Emotivo homenaje a Carlos Jáuregui y Mocha Celis en la Legislatura porteña: "El orgullo al poder, el odio al carajo"

Referentes de la comunidad LGBTIQ+ recordaron a dos figuras fundamentales de la lucha por la diversidad sexual en Argentina y destacaron el legado que dejaron en materia de derechos, visibilidad, organización y acceso a la educación.

A 30 años de los fallecimientos de Carlos Jáuregui y Mocha Celis, la Legislatura porteña realizó este miércoles un homenaje para recordar a dos referentes históricos e ineludibles del movimiento LGBTIQ+ en Argentina. El encuentro se realizó desde las 17 en el Salón Montevideo, bajo la consigna "30 años de legado. 15 años haciendo escuela".

La jornada buscó vincular la memoria de quienes abrieron camino en la lucha por los derechos de la diversidad sexual con las experiencias que continúan ese recorrido en el presente. En ese marco, uno de los momentos centrales fue la entrega de una distinción al Bachillerato Popular Travesti, Trans y No Binario Mocha Celis, que cumplió 15 años de trayectoria.

El homenaje fue organizado por la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo – Línea Histórica (COMOLH) y el Frente Orgullo y Lucha, y contó con la presencia de legisladoras y legisladores de distintos bloques. También participaron referentes de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), 100% Diversidad y Derechos, la Asociación Civil Mocha Celis y Afros LGBT, además de compañeras, compañeros y amistades de los dos activistas.

Carlos Jáuregui fue uno de los principales referentes del movimiento homosexual argentino durante los primeros años de la democracia. Fue el primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, organización desde la que impulsó la visibilidad pública de una comunidad que durante años había sido empujada al silencio, y posteriormente creó Gays por los Derechos Civiles.

Integrantes de la CHA durante el homenaje a Carlos Jáuregui y Mocha Celis.

Integrantes de la CHA durante el homenaje a Carlos Jáuregui y Mocha Celis.

Su militancia marcó un antes y un después, principalmente, por poner el cuerpo para convertir la visibilidad en una herramienta política. En 1992 encabezó la primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico de Buenos Aires, un hecho que marcó un punto de inflexión para el movimiento de la diversidad sexual en el país.

Mocha Celis, en tanto, fue una mujer travesti nacida en Tucumán en 1963 que migró a Buenos Aires y atravesó la exclusión educativa, la precariedad y la persecución policial. Su vida estuvo marcada por las dificultades que enfrentaba la comunidad travesti en aquellos años y murió asesinada a disparos por efectivos policiales en un episodio que nunca terminó de esclarecerse.

Su nombre se convirtió años después en símbolo de una lucha vinculada con la educación y el acceso a derechos. En 2011 se fundó en Buenos Aires el Bachillerato Popular Travesti, Trans y No Binario Mocha Celis, una experiencia educativa que tomó su nombre como bandera y que este miércoles fue reconocida por la Legislatura al cumplirse 15 años de su creación.

La jornada incluyó además la proyección de materiales audiovisuales sobre las trayectorias de ambos referentes y distintos testimonios destinados a recuperar sus historias desde la mirada de quienes compartieron espacios de militancia, amistad y organización con ellos.

Carlos Jáuregui: "poner el cuerpo" como herramienta para romper el silencio

Carlos Jáuregui nació en La Plata en 1957 y fue profesor de Historia y escritor antes de convertirse en una de las figuras centrales del movimiento por los derechos de la diversidad sexual en Argentina. Tras el regreso de la democracia, y con la confirmación de que los edictos policiales de la dictadura no habían claudicado, asumió como primer presidente de la CHA y convirtió la visibilidad pública en una de las principales herramientas de su militancia.

Una de las imágenes que mejor representa aquella etapa ocurrió en 1984, cuando apareció públicamente con su rostro descubierto y su nombre real junto a otro activista, Raúl Soria, en la portada de la revista Siete Días, con "El riesgo de ser homosexual en la Argentina" como título. En una sociedad atravesada todavía por fuertes prejuicios, aquella decisión implicaba desafiar el silencio y la vergüenza que pesaban sobre las personas de la comunidad LGBTIQ+.

Carlos Jáuregui, pionero en la construcción de comunidad y los derechos para las personas LGBTIQ+ en Argentina.

Carlos Jáuregui, pionero en la construcción de comunidad y los derechos para las personas LGBTIQ+ en Argentina.

Jáuregui también fundó Gays por los Derechos Civiles en 1991 y al año siguiente encabezó la primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico de Buenos Aires. Su trayectoria quedó asociada así no solamente a la organización de la comunidad, sino también a la incorporación de sus reclamos en la agenda pública y política.

