obstante, por ahora el prototipo tiene limitaciones: solo reconoce cinco olores cotidianos, necesita contar con las fragancias previamente cargadas y no logra reproducir con exactitud la compleja composición química de cada aroma.