Favio Barreto, portero del colegio donde asesinaron a Ian Cabrera en Santa Fe que redujo al agresor, brindó detalles sobre cómo fue el momento en el que el adolescente le quitó la vida a su compañero.
Favio fue el hombre que logró reducir al agresor, después de que este haya salido disparando desde el baño a pocos minutos de comenzar la jornada del turno mañana. "No sé de dónde saqué las fuerzas. Si lo dejábamos con el arma, iba a hacer desastres", advirtió.
Favio Barreto, portero del colegio donde asesinaron a Ian Cabrera en Santa Fe que redujo al agresor, brindó detalles sobre cómo fue el momento en el que el adolescente le quitó la vida a su compañero.
“Yo estaba al frente, lo vi, le encaré, lo reduje y le saqué el arma. Hice lo que pude hacer”, expresó Barreto, aún visiblemente impactado por lo sucedido. Según su testimonio, todo ocurrió en cuestión de segundos. “Yo estaba al frente de la escuela ordenando las bicicletas. Cuando escucho el disparo, salgo para adentro, mientras todos salían para la calle”, recordó.
En la misma línea, Barreto pasó a describir la secuencia del ataque dentro del establecimiento: “En el baño hay un impacto de municiones al salir de la puerta. Cuando sale al pasillo, carga y vuelve a cargar de nuevo. Los alumnos salen y yo lo veo e intento sacarle el arma”.
En ese momento, Barreto se enfrentó directamente con el agresor. “Cuando me ve a mí que entro, sale corriendo con el arma apuntando, pero no alcanza a gatillar. ‘¿Qué hacés?’, le dije… Dice que estaba desorientado y me contó lo que hizo el fin de semana”, relató en diálogo con A24.
De acuerdo a la reconstrucción, la víctima había ido al baño antes del ataque. “Preguntó dónde estaba el baño, Ian se fue al baño”, indicó. Luego, Karina —esposa de Barreto— aportó más detalles de la secuencia y contó que el agresor se cruzó con el adolescente lamentablemente por casualidad.
“El primer disparo le da en el brazo. Lo ven saliendo agarrándose el brazo y apenas él sale, el agresor le pega otro tiro. Ian queda en el piso. Recarga y sale a tirar al patio, a quemarropa porque estaban muy cerca. Le apuntó, cayó boca arriba por el impacto y quedó inconsciente”, reconstruyó.
Tras el ataque, el agresor continuó deambulando por la escuela. “Sale a hacer la recorrida desorientado. Vi a los alumnos corriendo del portón”, contó Barreto, quien tomó la decisión de intervenir pese al riesgo.
“No sé de dónde saqué las fuerzas y pensé en los demás chicos: si lo dejábamos con el arma, iba a hacer desastres”, aseguró. Finalmente, logró reducirlo en un momento clave. “El nene se asustó y salió corriendo, pero después me apuntó y no le di tiempo a tirar ni a gatillar. Lo reduje y le saqué el arma”, concluyó.
El Congreso aprobó el nuevo Régimen Penal Juvenil, que baja la edad de punibilidad a 14 años y el Gobierno la promulgó el 9 de marzo en el Boletín Oficial. Sin embargo, el artículo 52 de la ley establece que "entrará en vigencia a los ciento ochenta (180) días de su publicación en el Boletín Oficial". Solo transcurrieron 21.
Por lo tanto, el atacante de 15 años no es punible porque todavía rige el régimen penal anterior, que fija la edad de punibilidad en 16 años. Como al momento del delito está vigente el decreto Ley N°22.278, el menor no será condenado ni atravesará un proceso penal, sino que se le aplicará alguna medida de seguridad.
De haber estado vigente el nuevo Régimen Penal Juvenil, la Justicia lo podría haber condenado a 15 años de cárcel, como máximo y sin posibilidad de perpetua. Comenzaría a cumplir la condena en un centro especializado de detención juvenil, con programas de revinculación, hasta que alcance la mayoría de edad, momento en el que se evaluaría su traslado a una unidad del servicio penitenciario común.
Aún así, el Poder Judicial todavía debe determinar de dónde sacó el arma el adolescente y, si fue proporcionada por un adulto, el nivel de responsabilidad penal del mismo sobre le delito. La nueva ley también exigiría una investigación multidimensional del entorno del menor imputado para entender la raíz de su violencia.
El agresor era alumno de la Escuela N°40 Mariano Moreno de San Cristóbal y, según las primeras reconstrucciones oficiales, no presentaba señales previas que permitieran anticipar el desenlace. Así lo aseguró el secretario de Gobierno municipal, Ramiro Muñoz, quien descartó que hubiera indicios de conflicto o conductas problemáticas.
“No se podían haber evitado porque no había presunción. Era un buen alumno y no tenía problemas de conducta. La mamá es docente y el padre es comerciante”, explicó el funcionario en diálogo con C5N, trazando un perfil que contrasta con la violencia del hecho.
El ataque ocurrió cerca de las 7:15, cuando los estudiantes aguardaban el inicio de la jornada escolar. El joven ingresó con una escopeta escondida en un estuche de guitarra y, ya dentro del edificio, comenzó a disparar.
El testimonio de Axel, amigo de la víctima y compañero de básquet del agresor, aporta otra dimensión al perfil del tirador: la de un adolescente integrado socialmente y sin señales visibles de violencia.
“Se lo veía tranquilo. Era amable, gracioso, buena onda. No se mostraba violento. Siempre se lo veía feliz, alegre”, relató en diálogo con C5N. Según su reconstrucción, el ataque comenzó en los baños del sector superior del colegio: “Fue primero a los baños en la parte alta. Ahí se encontró con la víctima y le disparó. Disparó cuatro veces”.
Axel también describió el desconcierto generalizado que provocó la situación: “Nos agarró a todos de sorpresa. Yo jugaba al básquet con él, éramos amigos y era un chico que nada que ver con lo que pasó hoy”.
En medio del shock, el joven intentó encontrar alguna explicación posible: “Pienso que pudo haber sufrido bullying de parte de los compañeros o algo en la casa no estaba bien. Si le pasaba algo lo ocultaba bien y no lo demostraba”.
Y agregó un dato estremecedor sobre la secuencia del ataque: “Muchos dicen que salió del baño gritando ‘sorpresa’. Fue a matar a todos. Disparaba a cualquiera y al que le pegaba, le pegaba”.