Una argentina reveló cómo es vivir en el país más seguro del mundo

La historia invita a reflexionar sobre los modelos de seguridad, la educación cívica y el rol del Estado en la prevención del delito.

  • Una argentina que vive en Reikiavik cuenta que en Islandia la mayor preocupación es el clima, no la inseguridad.
  • En invierno hay frío extremo, vientos muy fuertes, nieve y temperaturas bajo cero en algunas zonas.
  • No hay casi personas en situación de calle ni delitos como los motochorros, y el Estado asiste a los más vulnerables. Es un país ordenado, con fuerte cultura de reciclaje y al que conviene emigrar solo con respaldo económico.
  • Se puede salir a cualquier hora sin miedo y la policía suele patrullar sin armas de fuego, priorizando el diálogo.

Vivir en el país considerado el más seguro del mundo es una experiencia que despierta curiosidad en millones de personas, especialmente cuando quien lo cuenta es una argentina que decidió mudarse y empezar de cero. A través de su testimonio, la joven describió cómo es el día a día en una sociedad donde la seguridad se vive de una manera muy distinta a la de gran parte de América Latina. Una de sus frases más llamativas, al asegurar que “los policías no usan las armas”, rápidamente generó impacto y abrió el debate en redes sociales.

El relato pone en foco no solo las diferencias culturales, sino también la forma en que funciona el sistema de seguridad, la convivencia en el espacio público y el nivel de confianza entre los ciudadanos. Según explicó, hay hábitos cotidianos que para muchos resultan impensados, como dejar objetos personales sin vigilancia o caminar de noche sin miedo, y que en ese país forman parte de la rutina.

Qué dijo la argentina que vive en Islandia, el país más seguro del mundo

-Islandia bandera

Carla Inés Valvo, una argentina radicada en Reikiavik desde hace seis años, compartió cómo es su vida en lo que muchos consideran el país más seguro del mundo.

Al comparar con la rutina en la Argentina donde es costumbre estar atento a los robos, cuidar la cartera o el celular, explicó que en Islandia las preocupaciones son muy distintas. “Acá el riesgo no tiene que ver con la inseguridad, sino con el clima”, resumió, y contó que en invierno el viento es tan intenso que puede hacerte perder un vaso de café, un guante o un gorro, pero no existe el arrebato callejero.

El invierno islandés es duro: las temperaturas rondan los 0°C, aunque la sensación térmica es mucho más baja por los vientos persistentes, con ráfagas que superan los 100 km/h, nieve y lluvias frecuentes entre octubre y marzo, y mínimas que en algunas zonas pueden llegar a los -10°C. En ese contexto, explicó que prácticamente no hay motochorros porque es casi imposible circular en moto con nieve, ni personas viviendo en la calle, ya que el frío extremo lo haría inviable. Además, destacó que el Estado tiene una fuerte presencia social y asiste a los más vulnerables, como refugiados o personas con adicciones, garantizándoles techo y comida.

Según su relato, las calles limpias y ordenadas reflejan una sociedad donde el reciclaje es una norma y la pobreza es poco visible. También aclaró que Islandia no es un destino al que se pueda llegar sin planificación: “No es un país para venir con una mochila y probar suerte; hay que contar con respaldo económico”, señaló, en contraste con otros países europeos más abiertos a la inmigración.

La diferencia con la realidad argentina, dijo, es enorme: “Acá podés salir a cualquier hora y no pasa nada, no tengo miedo de andar sola de noche”. Incluso la policía funciona de otra manera: los agentes suelen patrullar sin armas de fuego, solo con porras y gas pimienta, y su principal herramienta para resolver conflictos es el diálogo. “Su presencia es más bien simbólica, concluyó.