María del Refugio sufrió problemas visuales durante seis años, que comenzaron con cataratas en ambos ojos.
Se sometió a una cirugía con la expectativa de mejorar su visión, pero la recuperación no fue satisfactoria.
Tras la operación, empezó a ver borroso a distancia y a padecer dolores de cabeza constantes. Durante meses, los médicos no detectaron la causa real de sus síntomas.
Finalmente, fue diagnosticada con glaucoma, una enfermedad que afecta el nervio óptico.
El caso de una persona que comenzó a sufrir visión borrosa y dolores de cabeza persistentes encendió una señal de alerta luego de que múltiples consultas médicas no lograran dar con una causa clara. Los síntomas, que en un principio parecían compatibles con estrés, migrañas o cansancio visual, se intensificaron con el paso de los días y empezaron a interferir con la rutina diaria.
A pesar de realizarse estudios habituales y controles oftalmológicos de rutina, los resultados no ofrecían respuestas concluyentes. Finalmente, tras profundizar en nuevos estudios y evaluaciones más específicas, los médicos lograron identificar un diagnóstico inesperado.
Cuál fue el diagnóstico de la mujer que veía borroso y tenía mucha migraña
Ojos
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Durante más de seis años, María del Refugio convivió con serios problemas de visión que comenzaron con la aparición de cataratas en ambos ojos, una condición que la llevó a someterse a una intervención quirúrgica. No obstante, el resultado no fue el esperado: pocos meses después de la operación, empezó a notar que su vista se nublaba cada vez que intentaba enfocar objetos ubicados a más de tres metros de distancia. A ese síntoma se sumaron fuertes y reiterados dolores de cabeza, que empeoraban con el paso del tiempo.
A pesar de sus reiteradas consultas médicas, las respuestas no llegaban. “Veía todo borroso y me dolía la cabeza, era glaucoma, pero la doctora me decía que no tenía nada”, relató. María confiaba en que la cirugía de cataratas mejoraría su calidad de vida, pero el diagnóstico de glaucoma terminó cambiando por completo el panorama. Especialistas explican que, en algunos casos, las cataratas pueden aumentar la presión intraocular y favorecer el desarrollo de esta enfermedad al bloquear el drenaje del humor acuoso dentro del ojo.
Ante la falta de respuestas, María del Refugio recorrió distintos centros de salud hasta lograr un diagnóstico certero. Sin embargo, el proceso fue complejo y costoso: “En la clínica familiar siempre me decían que no tenía nada o me daban turnos para muchos meses después. Por eso busqué atención en varios hospitales, pero para atender mis ojos tuve que dejar el tratamiento de mis dientes; no me alcanzaba, era una cosa o la otra”, explicó.
Actualmente, no es candidata a una cirugía láser para reducir la presión sobre el nervio óptico, por lo que su único tratamiento consiste en gotas que compra con el dinero de su pensión.
El glaucoma es una enfermedad que daña el nervio óptico y provoca una pérdida progresiva del campo visual, que puede avanzar hasta la ceguera si no se detecta a tiempo. Según el oftalmólogo Félix Gil Carrasco, profesor de la UNAM, el aumento de la presión intraocular reduce gradualmente el ángulo de visión y puede generar un deterioro severo de la vista. La Organización Mundial de la Salud advierte que el glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo y afecta actualmente a unos 4,5 millones de personas.