En diálogo con C5N, Martín Canevaro, vicepresidente de la asociación 100% Diversidad y Derechos, enumeró las "tres dimensiones" que componen el legado de Jáuregui: "El activismo de Carlos logró sacar a la comunidad LGBT del lugar de la estigmatización, del discurso del peligro, de la sección de policiales, del escándalo y la frivolidad, para ponerlo en la agenda política y de los derechos humanos".

Sobre la construcción de una identidad compartida, Canevaro afirmó: "El segundo gran legado tiene que ver con haber construido la noción de la comunidad LGBT. Un concepto que reúne a nuestras identidades, pero las trasciende en un sentido de comunidad que tiene la potencia de reconocerse como parte de la sociedad y de la diversidad de la sexualidad humana".

Finalmente, resaltó su capacidad de articulación política con diversos sectores sociales como el tercer pilar: "El Carlos político, articulador con el movimiento estudiantil, sindical y de derechos humanos, tuvo su principal logro con la inclusión en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires del artículo 11, que reconoció por primera vez en la historia el derecho a ser diferente".

Al reflexionar sobre el trabajo colectivo, María Laura Olivier, secretaria de la CHA, destacó a C5N la importancia de formar una comunidad que forjó Jáuregui junto a César Cigliutti, otro de los formadores de militancia y derechos: "Lo más importante que nos dejó Carlos es trabajar en conjunto defendiendo derechos tomados de la mano. Nos rescatamos de los gases, nos reconocemos y nos protegemos en las marchas. El gran legado es seguir juntos".

Sobre la responsabilidad en la coyuntura actual, la activista instó a la acción transformadora: "La responsabilidad que nos dejaron es no victimizarnos, sino engrandecernos sabiendo que hacemos las cosas para otros. Que hoy un pibe no entienda que antes no existía el matrimonio igualitario significa que hicimos las cosas bien". Olivier cerró con una contundente frase: "El orgullo al poder, el odio al carajo".

Mocha Celis: una historia atravesada por la exclusión que se convirtió en educación

Mocha Celis nació en Tucumán en 1963 y llegó a Buenos Aires, donde atravesó las condiciones de exclusión que afectaban particularmente a las personas travestis. La falta de acceso a la educación formal, la precariedad y la persecución policial formaron parte de su vida cotidiana, en un contexto en el que la comunidad travesti encontraba enormes obstáculos para acceder a derechos básicos.

Durante sus detenciones, Mocha compartía el encierro con otras activistas, entre ellas Lohana Berkins, quienes comenzaron a enseñarle a leer y escribir. Ese dato permite entender una dimensión central de su historia: la educación que le había sido negada durante su vida terminó convirtiéndose, años después de su muerte, en uno de los principales ejes de su legado.

Mocha Celis fue una activista trans afrodescendiente.

Mocha Celis fue una activista trans afrodescendiente.

Mocha fue asesinada a disparos por efectivos policiales en un episodio que nunca terminó de esclarecerse y por el cual la comunidad mantiene su reclamo de justicia. Su historia, sin embargo, no quedó limitada a aquel crimen: en 2011, un grupo de activistas creó en Buenos Aires el Bachillerato Popular Travesti, Trans y No Binario que lleva su nombre y convirtió su memoria en una herramienta concreta para ampliar el acceso a la educación.

En ese marco, Virginia Silveira, presidenta de la institución, recordó el espíritu de la activista: "Mocha inspiraba alegría, crecimiento y construcción colectiva, intentando abrazar a otras dentro de su fragilidad para encontrar fortaleza. La Policía pensó que al matarla la perdíamos, pero nos despertó a todas las 'Mochas' que tenemos dentro para poder construir todo esto".

Sobre el impacto que perdura en la institución y en las aulas que sostienen su nombre, Silveira concluyó: "La construcción colectiva es pensar en el otro siempre desde nuestra propia fragilidad. Mocha nos dio la fortaleza para poder seguir creciendo, ella fue la semilla y eso en el bachillerato se nota mucho".

Por su parte, Guadalupe Tagliaferri, legisladora porteña y una de las coordinadoras del homenaje, resaltó el valor de la sede legislativa para este tipo de reconocimientos: "La Legislatura es un espacio democrático donde estamos representadas todas las voces de la ciudad, por lo cual nos parece fundamental hacerlo acá".

Finalmente, Tagliaferri subrayó el trasfondo político del acto y la vigencia del reclamo: "Nos parece sumamente importante reconocer el coraje y la visibilidad en el respeto a los derechos humanos y a las diversidades, banderas que hoy en día hacen tanta falta". En tanto, finalizado el acto, se realizaron proyecciones de recordadas frases de Carlos Jáuregui en la esquina de las calles 9 de Julio y México.

"Orgullo y lucha", una de las proyecciones que se realizaron en 9 de Julio y México, en CABA.